Domingo es Fiesta

Adviento 2 – B | Preparen el Camino al Señor | IQC 2021

“Estén vigilantes”.

Santo Evangelio según san Marcos 13,33-37

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: “Estén despiertos y vigilantes: pues no saben ustedes cuándo llegará el momento.

Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno des sus criados su tarea, encargando al portero que vigilara.

Estén atentos, pues no saben cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a media noche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y los encuentre dormidos.

Lo que les digo a ustedes se lo digo a todos: ¡estén vigilantes!”.

Palabra del Señor.

Palabras de Clemente:
Amigos de cada domingo, dos estupendas noticias. La primera, Dios nos ofrece el consuelo de su amor y de su gracia. Da por pagados nuestros pecados y ahora nos ofrece la consolación de su gracia. La segunda noticia, nosotros somos los que estamos llamados a preparar los caminos de Dios hacia los hombres. ¿No os parece interesante todo esto?

1.- Ha comenzado usted muy optimista. ¿Dan para tanto los textos de hoy?
RESPUESTA: Los textos de hoy dan para esto y para mucho más. Yo pienso que debiéramos leer la Palabra de Dios como la palabra de la esperanza, la palabra que alumbra los caminos y la palabra que cada día nos invita a lo nuevo.

2.- ¿Le puedo pedir un favor?
RESPUESTA: ¿Cómo no?

3.- ¿Nos podría sintetizar los textos de Isaías, los de Pedro y el Evangelio, cada uno en una frase?
RESPUESTA: No es fácil resumir a cada uno en una frase, pero haremos un intento. Isaías anuncia el consuelo de Dios que ha perdonado los pecados de su pueblo, pero añade algo más: invita a subir a la cima de los montes y gritar fuerte anunciando la presencia de Dios en medio del pueblo. San Pedro, por su parte nos dice algo bien importante, Dios es fiel y cumplirá sus promesas, por más que nosotros prensemos que Dios tarda demasiado. Finalmente, Marcos en el Evangelio nos presenta el otro gran profeta del Adviento: a Juan el Bautista despertando a la gente para que se prepare a recibir al Mesías que ya está cerca.

4.- Padre, corríjame si me equivoco. ¿No cree usted que hoy tenemos poca capacidad para consolar a los que sufren?
RESPUESTA: El pueblo al que habla Isaías es un pueblo que acaba de pasar por la dolorosa experiencia del destierro. Es un pueblo que se siente abatido y con una gran conciencia de culpabilidad. Sus infidelidades a Dios son la causa de su suerte. Isaías siente que Dios le pide que diga palabras de consuelo al pueblo, que levante el espíritu decaído, que le devuelva la confianza y la esperanza.

5.- Que levante el espíritu decaído del pueblo… Esto supone una gran sensibilidad hacia el pueblo y una tarea no siempre demasiado fácil.
RESPUESTA: Una de las cosas que Jesús nos enseñó en el Evangelio es no endurecernos frente a la realidad de los demás, sino sensibilizarnos, sentirla como algo propio, meternos en la realidad misma de la gente. Dios no nos quiere espectadores del dolor y del sufrimiento de los demás.

6.- Todo eso muy bien, ¿qué sucede cuando uno no puede solucionar el problema de los demás?
RESPUESTA: Yo estoy convencido de que los demás no esperan que otros les solucionen sus problemas. Lo que la gente espera es ver que nosotros no somos ajenos a sus problemas. Ver que nos solidarizamos con ellos y que, por tanto, sufrimos con ellos y en ellos. La gente necesita más del calor de nuestra presencia y de unas palabras de aliento.

7.- ¿Con palabras se pueden solucionar los problemas?
RESPUESTA: No. Nuestras palabras no solucionan los problemas de nadie, pero pueden ser un estímulo y un aliento para que cada uno pueda afrontar con mayor ilusión y esperanza sus problemas.

8.- Esto implicaría una especie de cultura de la solidaridad…
RESPUESTA: Esto implica una cultura de la sensibilidad para con los demás; una cultura de cierta ternura para con los demás; una cultura de la solidaridad. ¡Cuánto nos ayudaría en la vida saber que mis problemas no solo me duelen a mí, sino que también duelen a aquellos que me rodean!

9.- ¿En qué se basa Isaías para llevar unas palabras de consuelo al pueblo?
RESPUESTA: El pueblo interpreta su suerte como consecuencia de sus infidelidades a Dios. No culpa a Dios de su suerte, asume su responsabilidad. Dios quiere decirle al pueblo que sus pecados ya están lavados, perdonados y que, por tanto, se abren nuevos caminos en la vida del pueblo.

10.- Dígame con sinceridad, leído esto en nuestra realidad ¿qué nos dice?
RESPUESTA: Muchas cosas. El pueblo necesita palabras de esperanza. La gente necesita, no que la hundan más con amenazas, sino que sembremos en ella la esperanza. Algo que yo creo bien interesante en nuestra cultura religiosa hoy.

11.- ¿Qué cosa?
RESPUESTA: Nosotros tenemos la manía de culpar a Dios de todo lo que nos sucede, cuando en realidad sabemos que Dios no es el que nos manda las cosas malas, sino que de ordinario sufrimos por culpa nuestra. Mientras sigamos pensando que “Dios me castiga” dejaremos que sea Él quien me solucione el problema.

12.- Y si no es Dios quién es entonces…
RESPUESTA: Nosotros mismos. ¿Acaso sufren los hijos por causa de Dios o porque los padres no saben amarse? ¿Acaso hay hambre en el mundo porque Dios nos quita el pan de las manos o porque nosotros acaparamos lo nuestro y lo de los demás? ¿Acaso es Dios quien nos envía los virus que nos enferman? ¿No seremos nosotros que mantenemos sucias las ciudades llenas de basurales?

13.- Padre, decía usted, que Dios enviaba a Isaías a subirse al monte y desde la cima gritar: “Aquí está vuestro Dios…”. ¿Hay que subirse a los montes?
RESPUESTA: Los montes son aquí un símbolo. Una imagen. Quiere decir que a Dios hay que proclamarlo abiertamente. Hablar de Dios y anunciarlo en voz alta, que todos puedan enterarse.

14.- ¿Válido para hoy, no le parece?
RESPUESTA: Tenemos miedo a hablar de Dios. Yo diría que, incluso los creyentes sufrimos el complejo del miedo a hablar clara y públicamente de Dios. Como si de Dios hubiese que hablar en voz bajita para que los demás no se enteren.

15.- Sin embargo, también hoy el mundo necesita se le hable de Dios.
RESPUESTA: Dios quiere ser proclamado. Los hombres decidirán si quieren escucharle, pero hay que anunciarlo y anunciarlo en voz alta. Anunciarlo siempre y en todas partes. Cuantos callamos por miedo, por vergüenza, estamos de alguna manera oscureciendo el rostro de Dios. San Juan Pablo II fue un modelo. Hablase donde hablase, él insistía en proclamar a Dios en público.

16.- Una buena tarea para todos los cristianos…
RESPUESTA: Ante un mundo que trata de silenciar a Dios, nosotros debiéramos gritarlo. Ante una cultura que silencia a Dios, los cristianos estamos llamados de proclamarlo ante el mundo. Sencillamente no podemos callar.

17.- Padre, usted decía que el mensaje de la Carta de Pedro era que Dios es fiel y cumplirá sus promesas. ¿Podía clarificar un poco esto?
RESPUESTA: Muy sencillo. Dios no nos puede fallar. Dios es fiel a sus promesas y lo que promete lo cumple. Cuando Isabel saluda a María le dice: “Dichosa tú que has creído, porque lo que se te ha dicho, se cumplirá”. Dios siempre cumple.

18.- Cumple, pero, con frecuencia, tarde demasiado.
RESPUESTA: Pues mira, a eso te responde la Carta de Pedro. Nosotros nos manejamos con el reloj en la mano. Y claro Dios no tiene reloj. Nosotros quisiéramos que las cosas sucediesen como cuando vamos a sacar un refresco en esas máquinas: metemos unos solos, apretamos un botón y sale de inmediato.

19.- ¿No lo ve lógico?
RESPUESTA: Según nuestros criterios y modos de ver, claro que es lógico. Pero si nos ponemos en la lógica de Dios, las cosas cambian. ¿Recuerdas cuando Isaías anuncia al Mesías y dice “ya está” no lo veis? Y El Mesías tarda todavía casi siete siglos… Dios llegará siempre tarde según nuestros criterios, pero llegará siempre a tiempo según sus planes. Por eso en esta lectura de Pedro se nos dice que “para el Señor un día es como mil años y mil años como día”.

20.- Oiga, Padre, si cada día de espera son mil años ¿para quién es la ayuda de Dios?
RESPUESTA: Todo esto significa sencillamente que Dios no tiene prisas y que la esperanza no puede ser medida por nuestras urgencias, sino por los proyectos de Dios. Somos nosotros quienes tenemos que entrar en los planes de Dios y no Dios en los nuestros.

21.- ¿Por qué Dios tiene que esperar tanto?
RESPUESTA: Por una razón muy sencilla porque “Dios tiene mucha paciencia”. Dios no es impaciente ni para responder a lo que le pedimos, ni para exigir nuestra respuesta”. “Lo que ocurre, dice Pedro, es que tiene mucha paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie perezca, sino que todos se conviertan”. Por eso Dios hace tiempo perdió el reloj y sigue esperándonos. Antes de perdernos, Dios prefiere esperar…

22.- ¿Cuánto tiempo puede esperar Dios nuestra respuesta?
RESPUESTA: ¿Cuánto tiempo? Pues, a decir verdad, todo el que sea necesario. Si algo podemos decir de Dios es que como cantamos “Dios no se cansa de esperar”. ¿Tendremos nosotros la misma paciencia para esperar a Dios en nuestras vidas?

23.- ¿Qué pasa con este nuevo profeta que llamamos Juan el Bautista?
RESPUESTA: Pues, ahí está como todo un símbolo para el cristiano de hoy y de todos los tiempos. Gritando en el desierto. Anunciando en el desierto. Proclamando la buena noticia de Dios que está ya ahí a las puertas.

24.- ¿En el desierto donde nadie le escucha?
RESPUESTA: Por mucho silencio que hagamos sobre Dios, siempre hay alguien que quiere escuchar cuando hablamos de Él. Nunca hablaremos inútilmente de Dios. Cuando alguien se decide a hablar de Dios siempre tendrá gente que quiere oír, escuchar.

25.- ¡Admiro su optimismo!
RESPUESTA: No se trata de optimismo. Se trata de la realidad. ¿Te has fijado lo que se dice en relación a la predicación de Juan? Habla donde no hay nadie; sin embargo, dice Marcos que “acudía gente de Judea y de Jerusalén”.

26.- Digamos entonces que el problema no es tanto de oyentes cuanto de anunciantes…
RESPUESTAS: Las dos cosas. Es posible que muchos no quieran saber nada de Dios. Como es posible que muchos seamos demasiado prudentes para hablar de Él. Sobre todo, sabiendo que de Dios tampoco se puede hablar de cualquier manera.

27.- ¿En qué sentido no se puede hablar de Dios de cualquier manera?
RESPUESTA: De Dios sólo hablan bien los testigos. Los que han sentido y experimentado hondamente a Dios. Dios no quiere propagandistas, ni vendedores de su imagen. Dios quiere testigos.

28.- ¿A qué llama usted testigos en este caso?
RESPUESTA: Testigo es el que ha visto, el que ha oído, el que ha experimentado. Testigo es el que vive de verdad a Dios en su vida.

29.- Lo cual nos está diciendo que más hablamos con la vida que con la palabra?
RESPUESTA: Las dos cosas se necesitan. Necesitamos testigos que hablan y necesitamos que los que hablan sean testigos.

30.- Sin embargo, Padre, Juan está anunciando a un Jesús al que todavía no conoce ni ha visto.
RESPUESTA: Juan siente la llamada de Dios que lo envía y lo envía como profeta. También él habla de lo que aún no ha visto, pero sí conoce por revelación de Dios. Él se sabe simple mensajero, pero es consciente que aquel a quien anuncia es más que él, es el enviado de verdad.

31.- Quien hable de Dios será fácil encontrarle, pero testigos ya será un poco más difícil, ¿no le parece?
RESPUESTA: Yo pienso que nuestra dificultad para hablar y anunciar a Dios es precisamente nuestra falta de experiencia de Dios. Cuando uno ha sentido de verdad a Dios en su corazón no puede menos de hablar de Él. Por eso mismo, el mundo de hoy necesita tanto de los testigos porque, pese a este silencio de Dios, el mundo sí escucha a los verdaderos testigos.

32.- ¿Es por ello que hoy la gente tiene poco interés en escuchar a la Iglesia?
RESPUESTA: Cierto que hoy todo esto es un reto y un desafío para la Iglesia. Cuantos más testigos seamos de Dios, tanto más hablaremos de Él y tanto más creídos seremos. Estoy pensando en San Juan Pablo II, uno podía estar de acuerdo o no con él, pero siempre tenía algo que decir al mundo y el mundo le escuchaba. Le escuchaban los creyentes y los no creyentes. Esto se vio claramente en su muerte.

33.- Yo pienso, Padre, que hoy necesitamos testigos fuertes, tipo San Juan Pablo II, Santa Teresa de Calcuta. ¿Cómo conseguimos estos testigos?
RESPUESTA: No sólo San Juan Pablo II y la Santa Teresa de Calcuta. Yo creo que hay muchos testigos hoy. No hay una escuela para la formación de testigos. Lo que tenemos es un camino.

34.- ¿Y cuál sería ese camino?
RESPUESTA: Personalmente estoy convencido de que los dos grandes caminos para experimentar a Dios son la lectura y meditación de su Palabra y la vida de oración. Palabra y oración, oración y palabra. Esas son las dos fuentes del encuentro personal con Dios.

35.- Amigos de cada domingo, es posible que hoy no se nos pida subir a la cima de los montes para hablar de Dios. Hoy se nos pide hablar de Dios en las cumbres y en los llanos. Allí donde cada uno está. Ahí es donde, cada creyente ha de confesar su fe. Manifestar su fe. Decir su fe. Para ello posiblemente necesitemos creer más en el corazón aún de aquellos que puedan sonreírse de nosotros cuando hablamos de Él.

DESPEDIDA: Sí, amigos, Dios no nos falla. Él es fiel a su palabra y, en algún momento, cumplirá su palabra con nosotros. ¿Seremos capaces de creer en Él, aunque tengamos que esperar?

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