Domingo es Fiesta

Santísima Trinidad – A | Tiempos de Dios

“Tanto amó Dios al mundo…”

Proclamamos el Santo Evangelio según san Juan 3,16-18:

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tenga vida eterna.

Porque Dios no mandó a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por medio de él.

El que cree en él no será condenado; por el contrario, el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios.

PALABRA DE DIOS

Palabras de Clemente:

Queridos amigos: En una ocasión alguien me preguntó quién creía yo que era el mayor santo en el cielo. En aquel momento, le respondí que habría que preguntárselo a Dios, pero luego, ya a solas conmigo, pensé: ¡Pero qué tonto! El mayor santo del Cielo es Dios, los demás son simples intentos de santidad. Me viene ese recuerdo hoy, que celebramos precisamente el Santo de Dios, la Santísima Trinidad.

En el cielo creo que hay muchos santos de los que nadie se acuerda, pero ahora me estoy temiendo si Dios no estará, de alguna manera, corriendo la misma suerte. Como que el mundo ya se está acostumbrando a vivir sin Dios. Como que el Dios que hemos anunciado no le dice gran cosa a la gente. No es que lo niegue, tal vez nos está sucediendo algo peor: nuestra indiferencia hacia Él que es la manera más vital de negarle. Por eso, la pregunta que yo quisiera hacer a todos es: ¿Dónde está Dios?

Mi respuesta la voy a tomar de la misma Escritura. Hay tres textos que nos pueden ayudar a clarificar nuestra pregunta.

El primero: “Dios está aquí y yo no lo sabía” (Gn 28,16).

El segundo: “Hasta ahora hablaba de ti de oídas, Ahora te han visto mis ojos” (Jb 42,5).

El tercero: “Se alegraron los discípulos al ver al Señor” (Jn 20,20).

La pregunta no es ni inútil ni tampoco banal. En los mismos Salmos escuchamos el mismo grito de muchos hombres y mujeres de hoy: “¿Dónde está tu Dios?” (Salm 42,11).

Las tres respuestas que ofrecemos me parecen sugestivas, por la sencilla razón de que, en vez de un Dios de la razón, nos encontraremos con el Dios que nosotros mismos experimentamos. De tal forma que la respuesta pudiera ser que el mejor lugar para encontrar a Dios es en nuestra propia experiencia.

1.-Ahora que le escucho comienzo a pensar que son malos tiempos para Dios.
RESPUESTA: ¿Tú crees? Nunca ha habido buenos tiempos para Dios. Hasta diría que es precisamente en esos malos tiempos, cuando Dios más brilla y se revela.

2.- Pero antes nadie ponía en cuestión a Dios. Todos sabíamos que “Dios está aquí”, hasta nos parecía algo lógico y normal, pero ahora…
RESPUESTA: Pues ahora nadie da por supuesto que “Dios está aquí”. Ahora la pregunta es “dónde está Dios”. Antes decíamos “que todo hablaba de Dios”, y ahora decimos que “no tenemos noticias de Él”.

3.- ¿Se le ha averiado la emisora para que no tengamos noticias de Dios?
RESPUESTA: En medio de todas esas ambigüedades, yo creo que hoy se habla más de Él, se pregunta más por Él. Eso me parece estupendo porque pasamos de un Dios que simplemente nos lo habían metido en la cabeza a un Dios que termina siendo un encuentro personal, que es la mejor manera de conocerle.

4.- ¿Por eso ha utilizado esos tres textos de la Sagrada Escritura?
RESPUESTA: Pues sí. Juan Martín Velasco escribió un libro precisamente sobre estos tres textos que me parecen magníficos.

5.- ¿Por qué?
RESPUESTA: Por tres razones. La primera, porque en los tres textos aparece que cada uno de los personajes tenía una idea equivocada de Dios. En segundo lugar, porque los tres personajes llegan al conocimiento de Dios no por sus ideas, sino por su experiencia personal de Él. Finalmente, en tercer lugar, en los tres casos Dios se revela y manifiesta en momentos difíciles y oscuros.

6.- Vayamos al texto más antiguo, el de Jacob. “Dios está aquí y yo no lo sabía.”
RESPUESTA: Fíjate. Jacob se pasa la noche luchando en la oscuridad con alguien para él desconocido. Una noche de oscuridad. Un personaje que él no conoce. Sólo al amanecer descubre que luchaba con Dios. Recién ahí se da cuenta de algo fundamental.

7.- ¿De qué se da cuenta?
RESPUESTA: Es posible que Jacob se imaginase un Dios lejano. Igual que cuando nosotros decimos “que estás en los cielos”. Resulta que Dios está donde está Él, como está donde nosotros estamos. “Dios está aquí”, pero nosotros de tanto mirar arriba, “tampoco lo sabemos”.

8.- A Dios le gustan las noches más que los días, ¿verdad?
RESPUESTA: Dios se revela de día y de noche. Lo que Dios nos quiere manifestar es que, con frecuencia, cuando menos lo sentimos, o cuando más lejos lo experimentamos, cuando todo lo vemos oscuro, al fin, nos damos cuenta de que estaba “aquí”, a nuestro lado. Lo que pasa es que nosotros “no lo sabíamos”. No teníamos experiencia de su presencia.

9.- Esto sucede con frecuencia. Hay momentos en los que uno siente como si Dios no existiese. La oscuridad invade nuestra mente y nuestro corazón.
RESPUESTA: Sin embargo, está ahí. También Jesús gritó, como nosotros, desde la Cruz: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has abandonado?”. Sin embargo, Dios estaba allí a su lado, con Él en la cruz.

10.- ¿Significa que las oscuridades de la vida, cuando no sentimos nada, no son señal alguna de que hemos perdido la fe?
RESPUESTA: Cuando el cielo de Lima se pone triste y con nubes, no significa que ya no hay sol. Cuando no vemos a Dios, es posible que entonces nuestra fe sea más limpia, y más pura.

11.- El segundo texto sí que me llamó la atención. Creo que es de Job, quien después de una vida de sufrimientos termina la vida con una confesión bien curiosa.
RESPUESTA: Job es el símbolo del dolor, del abandono, del vacío. Todo pareciera contradecir lo que cree. Hasta los amigos le toman el pelo y casi le obligan a renegar a Dios. Es, sin embargo, al final del túnel que se abre toda una mañana llena de sol y de luz.

12.- Pero Job representa mucho nuestra fe. “Hasta ahora le conocía de oídas.”
RESPUESTA: ¿Quieres mejor expresión de la realidad de nuestra fe? La mayoría de nosotros conocemos a Dios “sólo de oídas” porque alguien nos lo contó. Es decir, conocemos a Dios por los periódicos o por algún reportero de RPP. Además no dice que lo conocía de “oídas”.

13.- ¿Qué es lo que dice?
RESPUESTA: “Hasta ahora habla de oídas”. Lo cual nos está planteando un problema tremendamente serio, incluso a nosotros los sacerdotes.

14.- ¿Qué problema les está planteando?
RESPUESTA: No. Mejor decimos nos está planteando porque ¿de qué Dios hablamos los sacerdotes a nuestros fieles? ¿De qué Dios están hablando los padres a los hijos? ¿De un Dios de oídas o de un Dios que hemos visto?

15.- Yo no quiero juzgar a los sacerdotes, pero, como padre de familia, me atrevería a decir que hablamos más de un Dios de oídas que de un Dios fruto de nuestra experiencia.
RESPUESTA: Pues yo no creo equivocarme si digo que todos, sacerdotes y padres de familia, hablamos más de un Dios de oídas que de un Dios fruto de nuestra experiencia. Hablamos de lo que oímos no de lo que sentimos y experimentamos. Ahí está nuestro problema.

16.-Bueno, pero ¿cuál es la diferencia?
RESPUESTA: Todos hablamos más de un Dios de ideas que nos han dicho y contado, que de un Dios al que nosotros hemos experimentado. Job lo reconoce, también hablaba de un Dios del que había escuchado hablar más que de un Dios fruto del encuentro y de la experiencia.

17.- Sin embargo, Padre, Job parece tener una idea muy clara de Dios.
RESPUESTA: Es cierto. Él todo lo enfoca desde Dios, incluso sus desgracias. Cosa que también nosotros hacemos. ¿Que algo nos sale mal? Es la voluntad de Dios. ¿Que sufrimos desgracias? Es la voluntad de Dios. Es decir, todos hablamos de un Dios causa de todos nuestros problemas y desgracias. Así lo interpretaba Job. Para él, Dios se lo había dado todo y Dios se lo había quitado todo. Es la mejor manera de culpar a Dios de todo lo que nos sucede.

18.- Sin embargo, Job llegó a otra conclusión…
RESPUESTA: Tuvo que pasar por toda una serie de sufrimientos, de burlas. Al final, termina no pensando en Dios, sino “viendo a Dios”. Lo curioso es que ve a Dios en medio de sus fracasos y sus sufrimientos. Recién ahí descubre el verdadero rostro de Dios. No cuando le han hablado de Él, sino cuando Él mismo lo ha visto.

19.- Pero ¿no dice San Pablo que a Dios nadie lo ha visto?
RESPUESTA: Cierto. Pero aquí “visto” significa que lo ha experimentado en su propia vida. A Dios no lo podemos conocer de “oídas”, ni podemos hablar de Él “por lo que nos han dicho”. De Él solo podemos hablar desde nuestra experiencia de Dios en nuestras vidas.

20.- Pero, me surge una inquietud. ¿Se puede experimentar a Dios en medio de los sufrimientos y fracasos?
RESPUESTA: La respuesta nos la da el mismo Job. Después de tantos sufrimientos, fracasos y después de tantas burlas de sus amigos, Job termina encontrándose con el verdadero rostro de Dios. Dios no es la causa de lo que le pasa. Dios es el que le da fuerza para ser más fuerte que sus propios fracasos.

21.- Finalmente, usted citaba el texto de Juan en las apariciones del resucitado. También ellos tenían una idea equivocada de Jesús. Por eso, estaban totalmente desconcertados.
RESPUESTA: Sin embargo, ¿cuándo reconocen la verdad de Jesús? Cuando lo ven resucitado. Cuando lo ven que ha triunfado sobre la muerte y lo contemplan ahora que está vivo.

22.- Padre, ¿cuál es entonces el verdadero problema de Dios?
RESPUESTA: El problema está precisamente en la manera que hemos tenido todos de ver nuestros problemas. Le hemos hecho a Dios culpable de todo lo que nos sucede, en vez de buscar las verdaderas causas. ¿Que nos tenemos trabajo? Es la voluntad de Dios. ¿Que hay hambre en el mundo? Es la voluntad de Dios.

23.- Pero eso es lo que nos han enseñado siempre.
RESPUESTA: Claro. En vez de preguntarnos por qué no hay trabajo hoy o por qué hay tantos que sufren hambre, lo más fácil era culpar a Dios y pedirnos a todos resignación. Eso nos ha llevado de alguna manera a justificar demasiados sufrimientos. Ese es uno de los problemas del ateísmo de hoy porque nadie puede entender que un Dios amor haga sufrir a sus hijos.

24.- No entiendo, porque el Evangelio de hoy creo es bastante claro. “Dios no envió a su Hijo al mundo para juzgar al mundo sino para que el mundo se salve por Él”. Antes nos había dicho: “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en Él”.
RESPUESTA: Sí, en el Evangelio eso está claro, pero nuestra espiritualidad ha ido por otros caminos. No por el camino del amor, sino por el camino del Dios que puede condenarnos y castigarnos. Creo que todos hemos vivido más la experiencia de un Dios castigador que de un Dios amor. Eso ha sido, sin duda la fuente de demasiados ateísmos.

25.- Bueno, Padre, ¿qué piensa usted de todos los que hoy niegan a Dios?
RESPUESTA: Yo más bien diría de los que han perdido el sentido de Dios, de los que han perdido la sensibilidad de Dios y terminan viviendo en la indiferencia de Dios.

26.- ¿Y qué hacer frente a la indiferencia hacia Dios?
RESPUESTA: Tu pregunta es como preguntar qué hacer con quienes han perdido el apetito… Yo creo que para abrir el apetito de Dios es necesario que nosotros les presentemos el verdadero rostro de Dios. El Dios que está “aquí, aunque nosotros no lo sepamos”. El Dios que hemos de anunciar no desde nuestras ideas, sino como testigos de Él desde nuestra experiencia. Finalmente, anunciar al Dios que nosotros hemos visto.

27.- Sin embargo, Padre, el problema no está tanto en anunciar a Dios a los que nunca le han conocido, sino a aquellos que le han conocido, aunque sea mal y lo han abandonado.
RESPUESTA: Ciertamente es más fácil hablar de Dios a quien nunca lo ha conocido que a aquellos que creen haberlo conocido y lo han olvidado en sus vidas. Es más difícil abrir el apetito a quien un día lo perdió que a quien nunca lo tuvo. A estos no los vamos a convencer con nuestras ideas.

DESPEDIDA: Bueno amigos, reciban la bendición del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

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