Domingo es Fiesta

Domingo 33 – A | La Parábola de los Talentos

“Pasa al banquete de tu Señor”.

Proclamamos el Evangelio de Jesucristo según San Mateo en el Capítulo 25, versículos 14 y 15 y del 19 al 21 (Es una lectura abreviada):

Dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: Un hombre, al irse de viaje, llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes. A uno le dejó cinco talentos de plata, a otros dos, a otro uno. A cada cual según su capacidad. Luego se marchó.

Al cabo de mucho tiempo volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos y le presentó otros cinco, diciendo: Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco. Se Señor le dijo: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor, como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante. Pasa al banquete de tu Señor”.

PALABRA DE DIOS

1.- ¿Cómo se siente hoy? Ya sé, bien como todos los días… ¿Verdad?
RESPUSTA: Pues, para qué negarlo. Me siento no solo bien sino muy bien.

2.- ¡Quién fuera cura para estar bien todos los días!
RESPUESTA: Oye, creo que tu arrepentimiento es tardío. Ya llegas tarde para estas cosas. Aunque uno no sabe. Dios es siempre tan sorpresivo…

3.- Oiga, Padre, Jesús es buen cuentista…. Se sabe todos los cuentos del mundo.
RESPUESTA: Y lo curioso es que a todos les saca chispa. Jesús lo que sabe es graficar sus ideas, para que el pueblo las entienda. Jesús no de esos que tienen que enredar las ideas o decir palabras raras para demostrar así que saben mucho. Jesús es sencillo como el pueblo y habla el lenguaje del pueblo.

4.- ¿Le puedo pedir un favor? ¿Qué es lo que en realidad les quiso decir Jesús con esta parábola que nosotros, por razón de tiempo la hemos leído abreviada?
RESPUESTA: ¿Recuerdas el Evangelio del último Domingo?

5.- Sí, el de las muchachas y las lámparas. Una invitación a la esperanza, ¿verdad?
RESPUESTA: Hoy es continuación. Sólo que hoy Jesús les anuncia que Él tiene que irse, pero que deja toda su obra y misión en sus manos. Jesús se va, pero no de manera definitiva para no volver, sino como quien se va de viaje. Él volverá, regresará.

6.- Sí pero aquí creo que hay algo más…
RESPUESTA: Claro que hay. Él nos deja sus bienes de salvación. A cada uno nos confía una misión. Cada uno tiene un quehacer concreto y personal, que nadie puede hacer por nosotros.

7.- Nos deja sus bienes, pero luego exigirá las cuentas claras. Ahí creo que está el verdadero problema…
RESPUESTA: Creo que debiéramos situarnos en los siguientes momentos. El primero, Jesús se va y volverá. Mientras tanto, nosotros somos los responsables de los dones de gracia y salvación en el mundo. En segundo lugar, Jesús nos quiere hacer sentir que ser fieles a su misión no es “conservar”, sino “hacer producir”.

8.- Ya veo. Jesús no sólo quiere que le devolvamos lo que Él nos dejó, sino que nos exigirá también los intereses.
RESPUESTA: Para Jesús, ser fieles a sus dones, no consiste en “conservar” en el armario lo que hemos recibido.

9.- ¿En qué consiste entonces esa fidelidad?
RESPUESTA: En algo que, posiblemente te va a parecer extraño. La verdadera fidelidad a Jesús no es conservar, sino negociar. Y no sólo negociar a lo seguro, sino incluso corriéndonos el riesgo de fracasar.

10.- ¿Diría usted que Jesús prefiere el fracaso del riesgo a la seguridad del que no se arriesga por miedo?
RESPUESTA: Yo así lo leo en el Evangelio. De los tres inversionistas, llamémosles así, dos han recibido responsabilidades distintas, pero los dos han trabajado sus talentos y los han duplicado. En cambio, el tercero, tuvo miedo, no quiso correrse riesgos. Guardó bajo el colchón de sus perezas e indecisiones su talento y lo devolvió enterito, pero sin intereses. A éste es a quien condena Jesús. ¡Quitádselo y dádselo al que tiene cinco!

11.- Creo que el panorama está claro. Vayamos ahora por partes. Jesús nos ha dejado su herencia que es el Evangelio, es el Reino. Es decir que, a partir de la Ascensión del Señor, la suerte del Evangelio está en nuestras manos.
RESPUESTA: Jesús ha cumplido su misión. Ahora los responsables de continuarla somos nosotros. Es la Iglesia. Ojo que la Iglesia no es el fin del Evangelio, sino una servidora del Evangelio. La Iglesia no es el fin del Reino, sino un instrumento al servicio del Reino.

12.- Ajá. Yo tenía la idea de que toda la labor era hacernos Iglesia y que ahí terminaba todo, pero estoy descubriendo que el fin no es ser Iglesia.
RESPUESTA: Lo primero será ser Iglesia, pero no para quedarnos en la Iglesia. La Iglesia no tiene un sentido en de sí misma. La Iglesia es para otra cosa: para ser luz, para ser anuncio, para ser anticipo. La Iglesia no es un avión a donde nos subimos, nos sentamos, nos abrochamos los cinturones y ahora que nos lleven…

13.- De acuerdo. La Iglesia se parece a esos empleados a los que se les confía la misión del Evangelio, de la salvación y del Reino.
RESPUESTA: Los empleados son aquí el símbolo de cada uno de nosotros como Iglesia. Y es a la Iglesia y en ella a cada uno de nosotros a quienes Jesús les confía la suerte del Evangelio, de la salvación y, por tanto, del Reino.

14.- Sáqueme de una curiosidad. El texto dice aquí que el Señor les dio “a cada cual según su capacidad”. ¿Quiere decir que no todos tenemos la misma responsabilidad en la Iglesia?
RESPUESTA: Todos tenemos la misma responsabilidad en la Iglesia, pero no todos de la misma manera. Una es la responsabilidad del Papa, otra la del Obispo, otra la del sacerdote o religioso, y otra la del laico. Una misma responsabilidad, pero en formas y estilos diferentes. Todos responsables, esto hay que subrayarlo. Varían los estilos, pero la responsabilidad es la misma.

15.- ¿Qué significa entonces “a cada cual según su capacidad”?
RESPUESTA: Algo que, aparentemente pudiera verse como algo negativo, pero que en realidad es bien positivo. Evidentemente que no todos tenemos ni las mismas cualidades, ni las mismas posibilidades. Algo está claro: en la Iglesia no hay nadie que pueda justificar su pereza diciendo que él no vale o no puede. Jesús no nos pide imposibles, todo lo que nos pide es posible. A cada uno le exige lo que puede.

16.- O sea que aquí no vale la escapatoria del “yo no valgo” “yo no puedo”, “yo no sirvo”.
RESPUESTA: En la Iglesia no se trata de todos hagamos lo de todos. No todos valemos para todo, todos valemos para algo.

17.- Es decir, que a mí ya no me sirve decir que “yo ya soy viejo”, “yo ya soy de otra época”.
RESPUESTA: Eso valdrá para justificarte ante tu pereza o cobardía. Pero no ante el Señor. También los viejos tenemos algo que decir y hacer en la Iglesia. Y esto está bien claro hoy: ¿No han elegido a Francisco como Papa a los 76 años? ¿Te das cuenta cuántos a los 76 años se sienten arrinconados en el almacén de las cosas inútiles? Eso es un pecado.

18.- Pero, según voy entendiendo, la intención de Jesús en esta parábola es precisamente ésta: que todos somos responsables del Evangelio.
RESPUESTA: Cierto. Pero hay algo más.

19.- ¿Qué hay de más?
RESPUESTA: A través de los tres empleados Jesús manifiesta cuáles han de ser las actitudes de cada uno de nosotros. La primera, hay que arriesgarse a anunciar el Evangelio. La segunda, los que tienen miedo a lo nuevo, no sirven.

20.- ¿Está usted diciendo que el riesgo tiene que ser una de las características del Evangelio?
RESPUESTA: ¿Hay alguien más arriesgado que Jesús mismo? Se arriesgó a anunciar lo nuevo, lo distinto, cuando sabía que la gente estaba apegada a lo antiguo. Se arriesgó a enfrentarse con las autoridades religiosas, con los sabios de la ley y hasta, en muchas cosas, le enmendó la plana al mismo Moisés.

21.- Bueno, se arriesgó, pero el precio también fue bien caro. Al fin, terminaron crucificándolo por ser atrevido.
RESPUESTA: Ay, hermanito, a los cobardes no los crucifica nadie porque no valen la pena. Ahí está la diferencia entre Dios y los hombres: los hombres crucifican a los valientes, a los decididos, a los que se la juegan por el Evangelio, mientras que Dios crucifica a los inútiles que nunca hacen nada, a los que nunca se mojan, a los vacunados contra todo esfuerzo y riesgo, a los que tienen miedo y prefieren conservar bajo tierra los dones de Dios. De esos dice Dios: “quitadle el talento y dádselo al que tiene cinco”.

22.- Digamos que no podemos devolver a Jesús la Iglesia tal y como Él nos la encomendó…
RESPUESTA: Sería nuestra mayor infidelidad a la Iglesia y a Jesús mismo. Jesús todo nos lo dejó en semillas. El Evangelio nos lo dejó en semillas, hubo que reconstruirlo luego en los llamados cuatro Evangelios. La Iglesia nos la dejó en semillas, fue preciso irla estructurando a lo largo de los siglos.

23.- El mayor pecado es guardar las semillas porque guardadas las semillas terminan siendo inútiles.
RESPUESTA: ¿Qué pensarías tú del agricultor, del chacarero que, para no perder las semillas, en vez de sembrarlas, las guarda bajo llave?

24.- Pienso que tendrá semillas, pero ciertamente no tendrá campos de trigo que segar.
RESPUESTA: ¿Y qué piensas del que tiene las semillas del Evangelio, pero que miedo a no ser fiel, las guarda bajo llave para que nadie se las robe?

25.- Pienso que serían unas semillas inútiles.
RESPUESTA: Y un Evangelio inútil para los hombres… Un Evangelio no anunciado, ¿de qué nos sirve? Es posible que a nosotros no nos duela, pero a Dios sí tiene que dolerle, porque es privar a nuestros hermanos de la Buena Noticia que Dios les quiere anunciar.

26.- ¿Cree usted que hay poca capacidad de riesgo para anunciar el Evangelio hoy?
RESPUESTA: Yo preferiría que cada uno se hiciese la pregunta. ¿Cuánto arriesgamos nosotros para proclamar el Evangelio al mundo? Sobre todo, tal vez, tendríamos que cuestionarnos cuánto tratamos de buscar nuevos caminos al Evangelio, cuánto nos esforzamos por nuevas encarnaciones del Evangelio.

27.- Todos tenemos la idea de que esas novedades del Evangelio pueden traicionar al Evangelio, pero veo que aquí lo que se pretende no es hacer más fácil el Evangelio sino buscarle nuevos caminos…
RESPUESTA: El Evangelio hay que anunciarlo entero y hay que anunciarlo con la fuerza misma del Evangelio. Hoy, posiblemente, nuestro reto esté en buscarle caminos nuevos, caminos que lo hagan más asequible y comprensible a los hombres de hoy.

28.- Padre, sáqueme de una curiosidad. ¿Por qué tanto miedo a lo nuevo, a los métodos nuevos, a los caminos nuevos, a las experiencias nuevas?
RESPUESTA: Puede que responda a distintas situaciones. Una de ellas, pudiera ser una especie de fenómeno cultural. Asistimos a un mundo donde todo cambia y ya nada parece estar seguro. Y el hombre necesita de seguridades, algo firme en el que apoyarse. Siente que, si en la Iglesia también se comienza a cambiar las cosas, ya no le queda a qué agarrarse. Así prefiere “lo de siempre”, lo conocido.

29.- Esa razón pudiera ser comprensible, pero creo que tiene que haber algo mucho más serio.
RESPUESTA: Esta razón cultural es seria. El hombre y el cristiano no pueden vivir todos los días aventurándose en el trampolín de la vida.

30.- ¿No habría también alguna otra razón?
RESPUESTA: Yo pienso que sí. Y me atrevería a sugerir la siguiente: Cuando vivimos el Evangelio superficialmente terminamos por carecer de creatividad. La vida, cuanto más vida, es tanto más creativa. Hoy creo que necesitamos mayor creatividad en la búsqueda de caminos, de maneras, de estilos de vivir y anunciar el Evangelio.

31.- ¿Será por esto que todos vivimos una cierta confusión y hasta una falta de incoherencia? Por una parte, exigimos que la Iglesia se modernice, pero cuando la Iglesia da unos pasos y unos cambios, todos nos quejamos de que la “Iglesia cambia demasiado”.
RESPUESTA: No es fácil. Esto sucede en todo. Todos queremos cambiar, pero a la vez nos da miedo el cambio. Todos quisiéramos lo nuevo, pero a la hora de la verdad nos aferramos todos a lo viejo. Hasta el aforismo lo dice: “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”.

32.- Lo cual me parece un absurdo.
RESPUESTA: Absurdo sí. Pero esa es la realidad. Los sicólogos hablan de los procesos de desarrollo y crecimiento, y hablan de cómo muchos niños se niegan a crecer para no perderse el apoyo seguro de la mami. Hay quienes sicológicamente se niegan a crecer por no afrontar las responsabilidades de lo nuevo.

33.- Padre, la conclusión de esta parábola me lleva a una inquietud. Jesucristo, cuando nos examine, cuando el vuelva, creo que ya tiene preparada la pregunta que nos va hacer a todos.
RESPUESTA: ¿Y qué pregunta crees que nos va hacer?

34.- ¿Qué habéis hecho con mi Evangelio?
RESPUESTA: Y nos va a preguntar, ¿qué hemos hecho con su Evangelio, y qué hemos hecho con su Iglesia, y qué hemos hecho con los sacramentos y qué hemos hecho con todo ese mundo de gracias que cada día nos regala?

35.- Amigos: un examen fácil y difícil de responder, ¿no creen? Yo espero que todos lo tomemos tan en serio, que no tengamos que decirle como el tercero de los empleados: “Señor, sabía que eres exigente y que siegas donde no siembras, tuve miedo y fui a esconder mi talento bajo tierra”. Sino que podamos decirle: Señor, nos diste tu Evangelio y no nosotros lo hemos hecho crecer y fructificar.

DESPEDIDA: Sí, amigos, todos somos depositarios de la herencia de Jesús. Nos la ha dejado no para conservarla, sino para hacerla activa, para que produzca los frutos de salvación entre los hombres. Que Jesús os bendiga a todos.

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