Domingo es Fiesta

Domingo 4 – A | Sermón de la montaña

“Dichosos…”

Proclamamos el Santo Evangelio según san Mateo 5,1-12a:

En aquel tiempo, al ver Jesús la muchedumbre, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles:

“Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra.

Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados.

Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados.

Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Dichosos lo que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

Dichosos ustedes cuando los insulten y los persigan y los calumnien de cualquier modo por mi causa. Estén alegres y contentos, porque se recompensa será grande en el cielo”.

PALABRA DE DIOS.

1.- ¿Es usted dichoso? ¿Es feliz?
RESPUESTA: Comenzamos bien, con tiros al arco.

2.- Es que tanto repetir “dichosos, dichosos, dichosos” hasta ocho veces, me supongo que usted, como gente buena, tendrá que ser un especialista en esto de la felicidad.
RESPUESTA: Por lo que pueda suceder, te diré que esos ocho dichosos no los dijo Jesús sólo para mí, también estaba pensando en ti. No lo olvides. Por tanto, te puedo devolver elegantemente la pregunta.

3.- Oiga, Padre, ya me está usted desviando el balón a córner…
RESPUESTA: Bueno, yo sé que la felicidad es para todos y que el Señor nos invita a esa felicidad nueva. Una felicidad que no viene tanto de las cosas que deseamos o tenemos, sino de unas actitudes del corazón. Y aquí es donde podemos equivocarnos todos…

4.- ¿Por qué equivocarnos todos?
RESPUESTA: Por una razón muy sencilla. Todos queremos ser felices. Todos buscamos la felicidad. Unos logran ser felices y otros no. Todo depende de donde la busca cada uno.

5.- Alguna vez le escuché a usted mismo decir que siendo una la felicidad, todos tenemos nuestra propia felicidad.
RESPUESTA: Y esto nos lo dice la vida diaria. Todo depende qué busca tu corazón y el mío. Qué busca y que encuentra cada uno. Un amigo mío graficaba esto de una manera muy clara. Decía él que el chancho era feliz revolcándose en la poza sucia. Yo me recuerdo de esta afirmación cada vez que, en esos programas de animales del Discovery, vemos a los elefantes buscando agua y cuando encuentran una poza se revuelvan felices en el barro y quedan hechos una calamidad.

6.- ¿Significa que cada corazón es feliz a su manera?
RESPUESTA: El corazón sólo puede ser verdaderamente feliz cuando encuentra su auténtica armonía, cuando descubre los verdaderos valores y cuando encuentra aquello que es capaz de llenar las verdaderas aspiraciones.

7.- Padre Clemente, estas ocho bienaventuranzas de Jesús ¿quieren ser realmente un catálogo de cosas para quien busca la felicidad?
RESPUESTA: Ciertamente que las ocho bienaventuranzas son una invitación a la felicidad, pero son mucho más. O si quieres, son los caminos que pueden llevar a al hombre a la felicidad. Una felicidad muy distinta a la que la mayoría de nosotros piensa.

8.- ¿Por qué una felicidad distinta a la que nosotros pensamos?
RESPUESTA: Porque con frecuencia nosotros confundimos felicidad con placer. Felicidad con tener. Felicidad con no sufrir. Felicidad con pasárnoslo bien. Es decir, una felicidad que nos viene de afuera. Una felicidad que nos viene de los demás.

9.- ¿Y la felicidad que propone Jesús?
RESPUESTA: Es una felicidad fuente, es decir, que brota de nosotros mismos, que nos nace de dentro. Yo la llamaría la felicidad fruto de la “conversión del corazón”. Una felicidad que es fuente y manantial y que nace de la entraña misma de nosotros, de nuestro corazón. Es la felicidad del ser más que la felicidad de tener.

10.- ¿En qué sentido las bienaventuranzas son fuente de esa felicidad fuente o manantial que usted dice?
RESPUESTA: Clarifiquemos un poco las cosas. En primer lugar, cuando Jesús dice “bienaventurados” o “dichosos” o “felices”, porque de todas esas maneras se suelen traducir sus palabras, no nos está diciendo que seamos felices. Primariamente, sería como una especie de felicitación… Es como cuando decimos a alguien “te felicito por el éxito”, te “felicito por el triunfo”. En segundo lugar, es una felicitación no por algo que lograrás algún día, sino por algo que existe en tu corazón.

11.- Felicitación por algo que ya existe en el corazón, ¿qué es ese algo?
RESPUESTA: Felicitaciones porque vives dentro de ti la conversión de tu corazón. Vives los nuevos valores del Reino. Vives la novedad de Dios dentro de ti. Y, por tanto, felicitaciones por los nuevos deseos y nuevos anhelos que hay en ti, por las nuevas actitudes que brotan de tu corazón.

12.- ¿Se puede saber cuáles tienen que ser esas nuevas actitudes?
RESPUESTA: Si te fijas en el texto de las bienaventuranzas que tú mismo has leído te darás cuenta de que unas son realidades que tú vives, otras son actitudes tuyas frente a los demás, y otras son actitudes tuyas frente a las actitudes de los demás para contigo.

13.- Vayamos por partes. ¿Podría enumerar cada una de estas actitudes?
RESPUESTA: Veámoslas así, actitudes internas o vivencias internas nuestras: el sentido de desprendimiento del corazón en relación con las cosas.

14.- ¿Cómo la expresa Jesús?
RESPUESTA: Dichos los pobres en el espíritu. Es decir, nuestra actitud de libertad desprendimiento del corazón en relación a las cosas. Tu experiencia y la mía nos dicen claramente que una de las cosas que más nos esclavizan y más nos hacen sufrir son los bienes materiales, las riquezas, “lo que tú tienes y yo no tengo”, lo “mucho que tienen unos y lo poco que tenemos otros”.

15.- Vayamos por la segunda actitud interna nuestra…
RESPUESTA: “Dichosos los que lloran y los que sufren”. Llorar y sufrir no son en sí mismos fuentes de alegría ni de felicidad. Pero hay lágrimas que terminan siendo muy dulces y sabrosas, esas son las lágrimas y los sufrimientos por los demás. Se trata de esa sensibilidad de nuestro corazón para con los demás.

16.- Digámoslo de otra manera, el sentido de solidaridad para con los otros.
RESPUESTA: Se trata de la sensibilidad de tu corazón con los hermanos que sufren. Recuerda lo que el Evangelio dirá muchas de Jesús: “sintió compasión”, “sintió lástima, pena”. O aquello que dice Juan con motivo de la muerte de Lázaro: “Y Jesús se conmovió profundamente en su espíritu”.

17.- Creo entender, se trata de esa actitud por la cual nos sentimos no sólo junto a los demás, sino en comunión de sentimientos con ellos.
RESPUESTA: Es la actitud que rompe y quiebra nuestro egoísmo y nos hace sentirnos hermanos y solidarios.

18.- ¿Vamos a otra de esas actitudes?
RESPUESTA: Dichos los que tienen hambre y sed de justicia. Se trata de aquellos que sufren por las injusticias entre los hombres. Estos sienten como una necesidad interior que les brota no de esa moda superficial de hablar de la justicia, sino como una necesidad profunda de su espíritu.

19.- Está usted diciendo que, a este tipo de personas, la justicia no es algo que se impone y se obliga desde fuera…
RESPUESTA: El espíritu de justicia no nace de la ley, les nace del corazón. Es como una especie de amor. Buscan la justicia como una exigencia de su amor a los demás.

20.- Leo aquí otras dos actitudes que sí me resultan extrañas. “Dichosos, dice, los misericordiosos y los limpios de corazón”. ¿Qué se esconde en el fondo de estas dos expresiones?
RESPUESTA: Dios felicita a quienes tienen un corazón misericordioso como el suyo. “Sed misericordiosos, dirá más tarde Jesús, como vuestro Padre es misericordioso”. Y aún tiene una frase mucho más tajante: “Misericordia quiero y no sacrificios”.

21.- ¿Y eso por qué?
RESPUESTA: Un corazón misericordioso es un corazón que ama por encima de las debilidades del otro. Lo ama a pesar de sus flaquezas y pobrezas. En el fondo es un amar al estilo de Dios que no nos ama porque somos buenos, sino para que lo seamos.

22.- ¿Y lo de limpios de corazón?
RESPUESTA: Tú sabes muy bien que más ve el corazón que los ojos. O, mejor dicho, el corazón ve a través de los ojos, pero son los ojos los que ven con el corazón. Cuando los ojos ven a través del corazón, vemos y miramos con amor. Y el mundo se ve distinto. Cada uno termina viendo fuera lo que lleva dentro. Si dentro llevo basura, termino viendo basura fuera.

23.- ¿Es esto lo que nos hacer ver el mundo de un modo diferente a nosotros los cristianos en relación con los demás?
RESPUESTA: Te voy a hacer una pregunta, ¿nunca has escuchado decir por ahí “siento gusto criticando, murmurando de los demás”? ¿No te parece un gusto raro? Es que hay personas que sólo han aprendido a ver la basura de la calle y de las personas. Yo tengo la impresión poniendo a Dios y poniéndonos nosotros en la ventana viendo pasar a la gente, estoy seguro de que los ojos de Dios ven mucha más bondad que nosotros. El que tiene el corazón limpio ve mucho mejor a Dios y ve mucho mejor a los hermanos.

24.- Vaya sacando, vaya sacando que creo que aún quedan cosas por ahí…
RESPUESTA: Claro que quedan. Por ejemplo, quedan todavía aquellos que consagran si vida trabajando por la paz. La felicidad no la tiene el que hace la guerra, ni siquiera el que la gana. La verdadera felicidad la tiene aquel que entrega su vida al servicio de la paz: el que trabaja por la paz en la familia, en el mundo del trabajo, en el país donde vive, el que lucha por la paz entre los pueblos y naciones. Sólo busca la paz quien tiene paz en su corazón.

25.- Hasta aquí, Padre, como que lo veo coherente todo, pero a Jesús creo que, a veces, se la pasa la mano.
RESPUESTA: ¿No se le pasará el corazón en vez de la mano? ¿No se le pasará la fe que tiene en nosotros en vez de desconfianza? Sospecho hacia dónde apuntas…

26.- Es que decir: “Dichosos vosotros los perseguidos por la justicia”. ¿No le parece un tanto excesivo?
RESPUESTA: Me parece algo maravilloso. Primero nos dijo lo dichosos que son quienes tienen hambre y sed de justicia y ahora nos pone la otra cara: ser felices cuando somos perseguidos por buscar y sembrar la justicia. ¿No es esta la realidad de tantos hoy en el mundo? Muchos de los mártires canonizados por San Juan Pablo II han sido víctimas por haber luchado por la justicia frente al mundo del poder y del tener y que generosamente han entregado sus vidas, víctimas, ellos, de la injusticia de los poderosos.

27.- Tal vez habría que confesar que el nuevo estilo de santidad en los últimos tiempos está marcado, ahora que usted me lo recuerda, por los mártires de la justicia.
RESPUESTA: Y esos no trataron de sacarle el cuerpo a la muerte. Prefirieron dar sus vidas por la justicia en la sociedad. Y algunos hasta con un humor estupendo. ¿Recuerdas el martirio de Tomas Moro?

28.- No tengo idea de qué me habla…
RESPUESTA: A Tomás Moro le cortaron de un hachazo la cabeza. Y cuentan que tenía una gran cabellera y un pelo muy bello. Antes de poner la cabeza sobre el tronco, dicen le dijo al que lo iba a degollar: “Amigo, ¿le puedo pedir un último favor? Le ruego que acomode bien mi cabellera para que no se estropee con el hacha.”

29.- Le iba a preguntar sobre lo que dice aquí Jesús de “dichosos y estén alegres y contentos”, pero creo que esto de Tomás Moro ya me lo ha explicado todo…
RESPUESTA: Ahora entenderás que todas estas cosas no se pueden hacer ni vivir por imposición desde afuera. Nadie puede sonreír en el dolor por mandatos. Esta alegría sólo es posible cuando nace y brota del corazón. Cuando nace del amor a Dios, al Evangelio y a los hermanos.

30.- Todo esto nos viene a decir que las bienaventuranzas tienen que nacer de la conversión y el cambio del corazón.
RESPUESTA: Todo esto nos viene a decir que Jesús nos quiere presentar un modo de ser y de estar en la vida diferente y que estos ocho enunciados son como la expresión y la esencia misma del Evangelio. Hasta pudiéramos decir que estas ocho bienaventuranzas son la síntesis del hombre nuevo en Cristo, del hombre que quiere ser también él buena noticia para el mundo.

31.- Padre, no puedo callar algo que siento aquí dentro. ¿No se estará equivocando la Iglesia?
RESPUESTA: Oye, hermanito, tendrás que ponérmelo más sencillo… ¿A qué te refieres?

32.- La Iglesia nos ha hablado y enseñado muchos los diez mandamientos, pero ¿no cree que nos ha enseñado y hablado muy poco de las bienaventuranzas?
RESPUESTA: Confieso que yo las aprendí de niño en el Catecismo, pero luego soy consciente de que en mi formación me han insistido más en los Mandamientos que en las Bienaventuranzas. Es decir, estamos formados más “en lo que tenemos que hacer” que en los ideales y retos y desafíos del Evangelio. En esto tengo que reconocer que a los jóvenes los mueve más un gran ideal que infinidad de preceptos que psicológicamente rechazan.

33.- Amigos, todos tenemos más una mentalidad de los mandamientos que de las bienaventuranzas. Yo le pediría a la Iglesia que no olvidemos los mandamientos, pero que nos aliente, nos anime ofreciéndonos más y con más ilusión el ideal de las bienaventuranzas. Quien no teme a los ideales, tampoco temerá luego las obligaciones.

DESPEDIDA: Seamos testigos del Evangelio, testigos de la novedad del Evangelio. Seamos la buena noticia de Dios, los hombres y mujeres de las bienaventuranzas.

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