DECIMOPRIMERA ESTACIÓN: JESÚS PROMETE SU REINO AL BUEN LADRÓN

Lector: “Pero el otro el increpaba diciendo: ¿Ni siquiera temes a tú Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada”.
Y decía: “Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.”
Jesús el respondió:”Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.” (Lc. 23,39-43)

Comentario:


- Señor, Tú eres sorprendente. Eres imprevisible. Estás muriendo y sigues mirando en torno tuyo. Estas muriendo y sigues escuchando las voces que gritan a ti. Estás muriendo y sigues repartiendo gracia, salvación y amor.
- Señor, ¿me vas a decir cuándo tienes tiempo para pensar en Ti? Te veo, te escucho y no lo creo. Porque nosotros estamos tan acostumbrados a no tener tiempo para nadie...

No tenemos tiempo para el hijo que viene a hablarnos de sus problemas. No tenemos tiempo para escucharnos como esposos. No tenemos tiempo para escuchar al anciano que tiene por compañía su propia soledad. Nosotros no tenemos tiempo nunca... Ni sanos y menos enfermos. No tenemos tiempo cuando estamos sanos porque tenemos tantas cosas que hacer... No tenemos tiempo cuando estamos enfermos porque entonces bastante tenemos con nuestro dolor... Pero tú sigues teniendo tiempo para mí, incluso colgado de la cruz.

- Señor, me encanta tu vida porque nunca has tenido prisa con los hombres. Tus únicas prisas consisten en abrir a los hombres a la esperanza. Tu compañero de cruz te pide un recuerdo para él cuando llegues a tu reino.... No te urge. El sabe esperar, pero Tú no puedes esperar en tu respuesta: ”Hoy. Hoy mismo estarás conmigo en el paraíso.”

- Señor: que casi lo metes al cielo antes de que tu llegues... ¿No te parece que todo marcha demasiado rápido? Ya entiendo, el egoísmo nunca tiene prisas para los demás. El amor vive de las prisas cuando se trata de los demás. Gracias, Señor por tus prisas en amarme.


 

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