Domingo, 21 de diciembre del 2025
Y tú, ¿cómo te llamas?

En el misterio de la preparación a la Navidad hay un detalle que quisiera no pasase desapercibido. Se trata de algo que en nuestros tiempos pareciera tener escaso valor. A José se le pide y se le exige poner nombre al Niño de la Navidad. “Y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de los pecados”.
En la historia de la salvación poner nombre no es algo baladí. Ya en la creación misma, no es Dios quien pone nombre, sino que delega al hombre para que “ponga nombre a las cosas”.
Luego, cada vez que Dios quiere destinar a alguien a una misión especial, le cambia de nombre y le pone uno que revele y ponga de manifiesto la misión que se le encomienda o el sentido mismo de su personalidad. A las grandes personalidades del Antiguo Testamento se les cambia de nombre, aún en el Nuevo, se sigue este mismo criterio o mentalidad. “Tú eres Simón. Desde ahora te llamarás Pedro”.
En el Bautismo lo primero que se pregunta a los padres es: “¿Qué nombres habéis puesto a vuestro hijo, a vuestra hija?” Por ese nombre como que cada uno se sitúa en la misión que el Señor nos confía en la Iglesia.
En la Vida Religiosa, en el Noviciado y para hacer nuestra Profesión, también se nos cambiaba de nombre. Cada uno escogía aquel nombre con el que queríamos se nos identificase en nuestra vocación de consagrados en la Iglesia. Personalmente cambié el mío de Antonio por el de Clemente.
¿Con qué criterio ponéis nombre hoy a vuestros hijos? ¿Un nombre que lo identifique en la Iglesia? ¿O un nombre que lo identifique con éste o aquel cantante, éste o aquel personaje famoso? Es decir, preferimos identificar a nuestros hijos con alguien de la farándula que no identificarlo bautismalmente en su misión de fe en la Iglesia y en el mundo.
Fue José quien le puso por nombre “Jesús” porque eso significa el nombre Jesús: “Salvará a su pueblo de sus pecados”. Jesús queda marcado en su misión por su mismo nombre. No es un nombre de casualidad. Es el nombre que revela y dice cual ha de ser su quehacer durante su vida. ¿Sabes cuál es tu misión y tu identidad en la Iglesia? ¿Lo descubrirías recordando tu nombre?
Cena de Nochebuena

No puede ser una cena cualquiera, tiene que ser navideña. Ambiéntese el local con la cuna y el Niño.
El papá o la mamá presentan al Niño a los comensales antes de sentarse a la mesa y todos lo besan. La misma mamá o papá bendicen con el Niño a todos. Pueden decir: “Que la bendición que Dios nos regala en este Niño sea, en esta noche, bendición y abrazo de Dios para todos nosotros”.
Sería bueno que en torno a la mesa haya una silla o dos vacías. Se puede poner en ellas un letrerito: “Reservada para mamá María”. “Reservada para papá José”.
¿Podríamos invitar a esta Cena a alguien que no conocemos, algún pobre o alguien del barrio que sabemos está solo esa noche?
En todo caso, ¿podríamos compartir nuestra cena, enviando una parte a algún conocido o vecino que sabemos vive condiciones difíciles y de carencia?
No se trata de hacer cosas raras, sino de vivir el recuerdo de María y José que, esa noche no encontraron posada en Belén y tuvieron que refugiarse en un establo de animales.
De mi parte, recordad que a media noche, os regalaré a todas las familias mi bendición navideña deseándoos a todas una feliz Noche en la que vuestro corazón sienta la alegría del “Dios con nosotros”. ¡FELIZ NOCHEBUENA!
Es Navidad

Cada vez que nos miramos y nos saludamos con la sonrisa del alma: es Navidad.
Cada vez que nos agarramos de la mano y nos deseamos bendiciones: es Navidad.
Cada vez que nos decimos una palabra de aliento en nuestras penas: es Navidad.
Cada vez que nos abrimos a la Palabra de Dios: es Navidad.
Cada vez que nos sentimos acogidos por Dios: es Navidad.
Cada vez que despertamos una ilusión en los otros: es Navidad.
Cada vez que hacemos sentir importantes a los demás: es Navidad.
Cada vez que abrimos nuestra puerta al hermano: es Navidad.
Cada vez que ofrecemos nuestra mesa al hermano: es Navidad.
Cada vez que sentimos la novedad de Dios en nosotros: es Navidad.
Cada vez que descubrimos a Dios en los necesitados: es Navidad.
Cada vez que abrimos nuestro corazón al débil: es Navidad.
Cada vez que descubrimos a Dios en el hombre: es Navidad.
Cada vez que reconocemos a Dios encarnado en el hombre: es Navidad.
Cada vez que nuestro corazón canta de gozo la presencia de Dios: es Navidad.
La primera Navidad aconteció en Belén.
La Navidad de este año acontece en nuestra casa.
La primera Navidad tuvo dos testigos.
La Navidad de este año tiene como testigo a mi familia.
¡Señor, tú con María y José fuiste la primera Navidad!
¡Señor, sé este año Navidad con todos nosotros!
(Guárdalo y léelo en la noche de Navidad)
Navidad en tu corazón




