Hoja Parroquial

Pascua 4 – A | Pastor y ovejas

Domingo, 26 de abril del 2026

“Él va llamando por su nombre a las ovejas”

El tema del Buen Pastor que leemos cada año en el Cuarto Domingo de Pascua es fundamental para descubrir el verdadero sentido de la Comunidad cristiana y también para marcar las líneas fundamentales de la pastoral. No se puede hablar de las ovejas sin hablar del pastor, pero tampoco se puede hablar del pastor sin hablar de las ovejas. Existe una mutua interrelación.

Por parte de las ovejas: “las ovejas atienden mi voz”; y por parte del pastor: “él va llamando por el nombre a las ovejas”, “las saca fuera”, “camina delante de ellas”, “y ellas le siguen porque conocen su voz”.

“Conocerlas por su nombre”. Esto significa vivir cerca de cada una y tratar a cada una. No se trata de verlas a todas en “rebaño”, como una especie de Sociedad Anónima. No puede haber verdadera comunión donde no hay un conocimiento personal. Y aquí me siento implicado: ¿A cuántos conozco yo por su nombre? ¿A cuantos conoce el Párroco por su nombre? ¿A cuántos conoce el Obispo por su nombre?

“Atienden mi voz”. Esto significa escucharlas, sentirlos cercano. Identificarlos por su voz. ¿Cuántos conocen la voz del Párroco? ¿Cuántos conocen la voz del Obispo?

Un verdadero problema pastoral. ¿Puede llegar el Párroco a todas sus ovejas de la Comunidad Parroquial, para poder identificarlas a todas y conocerlas y ser conocido de ellas? Tal y como están organizadas las parroquias lo veo poco menos que imposible, lo cual ya nos está cuestionando si nuestra pastoral será la verdaderamente adecuada. Una verdadera pastoral tiene que ser comunitaria, por ello la Parroquia tiene que ser una “Comunidad” porque sólo en Comunidad es posible establecer este tipo de relaciones personales. De lo contrario, corremos el peligro de que pastor y ovejas terminan siendo extraños. Un pastor al que sabemos que está ahí, pero a quien no conocemos. Unas ovejas que sabemos que pertenecen también a nuestra demarcación geográfica, pero a las que tampoco conocemos.

Esto hace sufrir al pastor. Hasta es posible que esta realidad también haga sufrir a las ovejas que se sienten extrañas en su propia Comunidad. Él porque no puede llegar a todos y ellas porque tampoco se acercan a él. La Iglesia, ¿no tendrá que planificarse de otra manera? ¿No tendrá que buscar otros caminos?

Día de las vocaciones

Con motivo del Buen Pastor celebramos el Día de Oración por las Vocaciones Sacerdotales. Todos somos conscientes de que el número de sacerdotes ha bajado. Muchos han abandonado el camino y el número de los que ingresan también ha bajado. Personalmente yo no soy de los que se guía por las matemáticas, prefiero la calidad. La llamada crisis vocacional se debe a muchos factores. Posiblemente nuestra vida es poco luminosa para atraer hoy a los jóvenes, por eso necesitamos sacerdotes que vivan con gozo y con alegría su vocación. Más vale un sacerdote santo que mil vulgares. Más significa un sacerdote entregado a Dios y a las almas que un montón que toman su vocación como un modo de vivir.

Yo entiendo que nuestra vida no es atrayente para los jóvenes, sobre todo por tantas cosas que han pasado y que se dicen, unas ciertas y otras no, que sin duda afectan a la figura del sacerdote.  Las Comunidades necesitan de pastores, pero de pastores con vocación. Vocaciones con alma de entrega y generosidad. Vocaciones con espíritu evangélico.

Por eso la Comunidad no puede ser indiferente ante el problema vocacional porque es algo que la afecta. La comunidad tiene que interesarse por los que ya somos sacerdotes y por los que el Señor está llamando.

Felizmente en el Perú asistimos a una primavera vocacional en relación a otros países, pero estas vocaciones necesitan cultivo. Necesitan el ejemplo de los que ya vamos dejando sitio a los nuevos, pero también necesitan el apoyo de la Comunidad. Si el sacerdote se debe a la Comunidad, también la Comunidad se debe a su sacerdote. El sacerdote no es un extraterrestre, es de carne y hueso como el resto de la comunidad, por ello más que nadie necesita de la oración de ustedes.

Pastoral a control remoto

Hoy está de moda eso de “control remoto”. ¿No se estará dando también esto en nuestra pastoral? ¿Quién no conoce a los pastores vascos? Son famosos en todo el mundo y tienen algo bien curioso. El perrito pastor, un perrito simpático, mientras el pastorea está lejos apoyado en su cayado, cuando ve que alguna oveja se sale del grupo, le basta un grito o un simple silbido o un grito, y el perrito se lanza corriendo para recuperar a la oveja extraviada o que se sale del grupo. Desde luego son un encanto estos perritos pastores.

Cuando los veo pienso que mucha de nuestra pastoral diocesana y parroquial se parece mucho a esos pastores vascos y sus perritos. El pastor no se mueve, sigue en su sitio, sentado o parado. Todo lo hace a través de su perrito pastor.

¿No será nuestra pastoral algo parecido? El obispo tiene a sus sacerdotes. Él está lejos, pero para eso están los sacerdotes encargados que meter las ovejas en el redil. El Párroco no tendrá también sus perritos pastores que se encarguen de que no se pierdan las ovejas. Es decir, una pastoral a control remoto, no una pastoral personalizada.

A mí me impresiona la frase de Jesús cuando dice: “y las saca fuera”. No se trata de tenerlas a todas metidas siempre en el cerco del redil, sino darles libertad para que se diviertan en el campo. Dejar que cada una tenga su propia iniciativa. Dejar que cada una pueda buscar sus propios pastos. Sacarlas fuera es un signo de libertad, es un signo de que no todos somos del montón, sino que cada uno pueda disfrutar de su propia libertad de espíritu. La Pascua no es un redil cerrado, sino un mundo abierto. De hecho, vemos que los apóstoles se dispersaron por geografías diferentes. De algunos ni sabemos por dónde anduvieron.

En pastoral no basta el control remoto, se requiere una pastoral personalizada. Una pastoral donde cada uno vive su propio carisma y sus propias iniciativas. Esto no significa romper con el rebaño, pero tampoco que todos seamos un montón despersonalizado.

Sacerdote de milagro

Siempre he visto mi vocación como un milagro. Mis condiciones de pobreza no me permitían soñar en otra cosa que no fuese zapatero o carpintero. ¡Que me perdonen los zapateros y carpinteros! Un día como quien no hace nada alguien encendió en mi corazón una chispa que no volvió a apagarse.

Soy un milagro, porque aquel 1942 no era fácil conseguir una beca y a mí se me ofreció una. No pagué ni un centavo en toda mi carrera sacerdotal. En aquel entonces muchas becas provenían de familias de la Parroquia del Pilar. De seguro que una de ellas me cayó en suerte. ¿Quién la pagó? Nunca he logrado saberlo.

Soy un milagro, mientras yo iba camino del seminario, una postal salía del seminario diciendo que no fuese que no había lugar. Yo llegué al Seminario antes de que la carta llegase a mi casa. Así que, hicieron un huequito y allí me metieron a mí. ¿Y luego dicen que no hay milagros?

Cuando los hombres decían no, Dios decía que sí. Cuando los hombres me cerraban el camino, Dios siempre tiene un hueco donde meterle a uno.

Y ya ven los años que han pasado: 1942-2025. ¿Quiere usted sumarlos? ¿No te parece un milagro?

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