Domingo es Fiesta

Domingo 26 – A | Primero Prostitutas y Publicanos

“Vino Juan a vosotros a enseñaros el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y las prostitutas le creyeron”.

Proclamamos el Evangelio de Jesucristo según San Mateo en el Capítulo 21, versículos del 28 al 32:

Dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: “¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”. Él le contestó: “No quiero”. Pero, después, recapacitó y fue. Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, Señor”. Pero no fue. ¿Quién de los dos hizo lo que quería su padre?

Contestaron: “El primero”.

Jesús les dijo: “Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros a enseñaros el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y las prostitutas le creyeron. Y, aún después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis”.

PALABRA DE DIOS.

1.- Usted se ríe, pero el Evangelio de hoy no creo que sea para reírse mucho.
RESPUESTA: ¿Y por qué no voy a reírme? Yo creo que las cosas entran más fácilmente en el corazón cuando las recibimos con alegría.

2.- Jesús es bien peligroso. ¿No le parece?
RESPUESTA: Tanto como peligroso, no sé. Yo más bien diría que Jesús es bien sorpresivo. Cuando menos lo piensas te lanza por ahí un reto o un desafío que le deja a uno medio noqueado.

3.- Fíjese. Comienza con una parábola casi inocente y termina lanzando unos petardos contra los sumos sacerdotes y ancianos, que yo me imagino debió dejarlos helados…
RESPUESTA: Yo no diría que la parábola de este padre que tiene dos hijos, sea tan inocente, como tú dices. Aparentemente revela una escena familiar de cada día. Aunque, en realidad, plantea un problema demasiado serio en la vida.

4.- A mí hay algo en el Evangelio que me revuelve desde dentro. ¿Por qué, en el Evangelio, los malos terminan siendo siempre buenos y los buenos terminan siendo siempre malos?
RESPUESTA: No te me calientes, viejo. Tú, tranquilo porque yo no estoy tan seguro de que los malos terminen siendo siempre buenos, ni que los buenos terminen siendo siempre malos…

5.- El hermano mayor del hijo pródigo termina siendo el malo y el pródigo termina siendo el bueno de la película. La mujer adúltera termina siendo la buena y los que la condenan, terminan siendo los malos. Y aquí… ¡Pues usted me dirá!
RESPUESTA: Una cosa son los buenos y otra, los que se tienen por buenos. Una cosa son los malos y otra, aquellos a quienes nosotros consideramos malos. Porque una cosa es ser bueno y otra tenerse por buenos. La bondad y la maldad están en el corazón, no en las palabras y ni siquiera en las debilidades.

6.- Dígame con sinceridad. ¿Acaso aquí Jesús no presenta a estos dos hijos con cierto prejuicio contra el que dice sí y con cierta simpatía contra el que dice no?
RESPUESTA: Yo tengo un amigo que por principio siempre dice no, pero luego puedes estar seguro de que no te fallará. Nosotros estamos demasiado acostumbrados a solucionarlo todo con bonitas palabras. ¿Cómo no? Venga usted mañana que se lo tendremos hecho y tú sabes que mañana no estará hecho. Con Dios no valen las palabras, sino los hechos.

7.- ¿Me está diciendo que a Dios le podemos mentir, si luego vivimos en la verdad?
RESPUESTA: Yo no digo nada, me atengo al Evangelio. A Dios no le engañamos diciéndole: “Voy a cambiar”. Pero en mi corazón no tengo ni ganas ni quiero cambiar. Dios escucha mis palabras, pero ve mi corazón.

8.- ¿Acaso hay más sinceridad en el que dice “yo no estoy dispuesto a cambiar”?
RESPUESTA: Es posible que, en un momento, alguien diga que no quiere cambiar. Pero luego reflexiona, piensa y decide cambiar, y cambia. Tú sabes muy bien que, con frecuencia, nuestras primeras reacciones suelen ser un no. Sin embargo, luego terminas haciendo lo que debes hacer.

9.- Digamos entonces que, lo que importa es la coherencia entre la palabra y la vida.
RESPUESTA: Tú lo has dicho. La verdad del hombre delante de sí mismo y delante de Dios es la coherencia entre lo que piensa y lo que hace, entre lo dice y lo que vive. No basta decir yo soy creyente.

10.- ¿Qué le hace falta?
RESPUESTA: Al que dice que es creyente, le falta saber si actúa y si vive como creyente. Nadie es creyente por decirlo. Nadie es bueno por ir proclamando por todo el barrio que él es bueno. Soy creyente de verdad cuando lo digo con la vida. Soy bueno, cuando lo digo con mi conducta y mi vida.

11.- Entonces habría que decir también que nadie es creyente por hacer cosas de creyente…
RESPUESTA: Pues mira que hoy me estás tomando tú la delantera. Uno puede hacer cosas de un creyente, pero no vive realmente como creyente. Uno puede sentirse creyente porque tiene una serie de ideas en la cabeza. Uno puede creerse creyente porque practica una serie de cosas, pero qué vive y qué siente su corazón. ¿Es la fe la que guía y da sentido a su vida?

12.- Entiendo. El primero de los hijos dijo no, pero su vida fue un sí. Mientras que el segundo de los hijos dijo sí, pero su vida fue un no.
RESPUESTA: Lo importante no es quedar bien delante del padre, sino hacer lo que el padre espera de él. Fíjate en estos dos hijos: el primero dijo no, pero fue a trabajar a la viña. En cambio, el segundo dijo sí, pero no hizo nada. Los campos no se trabajan con palabras, sino con trabajo, cansancio y sudor.

13.- En el bautismo se nos preguntó si queríamos ser cristianos.
RESPUESTA: Y nuestra respuesta fue sí.

14.- El problema viene luego…
RESPUESTA: El problema está en si luego nuestra vida es un sí de verdad al bautismo y vivimos bautismalmente. ¿Recuerdas el matrimonio?

15.- ¿Qué tiene que ver aquí el matrimonio?
RESPUESTA: ¿Sabes la cantidad de veces que los novios tienen que decir sí? ¿Vienen ustedes libremente? Sí. ¿Están dispuestos a amarse durante toda su vida? Sí. ¿Están dispuestos y se prometen ser fieles toda su vida? Sí. ¿Os aceptáis el uno al otro pase lo que pase en vuestras vidas? Sí. ¡Qué bonito y maravilloso! ¿Verdad? ¿Y luego qué pasa?

15.- Que, con frecuencia, hay más “no” que “sí”.
RESPUESTA: Ya ves, la vida necesita de las palabras, pero la vida también necesita de la vida. Nadie es feliz por hablar de la felicidad. Marido y mujer no son felices por hablar mucho de la felicidad, sino porque se hacen felices el uno al otro. Nadie es creyente hablando de la fe, sino viviendo la fe.

16.- Nadie ama a Dios, por que decir que le ama.
RESPUESTA: Alguna vez te tengo dicho que nadie se emborracha hablando del vino. ¡Pero cuántos borrachos hay por beberlo! No amamos a Dios por decirlo con palabras, amamos a Dios si aceptamos su proyecto de vida sobre nosotros. Amamos a Dios si cumplimos lo que Él quiere y espera de nosotros.

17.- Padre, ¿es por ello que hoy se habla de que uno de los mayores problemas nuestros es la separación entre fe y vida?
RESPUESTA: ¿Tú te imaginas que cuantos nos decimos cristianos, creyentes en Jesús, viviésemos de verdad en coherencia con el Evangelio? ¿Hiciéramos de nuestra fe una vida? ¿Tú crees que el mundo sería el mismo?

18.- Todo esto me parece entenderlo y hasta diría que es claro, lo que me sigue creando problemas son las últimas afirmaciones de Jesús.
RESPUESTA: Te entiendo. A ti te resulta extraño que Jesús les diga que los publicanos y las prostitutas están más cerca del Reino que ellos sumos sacerdotes y ancianos, los hombres buenos de la ley…

19.- Es que no es para menos. ¿Qué sentiría usted si le dijesen que las prostitutas que deambulan por nuestras calles están más cerca de Dios que usted?
RESPUESTA: Es posible que me sintiese mal, pero también es posible que me hiciesen pensar porque cada vida es un misterio. ¿Quién es capaz de condenarlas? Cada uno conoce su corazón. Cada uno conoce la gracia de Dios en su corazón, pero no conoce el misterio de la gracia en los demás.

20.- ¿No está usted desviando un poco el tema?
RESPUESTA: No. Yo sé lo que la gracia hace cada día en mí, pero yo no sé si esta pobre gente hubiese tenido las oportunidades que yo he tenido lo que sería realmente hoy. Posiblemente mucho más santa que yo. Te confieso una cosa.

21.- Me gustan las confesiones y más si vienen de un sacerdote.
RESPUESTA: Muchas veces me he preguntado a mí mismo. ¿Qué hubiese sido mi vida si Dios no me hubiese llamado al Sacerdocio y a la Vida consagrada y no hubiese tenido las oportunidades que he tenido? Posiblemente hubiese sido cualquier cosa. ¡Yo mismo me asusto! ¿Qué hubiesen sido otros si hubiesen tenido mis oportunidades de gracia que yo he tenido? Esto, me hace estremecer.

22.- Estamos ante el misterio del corazón y de la gracia.
RESPUESTA: Ante ese misterio más entiende el silencio que las explicaciones. ¡Qué difícil poder juzgar el corazón de los demás! ¡Y qué difícil el condenar a nadie por malo! Los buenos podemos ser malos y los malos pueden ser buenos. Es el misterio de la gracia y de la libertad.

23.- Realmente, Jesús partía un poco de su propia experiencia porque las mayores dificultades y las mayores resistencias las encontró precisamente en los sumos sacerdotes, sacerdotes y ancianos.
RESPUESTA: Cuando el ser buenos, no nos lleva a seguir abiertos a la gracia y a las llamadas de Dios, sino que nos encierra sobre nosotros mismos, nuestra bondad puede convertirse en el mayor obstáculo para dejar cambiar por el Evangelio. Hay unas frases en el Nuevo Testamento que cuando las escucho, me dan como una sacudida en mis seguridades.

24.- ¿Se puede saber cuáles son esas frases?
RESPUESTA: Las has escuchado muchas veces. Cuando aquel que encuentra a Jesús y va contarlo a los sumos sacerdotes y le preguntan por qué no lo has traído. Él responde: “Es que nadie ha hablado como él”. Indignados le dicen: “Empecatado, ¿cuándo has visto que alguno de nosotros le ha seguido?” Y en los Hechos de los Apóstoles, en un de las predicaciones se dice que “muchos se convirtieron, y que incluso algunos sacerdotes se convirtieron”. ¡Demasiadas resistencias al Evangelio!

25.- La razón pareciera ser el hecho de que los buenos tienen dificultad en ver a Jesús…
RESPUESTA: Lo dice Jesús mismo. “Y, aún después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis”. Hay un ver de quien viendo no ve. A los buenos nos asalta un peligro.

26.- ¿Qué peligro?
RESPUESTA: El peligro de los que están hartos y no tienen hambre.

27.- Claro, el que no tiene hambre se preocupa poco de los que sí tienen hambre.
RESPUESTA: Algo más. El que está lleno, satisfecho, corre el peligro de no buscar, de no necesitar de más cosas. Como ya soy bueno, como que ya me resigno a lo que soy y no siento necesidad de cambiar. ¡Yo ya soy bueno! Por eso una de las mejores oraciones de los buenos debiera ser ésta…

28.- ¿Cuál?
RESPUESTA: Señor, que no me sienta satisfecho con lo que soy porque sé que tu gracia siempre me pide algo más.

29.- Digamos que los malos tienen que orar para ser buenos y los buenos para ser mejores.
RESPUESTA: Los malos tienen que rezar para que el Señor los haga buenos. Los buenos tienen que rezar para ser mejores. Los que son mejores tienen que rezar para ser santos. Y los santos tienen que rezar para ser más simpáticos.

30.- Esta es una cadena que no termina. Nunca vamos a poder decir que ya hemos llegado…
RESPUESTA: Esta es precisamente la maravilla de la gracia. La gracia es una vida. Y la vida es todo un proceso infinito de superaciones. Nunca podremos decir que “ya hemos llegado”, porque siempre habrá una meta superior. Por algo nos dice Jesús que seamos perfectos como “vuestro Padre celestial es perfecto”.

31.- Ahora entiendo lo que usted repite con frecuencia. El peligro de los buenos es quedarse en buenos y, claro, entonces su bondad, los satisface y no les abre el apetito para ser más…
RESPUESTA: La mayor gracia que Dios nos puede conceder a los buenos, es hacernos sentir que por delante todavía queda mucha novedad y que tenemos que estar abiertos a las llamadas de la gracia cada día en nuestras vidas.

32.- ¿No será también esta la causa por la que, con frecuencia, los buenos nos resistimos a los cambios, a la novedad del Espíritu?
RESPUESTA: Nos han convencido de que tenemos que ser buenos y no nos han abierto el apetito de ser santos. Yo pensaría en una pastoral, no de ser buena gente, sino en la Pastoral de la santidad. De hecho, San Juan Pablo II entre las líneas básicas para la pastoral del Tercer Milenio, el primer horizonte que nos propone es el llamamiento de todos a la santidad.

33.- ¡Padre Clemente! ¿Y a nuestra edad qué hacemos?
RESPUESTA: ¿Ya te has olvidado de la parábola de los obreros contratados en la plaza? Los hay de primera hora, pero también los hay del atardecer. Para Dios nunca es tarde. Para Dios siempre estamos a tiempo. Para la gracia siempre estamos a tiempo. Lo que importa realmente si a nuestra edad nos decidimos.

34.- Amigos que nos escuchan: aquí teníamos que llegar… Que la vida es un camino y que no podemos quedarnos sentados en cualquier recodo pensando que hemos llegado. A mi edad ya no me queda sino deciros: ¡También nosotros podemos cambiar y llegar lejos!

DESPEDIDA: Pues sí. Hagamos de nuestras vidas no vanas palabras. Hagamos de la vida una verdadera vida. Sintamos la alegría de que siempre queda mucho por delante, de que iempre estamos a tiro de la gracia.

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