Hoja Parroquial

Pascua 5 – A | Camino, verdad y vida

Domingo, 3 de mayo del 2026

Camino, verdad y vida

Tres palabras bastan para definir a Jesús. Nosotros damos demasiadas explicaciones para definir las cosas, por eso las embrollamos tanto. Con frecuencia, demostramos que las conocemos poco.  Jesús tiene una idea tan clara y tan nítida sobre sí mismo, que tres palabras son suficientes para decirnos quien es él para nosotros. Las tres son bellas.

Camino. La palabra camino dice mucho y sugiere muchas cosas. En primer lugar, los caminos son para andarlos. El camino indica un punto de partida y un punto de llegada. Por eso el camino no habla de sentarse, de quedarse. El camino marca una dirección, apunta a un meta. Jesús como camino no es una invitación a ser “cristianos desde el palco”, ni “desde el balcón”, sino a ser cristianos en movimiento, siempre mirando hacia adelante. Mirando siempre a una meta.

Por eso el mejor símbolo del camino es el peregrino. El caminante con su bastón en mano, su mochila ligera, y con una ilusión en el alma. Por eso todo el Evangelio se describe fundamentalmente en el camino. Jesús se mueve de un lugar a otro, no se instala. A la vez, Él mismo se convierte en camino. Es decir, ser cristiano es hacer el camino de Jesús.

Verdad. Jesús es la revelación de la verdad de Dios. La verdad de Dios no son ideas ni conceptos descarnados. La verdad de Dios se llama “amor”. Todas las demás verdades están condicionadas por el amor. Para el cristiano todo lo que sea amar es verdad y es verdadero. Por ello, todo lo que no sea amor es mentira y falsedad. Juan define a Dios como “Amor”. Esa es la verdad de Dios.

Esa es la verdad de todo el que cree en Él, vive en la verdad aquel que ama. Deja de vivir en la verdad aquel que no ama, por más teologías que sepa y por más cosas que haga. Ya lo dijo Pablo: “Si no tengo amor nada soy”.

Vida. Jesús no es para nosotros algo externo, algo que se pone y se quita. Jesús está llamado a ser lo más íntimo de nosotros mismos. Lo más íntimo de nosotros, lo que nos hace ser es la vida. Por eso mismo, Jesús sólo puede significar algo para nosotros en la medida en que lo vivimos, lo hacemos vida, lo hacemos esencia de nuestro ser. “Ya no soy yo quien vive, sino que es Cristo quien vive en mí”, dijo con claridad Pablo.

Por eso nuestras relaciones con Jesús tienen que ser relaciones íntimas que expresan nuestro ser, que expresan lo que somos.?

Piedras vivas

Hay cosas que olvidamos muy fácilmente. La Iglesia somos todos. Cada uno es como una piedra o un ladrillo, diríamos hoy, con el que se construye la Iglesia. Pero no podemos ser piedras muertas, sino “piedras vivas”.

En la Iglesia no podemos estar como las piedras en el lecho del río, sino como algo que tiene vida. La piedras no dan la vida al río, pero nosotros “como piedras vivas” sí damos vida a la Iglesia. Por tanto, la vida de la Iglesia no depende de lo que hace la Jerarquía, sino de cómo somos todos y cada uno de nosotros.

Cuando nos quejamos de la Iglesia y de sus defectos, en el fondo, nos estamos acusando a nosotros mismos porque si la Iglesia está construida con cada uno de nosotros, puede que igual que en los edificios falle un ladrillo y deja un agujero. Si las piedras se pulverizan porque son malas, la pared tampoco resiste. Así somos nosotros. Cuando somos piedras flojas, débiles o que nos pulverizamos estamos creando esos agujeros en la Iglesia.

La belleza o la fealdad de la Iglesia depende de nosotros. La Iglesia no existe sin nosotros. La Iglesia puede existir sin un jefe, aunque deba tenerlo, pero no puede existir sin nosotros. Nosotros somos los que construimos la Iglesia, su belleza depende del material que somos cada uno de nosotros.

Además, ser piedras vivas significa que no somos algo pasivo, sino algo activo y dinámico en la Iglesia. La Iglesia no es viva porque el sacerdote o el Obispo sean buena gente, sino porque la gente, la comunidad, es activa y dinámica. De ahí que no podamos prescindir de nadie, en la Iglesia todos somos necesarios.

Quiero un camino para caminar

Yo quiero un camino que me lleve lejos.
Yo quiero un camino que me obligue a andar y caminar.
Yo quiero un camino que me haga peregrino en la vida.
Yo quiero un camino que me haga avanzar hacia el futuro.

Yo no soy el camino.
El camino eres Tú.
Yo no soy el camino.
Yo quiero ser el caminante.
Yo no soy el camino.
Yo soy el que quiere llegar lejos.
Yo no soy el camino.
Yo quiero ser el peregrino.
Yo no soy el camino.
Pero me gusta caminar.

Quiero caminar contemplando lo que queda a mi lado.
Quiero caminar contemplando las flores de los campos.
Quiero caminar y saludar a los que trabajan sus campos.
Quiero caminar, pero no quiero caminar solo.
Quiero caminar contigo a mi lado.
Quiero caminar aunque a veces me canse.
Quiero caminar aunque mis pies se llenen de polvo.
Quiero caminar por un camino que me lleve hasta el Padre.
Quiero caminar por un camino que me lleve hasta mis hermanos.

Quiero caminar y sentir el dolor de los que se quedan.
Quiero caminar y sentir la alegría de los demás caminantes.
Quiero caminar y sentir el cansancio de las cuestas.

Quiero caminar aunque a veces se haga noche en mi camino.
Quiero caminar aunque a veces sienta sed y no encuentre una fuente.

Señor, Tú eres mi camino.
Por eso quiere andarlo a tu lado, quiero tenerte como mi amigo.
Que los dos compartamos juntos las alegrías y las penas.
Que juntos nos sentemos a descansar junto a algún pozo.
Que juntos nos sentemos a comer nuestro pedazo de pan.

“La piedra que desecharon los constructores”

Esa fue la “piedra Jesús”. Él es la piedra angular, pero muchos la rechazaron.

¿No estaremos desechando hoy también esas otras piedras que, si no son angulares, son necesarias? Porque la piedra angular es la que da consistencia a las demás piedras. Pero la piedra angular sin esas otras piedras tampoco está completa.

¿Quiénes somos nosotros para desechar a Jesús piedra angular y convertirnos nosotros en piedras angulares?

¿Quiénes somos nosotros para desechar esas otras piedras como si ellas no sirvieran, como si sólo bastase la piedra angular para tener una Iglesia viva?

No desechemos lo que Dios ha escogido.
No desechemos lo que el bautismo declaró sagrado.
No desechemos lo que Dios quiere vivo en la Iglesia.

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