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Domingo 14 – A | El yugo de Jesús

1.- Esa sonrisa me está diciendo algo.
RESPUESTA: Toda sonrisa dice algo.

2.- Hay sonrisas medio maliciosas, como la de usted en estos momentos.
RESPUESTA: Mi sonrisa no tiene nada de maliciosa, es una sonrisa muy sincera. Porque es una sonrisa que nace de esta misma experiencia de Jesús.

3.- A eso iba yo. Sentía que el Evangelio de hoy es esos que a usted le gustan.
RESPUESTA: ¿Y cómo no quieres que me gusten si el mismo Jesús da la impresión de estar viviendo un momento de gozo en este encuentro de diálogo con el Padre?

4.- Padre, Mateo sorprende aquí a Jesús hablando con el Padre. Pocas veces sucede esto, ¿verdad?
RESPUESTA: Jesús habló muchas veces de la oración. Otras tantas se dice que se retiraba a orar solo. Pero, realmente, nunca nos mostraban a Jesús orando, es decir, hablando con el Padre. Esta vez, habría que decir que “lo pescaron orando”.

5.- ¿Cómo sitúa usted está oración de Jesús en este encuentro con el Padre?
RESPUESTA: Tendríamos que situarla en el contexto. Mateo acaba de presentar las resistencias que encuentra el anuncio del Evangelio. Ciudades que se cierran. Fariseos y dirigentes que no quieren saber nada de sus anuncios del Reino. Como contraste, Jesús se da cuenta de que hay otro grupo ávido de escucharle y ávido de seguirle.

6.- Este es el contexto en el que Jesús ora a su Padre. ¿Cuál es el tema de su oración?
RESPUESTA: Jesús no es de los que hacen las cosas porque hay que hacerlas. Jesús es de los que vive lo que hace. Vive la misión que el Padre le ha encomendado, pero vive también la respuesta de los hombres a su misión.

7.- Una respuesta que es distinta según los distintos ambientes, ¿verdad?
RESPUESTA: Exacto. Jesús es testigo de cómo unos corazones se encierran sobre sí mismos, como tierra dura que no deja que el grano pueda echar raíces. También contempla esos otros corazones, abiertos como una primavera a las semillas del Reino.

8.- Una difícil experiencia del corazón humano, ¿no cree?
RESPUESTA: Yo diría que una difícil experiencia del corazón humano, pero también una experiencia dolorosa y gozosa del misterio de la Palabra de Dios.

9.- ¿Por qué experiencia dolorosa y gozosa del misterio de la Palabra de Dios?
RESPUESTA: Porque la Palabra de Dios que es siempre una buena noticia para los hombres; sin embargo, corre el riesgo de la libertad humana. Mientras unos dicen sí, otros le dicen no.

10.- ¿Todo esto qué tiene ver con la oración de Jesús con el Padre?
RESPUESTA: Jesús convierte en oración su propia vida. Jesús no habla de memoria con Dios. Jesús habla con Dios, es decir, ora expresando sus sentimientos y sus experiencias de la realidad que está viviendo.

11.- Sin embargo, aquí diera la impresión de que Jesús está teniendo una oración gozosa, es una oración de acción de gracias. ¿De qué le da gracias Jesús al Padre?
RESPUESTA: Jesús no sólo ve y contempla esa diferente actitud de los hombres frente a la palabra o el anuncio del Evangelio, también lo lee y lo interpreta. En su lectura percibe algo muy fundamental: los sencillos de corazón, la gente que tiene un corazón libre, un corazón noble, le escucha y le presta atención. Mientras tanto, los grandes sabios, los que creen saberlo todo, los que no creen necesitar nada porque ellos lo tienen todo y lo saben todo, esos blindan la puerta de su corazón y la Palabra queda a la puerta de sus vidas, pero no puede entrar.

12.- ¿Y por eso le da gracias al Padre?
RESPUESTA: Jesús siente un gozo inmenso en su corazón por la bondad del corazón de esa gente sencilla del pueblo. En el fondo, está siendo testigo de aquella bienaventuranza: “Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios”. Es como si le estuviese diciendo: “Padre, ¿te das cuenta de lo maravilloso que es el corazón de la gente sencilla del pueblo?”.

13.- Sí, pero mientras tanto, también manifiesta como una cierta satisfacción por el hecho de que “has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a la gente sencilla”.
RESPUESTA: Jesús no se alegra de la dureza de unos. Eso nunca será objeto de las complacencias de Jesús. Jesús se alegra de que, a pesar de la indiferencia de unos, existan otros que viven abiertos totalmente a las llamadas de Dios.

14.- Un momento, todo eso parece muy bonito. Pero yo aquí me encuentro con una frase que no me parece muy divina que se diga… Fíjese: “Has escondido estas cosas a los sabios y entendidos”. Entonces es Dios mismo quien “esconde todo esto a los sabios”. Si Dios los esconde, ¿qué responsabilidad hay en ellos?
RESPUESTA: En primer lugar, Dios no habla a unos y calla con los otros. Jesús, hasta donde tenemos experiencia, hablaba a todos por igual y dentro del mismo grupo, unos decían sí y otros se escandalizaban y decían no.

15.- ¿Por qué entonces habla de “esconder”?
RESPUESTA: Hay frases cuya redacción pudiera prestarse a equívocos. La idea es muy clara, por principio, a Dios sólo lo puede ver los limpios de corazón. ¿Verdad?

16.- Así dice una de las bienaventuranzas.
RESPUESTA: Entonces, ¿qué sucede con quienes tienen el corazón sucio y embarrado?

17.- Si Dios sólo es visible para los limpios, para los que lo tienen sucio, no es visible…
REPUESTA: ¿Porque Dios se les oculta o porque ellos no tienen capacidad?

18.- Me supongo para los que no tienen capacidad de verle.
RESPUESTA: Pero no porque Dios no sea visible, sino porque ellos están incapacitados. ¿El que tiene el corazón lleno de odio, tiene capacidad de amar a la vez? Entonces eso de “ocultar” no es tanto la acción de Dios que esconde, sino es reconocer la incapacidad de ellos. Dios se oculta, será lo mismo, Dios es invisible para quien no quiere verle.

19.- Sin embargo, Padre, yo no me atrevería a decir que todos los sabios e intelectuales viven cerrados a Dios. ¿Usted cree que los intelectuales como tal se nieguen a creer en Dios?
RESPUESTA: La ciencia no es ningún obstáculo para ver a Dios. Tampoco la riqueza. Sin embargo, uno puede aferrarse a su saber humano y negar a aceptar nada que esté más arriba del sombrero. Hay ricos que están por encima de sus riquezas. Pero tampoco podemos negar que el apego a la riqueza no suele ser el mejor camino para aceptar los planes de Dios.

20.- ¿Quiénes son esos sabios y entendidos que no pueden llegar a descubrir las cosas de la fe? Porque, yo tengo amigos intelectuales y los veo creyentes y practicantes…
RESPUESTA: Insisto. El camino de la fe es el camino de la sencillez. No la autosuficiencia. El camino de la fe es el camino de la simplicidad, porque la misma fe termina enfrentándonos con el misterio de Dios. Quienes sólo creen en sus ideas, en sus razonamientos van a sentir como un imposible la fe.

21.- Yo quisiera insistir, ¿pueden o no pueden creer los intelectuales?
RESPUESTA: Ya que de insistencia se trata te diré: la fe es para todos. Tú conoces a intelectuales creyentes. Yo conozco a muchos también. Porque el problema de la fe no es cuestión de saber mucho o poco.

22.- Dígame, ¿es la ignorancia, acaso, un buen camino para creer?
RESPUESTA: La ignorancia es buena para que alguien le engañe, pero no para creer. Yo reiteraría que el problema de la fe o la no fe, no es problema de saber mucho o poco. Se puede saber mucho y tener mucha fe. Se puede saber mucho y no creer. Y se puede ser un ignorante y tampoco creer.

23.- Entonces, ¿dónde está el problema?
RESPUESTA: Yo diría que el problema no está en la cabeza.

24.- ¿Y dónde está?
RESPUESTA: En el corazón. Una cabeza sabia con un corazón limpio, puede ser un tremendo creyente. Y una cabeza tonta con un corazón sucio, puede ser un tonto ateo. Al fin y al cabo, nuestra actitud frente al Evangelio la marca el corazón. Recuerdo la experiencia del filósofo Miguel de Unamuno en su diario.

25.- Creo habérsela escuchado alguna vez. ¿Nos la podía repetir?
RESPUESTA: Unamuno fue un hombre martirizado por su fe y su increencia, que se daban como de patadas dentro de él. Se las daba de incrédulo, pero dentro había muchas voces de fe. En sus reflexiones se dio cuenta de que para ser creyente era preciso cambiar de vida y un día escribe en su diario: “Miguel o cambias de vida o cambias de cabeza”. Le dio miedo cambiar de vida y entonces prefirió cambiar de cabeza. Desde ese día dejaría de creer. Un ateo práctico. Para no vivir en contradicción entre cabeza y vida, pues cambio de cabeza y así vivo tranquilo con mi vida.

26.- Padre, la segunda parte de este Evangelio siempre me ha resultado un tanto extraño. Confieso que no logro entenderlo ni qué pinta en este contexto.
RESPUESTA: Vas a ver que es más simple de lo que imaginas. Jesús confronta sus enseñanzas con las de los Jefes religiosos de su tiempo. Mientras ellos imponen pesadas cargas, Jesús quiere que sus enseñanzas no sean una carga, no sean pesos pesados.

27.- Digámoslo de otra manera. La religiosidad que imponen los Jefes es una religiosidad pesada, una religiosidad de la ley. Mientras que la religión que anuncia Jesús es la religiosidad del amor, una religiosidad de la bondad.
RESPUESTA: Pues tú lo has dicho todo. Y decías que no lo entendías… ¿Ves cómo lo entiendes? La gente se siente dentro de una religión esclavizante y Jesús les hace una invitación. Salgan de la esclavitud religiosa y síganme a mí y encontraréis descanso para vuestros espíritus. Mi invitación no es a la esclavitud de la ley, es la llamada a la libertad del amor y del Espíritu.

28.- Oiga, Padre, ¿y no habría que repetir en voz alta también esta invitación de Jesús?
RESPUESTA: ¿Por qué? Hoy se leerá en todo el mundo este Evangelio.

29.- Leer, sí. ¿No cree que todo seguirá igual?
RESPUESTA: Oye, explícate un poco porque me estás resultando un poco misterioso.

30.- ¿No estaremos también nosotros demasiado esclavizados por un cristianismo de la ley?
RESPUESTA: Oye, hermanito mío, pues ya sabes, tienes la invitación de Jesús de aceptarle a Él, buscarle a Él y seguirle a Él. “Venid a mí todos los que estás cansados y agobiados, y yo os aliviaré”.

31.- Pero yo ya he hecho mi opción por el Evangelio, pero veo que el Evangelio que se me impone, está demasiado legalizado.
RESPUESTA: Me estás diciendo que también nosotros hemos caído en el mismo pecado que los antiguos fariseos y letrados. Pues, yo pienso que el Espíritu Santo habla a través de todos en la Iglesia. La voz de los seglares a mí me parece fundamental, para que podamos cambiar lo que tengamos que cambiar. Al fin y al cabo, yo creo que todos tenemos buena voluntad y todos tenemos que escucharnos a todos.

32.- No me diga que la Iglesia quiere escuchar la voz de los seglares…
RESPUESTA: La Iglesia sabe que quien la mueve desde dentro es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo habla a todos, no sólo a nosotros; por tanto, el seglar tiene que dejar de ser mudo y hacer sentir también su voz.

33.- ¿Y si no nos escuchan?
RESPUESTA: No seas tan pesimista, hombre. En todo caso, si no se os escucha, gritad más hasta que se os escuche.

34.- Por otra parte, a veces tengo miedo. Miedo a que lo que buscamos sea un Evangelio más fácil, más aguadito… ¿sabe?
RESPUESTA: Si cuando buscamos el descanso que Jesús nos ofrece, lo entendemos como un maquillaje al Evangelio, nadie te va a escuchar. Por eso nos tenemos que escuchar todos, los unos a los otros. Escuchar a los que nos piden una rebajita, pero también a los que piensan más en la ley que en el amor.

35.- Es más fácil caer en la ley del mínimo esfuerzo, que optar por el máximo esfuerzo.
RESPUESTA: Por eso la ley de Jesús no es ni la ley del esfuerzo, sino la ley del amor. Cuando nos dejamos guiar por el amor, no corremos peligro, porque la ley más exigente que hasta ahora conozco es sin duda la del amor. Ese es el mejor camino de seguir a Jesús.

36.- De todos modos, Padre, algo tendremos que hacer porque todos sentimos, es posible que estemos equivocados, que nuestra formación en la fe es mucho más legalista que no marcada por el ideal del amor y la libertad.
RESPUESTA: Ciertamente todos hemos tenidos mucho miedo a la libertad. Es posible que todos hayamos abusado de ella, pero eso no es justificación alguna para tener miedo a ser libres. Al fin y al cabo, la libertad es el riesgo que incluso Dios se quiere correr con el hombre. Donde no hay espíritu de libertad, estoy seguro de que allí no está Dios.

DESPEDIDA: Hoy quiero despedirme de vosotros con una pregunta: “¿Creen ustedes que hoy Jesús hará también su oración de acción de gracias al Padre, porque nos ve a todos abiertos al mensaje de su Palabra?”.

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