“Si conocieras el don de Dios…”
Proclamamos el Santo Evangelio según san Mateo 4,5-4, forma breve:
En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el pozo de Jacob.
Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al pozo. Era alrededor del mediodía.
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: “Dame de beber”.
Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.
La samaritana le dice: “Cómo tú, siendo judío me pides de beber a mí, que soy samaritana?”
Porque los judíos no tienen trato con los samaritanos.
Jesús le contestó: “Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva”.
La mujer le dice: “Señor, ni siquiera tienes con qué sacar agua, y el pozo es muy hondo, ¿de dónde sacar esa agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?”
Jesús le contestó: “El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un manantial que brota hasta la vida eterna”.
La mujer le dice: “Señor, dame de esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto a Dios en este monte, pero ustedes los judíos dicen que el lugar donde se debe dar culto está en Jerusalén”.
Jesús le dice: “Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén darán ustedes culto al padre. Ustedes dan culto a uno que no conoces; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que lo que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque el Padre desea que le den culto así. Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad”.
La mujer le dice: “Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo”.
Jesús le dice: “Soy yo, el que habla contigo”.
En aquel pueblo muchos samaritanos creyeron él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: “Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo”.
PALABRA DE DIOS.
Palabras de Clemente:
Un texto largo, ¿verdad? Pero un relato maravilloso en el que Jesús nos habla de esa agua viva capaz de llenar nuestra sed de plenitud. Son muchos los rasgos que habría que destacar en este texto. Tendremos que reducirlos brevemente solo a algunos cuantos.
En primer lugar, aparece un criterio de pastoral que no debiéramos olvidar.
En segundo lugar, Jesús presenta la salvación para todos, para Él no hay fronteras ni entre judíos y samaritanos, ni entre hombres y mujeres.
En tercer lugar, Jesús es consciente de tener algo que ofrecernos capaz de llenar nuestra sed de plenitud y felicidad.
En cuarto lugar, una mujer de mala reputación y mala fama se convierte en el profeta que anuncia al Mesías a su pueblo.
Un texto que es preciso leer no con las resistencias de esta mujer, sino con un corazón abierto a la gracia del Señor. Cada uno debiera preguntarse en qué pozos estamos buscando el agua para apagar nuestra sed. Es posible que estemos bebiendo demasiado y nuestra sed siga siendo la misma.
Porque, a decir verdad, todos llevamos un alma de samaritana. Todos tenemos sed, unos sed de tener más, otros sed de paz, otros sed de felicidad… El hombre es un ser sediento. El problema está en qué agua estamos bebiendo cada uno.

1.- Un relato bien curioso con un Jesús que conocía bien a las mujeres, ¿no le parece?
RESPUESTA: Yo más bien diría, un Jesús que conoce demasiado bien el corazón humano.
2.- Pero no me dirá que aquí no sabe torear estupendamente a esta mujer un tanto tiesa y engreída.
RESPUESTA: Es ahí donde Jesús nos demuestra una de las líneas fundamentales que debiera animar toda pastoral y que tendría que servirnos a todos como un manera de anunciar y proclamar el Evangelio.
3.- Usted proponía en su breve presentación que aquí Jesús nos daba las líneas de una buena y eficaz pastoral. ¿En qué consistirían estos rasgos pastorales a los que usted hacía referencia?
RESPUESTA: Aparece toda una serie de rasgos que pudiéramos reducir a los siguientes. En primer lugar, Dios nunca se nos presenta como el autosuficiente que lo sabe todo, lo puede todo, sino sencillamente sentado junto al pozo y Él mismo necesitado de que alguien le ofrezca un vaso de agua para su sed. El segundo rasgo, fundamental, Jesús no comienza por ofrecer ideas, sino por meterse en nuestro corazón y hacernos sentir nuestros propios vacíos. Tercero, Jesús conoce el corazón curioso de la mujer, por eso le va despertando la curiosidad. Finalmente, Jesús la va llevando progresivamente hasta que ella misma baja sus resistencias y termina pidiendo también ella esa nueva agua.
4.- Desde luego llama la atención la delicadeza de Jesús, sentado y haciéndose el pobre que pide agua.
RESPUESTA: Es el primer paso de todo aquel que quiera hablar de Dios, presentarse no como el que ya lo tiene todo, sino como alguien que también él anda buscando. Nosotros damos la impresión de que ya somos dueños de la verdad cuando, en realidad, todos somos peregrinos que la buscamos.
5.- ¿Por qué dice usted que Jesús no comienza por ideas sino por meterse primero en nuestro corazón haciéndolos sentir vacíos?
RESPUESTA: Si te das cuenta, Jesús lo primero que hace es romper los prejuicios de esta mujer, que no son pocos. La mejor manera es hacerla sentir a ella misma sus propias necesidades, su propia sed, sus propios vacíos.
6.- Usted decía algo que me ha dejado preocupado. Decía que utilizó la sicología femenina de la curiosidad.
RESPUESTA: ¿No te das cuenta de cómo Jesús no entra en el juego de ella que se hace la fuerte, la dueña del agua, la dueña del balde y como tal lo deja a Él como el impotente para sacar el agua? Jesús le va abriendo caminos hablando de otra agua, un agua mucho mejor… La mujer cae en la curiosidad de conocer esa agua. ¡Qué estupenda pedagogía!
7.- ¿Por qué estupenda pedagogía?
RESPUESTA: El primer paso para buscar algo es crear la curiosidad, la inquietud y la inseguridad personal. Es por ese camino que Jesús, la va desnudando por dentro, hasta que ella misma se siente como puesta al descubierto. A eso le llamo yo apetito de saber, de conocer. Cuando uno siente esa curiosidad cambia de actitud y comienza a buscar.
8.- Otros comenzarían por acusarla, por amenazarla con el infierno y la condenación eterna, mientras Jesús simplemente le despierta la sed del corazón.
RESPUESTA: Ese es el estilo de Dios. Ofrecer no condenar. Respetar la libertad de cada uno y no imponerse por la fuerza y la violencia. Que sea cada uno quien va haciendo su propio camino y lo va haciendo a gusto, como quien busca algo.
9.- Padre usted hacía alusión a que Jesús ofrece una Salvación universal a todos, sin excepción de personas.
RESPUESTA: La primer actitud de la mujer es su extrañeza de que siendo Él judío hable con una mujer samaritana, para Jesús no existe clasismos, ni de raza ni de religión, ni de género, ni siquiera de buenos y malos. Hasta los discípulos se sintieron extrañados a verlo hablar con una mujer.
10.- Y una mujer que parecía una buena pieza…
RESPUESTA: La mujer de los seis maridos, pero ¿no notas la delicadeza de Jesús? “Tráeme a tu marido…” y cuando ella le dice que no tiene marido, Jesús con una sonrisa le descubre toda la verdad de su vida…. “Tienes razón, has tenido cinco” y el que tienes ahora tampoco es tuyo, es un marido robado por ahí a otra… Pero todo lo hace con tal delicadeza que no la ofende. Al contrario, le va abriendo el corazón.

11.- Leyendo el texto uno siente que la va ablandando poquito a poco.
RESPUESTA: Es la acción de la gracia que haciendo su efecto hasta que le abre los ojos y el corazón. Dios no es violento. Dios nos va ganando poco a poco hasta que nos entregamos plenamente a Él. Pueden darse conversiones violentas, pero lo normal es una conversión progresiva.
12.- Usted insistía en este proceso, ¿a qué se refería?
RESPUESTA: Fíjate, primero la mujer ve a Jesús como un judío, incluso como un enemigo de los samaritanos. Luego baja el tono y ya lo llama Señor. En un tercer momento, ya lo ve como un profeta. Finalmente, Jesús se le revela como el Mesías.
13.- Cristo tenía paciencia…
RESPUESTA: La misma que sigue teniendo contigo y conmigo, se nos va revelando poco a poco y deja que nuestro corazón y nuestras decisiones se vayan madurando poco a poco. Por eso nunca podemos perder la esperanza; incluso si hoy sentimos profundas resistencias a la gracia, Dios nos sigue esperando y sin prisas.
14.- ¿Quiere decir que la conversión es un proceso mediante el cual vamos descubriendo el rostro de Dios en nosotros?
RESPUESTA: La conversión es todo un proceso, en primer lugar, de ir quitando los obstáculos que son nuestras resistencias. Luego a Dios también lo vamos descubriendo de a poco, hasta que un día se ilumina nuestro corazón, le abrimos las puertas y nos llenamos de Él.
15.- Pero la conversión de la samaritana pareciera que recibió el golpe de gracia cuando se sintió totalmente descubierta por dentro.
RESPUESTA: La conversión implica un doble proceso. Por una parte, nos vamos conociendo mejor a nosotros mismos a la luz de la gracia y, por la otra, también vamos haciendo el proceso de reconocer cada vez mejor el valor y el sentido de la gracia y de Dios.
16.- Padre, usted dijo algo bien interesante. Una mujer de mala reputación se convierte en la que lleva el mensaje del Mesías a su pueblo.
RESPUESTA: Dios se sirve de todos. Hasta una mujer con cinco maridos porque el sexto tampoco le pertenecía, cuando es tocada por la gracia se hace portadora de la buena noticia del Evangelio.
17.- Sin embargo, el argumento que utiliza es curioso “me ha dicho toda mi vida”.
RESPUESTA: Su experiencia de Jesús comienza por sentirse vista por dentro, mejor diríamos que el encuentro con Jesús la hace tomar conciencia de sí misma y de su vida. Es maravilloso que Dios, que es el que mejor nos conoce por dentro, termine iluminándonos hasta tomar conciencia de nosotros.
18.- Pero ella ya conocía su vida, no hacía falta que nadie se la contase, se la sabía de memoria.
RESPUESTA: No basta conocerse a sí mismo. Hay que conocerse a la luz de los ojos de Dios. También Pedro era consciente de haber negado a Jesús, pero sólo tomó conciencia de su pecado cuando se tropezó con los ojos y la mirada misericordiosa de Jesús.
19.- ¿No siente que los samaritanos fueron poco corteses con la mujer? Terminan diciéndole que ahora creen no por lo que ella les ha dicho, sino porque ellos lo han visto.
RESPUESTA: ¡Qué bella imagen para todos cuantos anunciamos el Evangelio! A nosotros solo nos toca ser puentes, hacer que la gente se acerque a Jesús. Luego serán ellos los que tendrán que ver. No se cree por lo que les decimos.
20.- ¿De dónde tiene que nacer entonces la fe?
RESPUESTA: De un encuentro. De que cada uno termine viendo, de que cada uno termine haciendo una experiencia de Él. Lo otro es un saber sobre Jesús y la fe es un experimentarle.

21.- Díganos con sinceridad, ¿usted qué prefiere hombres sedientos o hombres que ya ni sed tienen?
RESPUESTA: Te respondo con un cuentecito muy lindo. Dicen que era un verano calurosísimo y como siempre los niños aprovechan para hacer su pequeño negocio, se pusieron a vendar agua en una estación del tren. Un Señor se asomó a la ventanilla y le preguntó a uno de los niños: ¿Cuánto vale un vaso de agua? Cincuenta centavos. Muy caro. Y el niño se marchó. El hombre lo volvió a llamar, pero el niño le respondió: “A usted no le vendo yo el agua”. “¿Por qué no me la vendes?” “Porque usted no tiene verdadera sed, de lo contrario no le parecería tan cara”. Y ahora la pregunta, ¿amigos, ustedes tienen verdadera sed de Dios o también les parece caro?
22.- Amigos, la Cuaresma es un buen momento para mirarnos por dentro y ver la sed de nuestro corazón y ver dónde saciamos esa sed. ¿Será Dios la fuente que sacia nuestra sed? ¿Será Dios quien no solo calma nuestra sed de felicidad y plenitud, sino que termina convirtiéndonos también a nosotros en manantiales?
DESPEDIDA: Bueno, amigos, todos somos unos sedientos de Dios. Todos tenemos sed de Dios, aunque muchas veces lo disimulemos. Ahí está Él sentado junto al pozo esperándonos para regalarnos su agua viva.




