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Domingo 6 – C | Las bienaventuranzas

Jesús, levantando los ojos al cielo, les dijo: “Dichosos…”

Proclamamos el Evangelio de Jesucristo según San Lucas en el Capítulo 6, versículos el 17 y del 20 al 26:
En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se detuvo en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón.
Él, levantando los ojos hacia sus discípulos, les dijo:
“Dichosos los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios.
Dichosos los que ahora tienen hambre, porque quedarán saciados.
Dichosos los que ahora lloran, porque reirán.
Dichosos ustedes, cuando los hombres los odien, y los excluyan, y los insulten, y desprecien el nombre de ustedes como infame, por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, porque la recompensa de ustedes será grande en el cielo. Eso es lo que hacían sus padres con los profetas.
Pero, ¡ay de ustedes, los ricos!, porque ya tienen su consuelo.
¡Ay de ustedes, los que ahora están saciados!, porque tendrán hambre.
¡Ay de los que ahora ríen!, porque harán duelo y llorarán.
¡Ay si todo el mundo habla bien de ustedes! Eso es lo que hacían sus padres con los falsos profetas”.
PALABRA DE DIOS.

1.- Padre Clemente, ¿es usted feliz?
RESPUESTA: Pregunta de periodista. Pregunta que no deja escapatoria, ¿verdad?

2.- Más que pregunta de periodista, habría que decir que es pregunta de hombre, de persona, porque me imagino que, de una u otra manera, la felicidad es algo que todos buscamos.
RESPUESTA: Me siento feliz. Pero la felicidad siempre deja una interrogante en el fondo del corazón…

3.- ¿Por qué la felicidad deja siempre esa interrogante en el fondo del espíritu?
RESPUESTA: Porque uno puede sentirse feliz con muy poca cosa. Todo depende en qué pone cada uno la felicidad. Podemos sentirnos felices cuando pudiéramos serlo más. Pudiéramos creernos felices cuando Dios quiere para nosotros una mayor y mejor felicidad.

4.- Padre, ¿sáqueme de una duda? ¿Por qué realmente Jesús toma como elemento de referencia la felicidad, a la hora de marcar y señalar los rasgos y criterios esenciales del Reino?
RESPUESTA: Yo creo que por varias razones. En primer lugar, la felicidad es el ansia fundamental de todo corazón humano. Todos, absolutamente todos, queremos ser felices. En segundo lugar, porque el mismo Reino que Jesús nos anuncia viene a responder a las exigencias más profundas del corazón. Y, en tercer lugar, por la misma pedagogía de Jesús.

5.- ¿Qué tipo de pedagogía?
RESPUESTA: Jesús no es ningún teórico del corazón. Jesús nos habla desde nosotros mismos, nos habla desde los sentimientos más profundos. Cada vez que Jesús nos dice algo, como que nos sentimos tocados desde dentro. Cada uno nos sentimos tocados en las fibras más íntimas de nuestro ser.

6.- Lucas pone un marco un tanto solemne a este discurso de Jesús: le siguen los discípulos, hay gente proveniente de todas partes. ¿Por qué este marco tan universalista?
RESPUESTA: Por la misma significación del discurso. Con ese marco tan universal, Lucas nos está queriendo decir que lo que Jesús nos dice es fundamental y es para todos. No se trata de consejos particulares para éste o aquel grupo. En el Evangelio hay verdades que son universales para todos, indistintamente.

7.- ¿Tan importante es el discurso de las bienaventuranzas?
RESPUESTA: Muchos lo han comparado con la Antigua Alianza de Dios con su pueblo y consideran a las bienaventuranzas como el Nuevo Código de la Alianza, algo así como la nueva Carta Magna del Reino. Las ocho bienaventuranzas de Mateo, o la síntesis de las cuatro de Lucas, pudiéramos llamarles la esencia de todo el Evangelio.

8.- Usted dice que son como la “esencia del Evangelio”; sin embargo, tengo una cierta sensación de que en la Iglesia no se les ha dado entonces la debida importancia. ¿Coincide usted con mi apreciación?
RESPUESTA: Yo siento que todos, desde los de arriba pasando por todo el pueblo fiel, tenemos más clara nuestra conciencia sobre los Mandamientos que realmente sobre el sentido y el valor e importancia de las bienaventuranzas.

9.- Pero si son tan importantes, ¿por qué las bienaventuranzas siguen estando opacadas por los Diez Mandamientos?
RESPUESTA: Creo que puede obedecer a muchos factores. En primer lugar, todos tenemos un poco la tendencia a vivir desde la ley que desde el ideal. Todos nos acomodamos mejor a lo que “se puede y lo que no se puede”, que a lo que se “debiera”. Es decir, nos cuesta plantearnos la vida desde los grandes ideales, todos preferimos caminar a lo seguro de “lo bueno y lo malo”.

10.- Bueno, eso pudiera definirse como la “ley del mínimo esfuerzo”…
RESPUESTA: Exacto. Pero tú sabes que, a la larga, la ley del mínimo esfuerzo, termina siendo la “ley de ningún esfuerzo”. En las Bienaventuranzas, Jesús no presenta la ley de lo mínimo, sino la ley de lo máximo, la ley del ideal…

11.- Pero, muchas veces he escuchado decir que lo ideal es una aspiración legítima, pero no una obligación. En cambio, la norma de la ley es obligatoria.
RESPUESTA: Creo has apuntado algo muy delicado. Yo no entiendo que lo ideal sea una posible aspiración, pero no una obligación. Llegar a ser lo que podemos ser, no puede ser algo simplemente optativo. Todos estamos llamados a ser plenamente. Quien quiera ser plenamente tiene que vivir desde su ideal que es su plena realización. No tener en cuenta esto nos ha hecho mucho mal.

12.- ¿Cuál es ese mal del que somos víctimas por esa distinción entre lo que se “debe” y lo que “se puede”?
RESPUESTA: Cuando no ponemos como norma de vida los grandes ideales, terminamos crearnos una dualidad. Los llamados a la plenitud, los llamados a ser perfectos y santos, y los llamados a contentarnos con lo ordinario, la vulgaridad. En la Iglesia esto se ha manifestado de una manera que yo llamaría dolorosa…

13.- ¿Dolorosa? ¿Por qué?
RESPUESTA: Porque la inmensa mayoría del Pueblo de Dios ha vivido con una conciencia de resignación y no con la conciencia que por el bautismo todos estamos llamados a las grandes riquezas del Evangelio. ¿Crees que el Pueblo de Dios tiene conciencia de que todos están llamados a ser santos?

14.- Hasta hace poco yo tenía la idea de que la santidad era para ustedes los sacerdotes y los religiosos y los Obispos o el Papa. Ustedes eran los Generales del Ejército y nosotros la tropa o soldados rasos…
RESPUESTA: Y eso cuánto ha empobrecido a la Iglesia. De golpe, el noventa y nueva por cien de la Iglesia se declaraba contenta con ser tribuna norte o sur y el uno por cien, eran los de preferencia. Con esto hemos apagado los grandes ideales del Evangelio en medio de la Iglesia, además de una manera curiosa: resultaba que el bautismo engendraba cristianos mediocres, mientras que el sacerdocio era vocación para los grandes.

15.- ¿De qué manera el discurso de las Bienaventuranzas, marca los ideales fundamentales del Evangelio?
RESPUESTA: Porque las Bienaventuranzas afectan a la estructura fundamental de la persona y señalan los valores y los criterios típicos que configuran la novedad del Reino. Dicho de otra manera, las Bienaventuranzas señalan una lógica totalmente nueva, distinta de ver las cosas.

16.- ¿Cuáles son esos valores o criterios que marcan una nueva visión o mentalidad para valorar las cosas?
RESPUESTA: Piensa un poco y dime cuáles son los valores fundamentales del modo de pensar del mundo. ¿Me los quieres citar?

17.- Veamos si logro acertar… Para ser feliz, lo primero que nos imaginamos es tener mucho. Lo segundo, nosotros hacemos depender la felicidad de gozar mucho, evitar todo sufrimiento, que no nos falte nada. El tercer criterio yo diría que, con frecuencia, es el individualismo. Y el cuarto, es tener siempre éxito, que todos piensen bien de uno, que triunfemos siempre, independiente de los caminos para conseguirlo.
RESPUESTA: ¿Te das cuenta de que con estos cuatro enunciados has señalado los cuatro temas fundamentales de las Bienaventuranzas? Fíjate bien: Frente al ansia de tenerlo todo, la bienaventuranza de carecer de todo, de renunciar libremente a todas las cosas. Frente a esa indiferencia con los demás, el compartir los sufrimientos de todos. Frente al individualismo que sólo piensa en sí mismo, la solidaridad con todo el que sufre. Finalmente, frente a esa esclavitud por el éxito, dejarse perseguir, despreciar, e incluso encarcelar, por causa de los valores del Reino.

18.- Terapias un poco caras…
RESPUESTA: Es que los caminos del mundo como caminos de la plena realización del hombre son demasiado baratos. Pero, aun así, te advierto una cosa: los caminos del Evangelio son mucho más baratos y por cierto mucho más eficaces. Porque, dime con sinceridad: “esa ansia del tener”, ¿acaso da paz al corazón? ¿Me quieres decir cuántas personas enemistadas por unos metros de terreno? ¿Me quieres decir cuántos hermanos han dejado de hablarse por un pedazo de herencia? ¿Cuántas guerras no ha habido y sigue habiendo por dominar un poco más a los otros? ¿Recuerdas el cuento de aquellos dos monjes incapaces de pelearse nunca ni queriendo?

19.- Incapaces de pelearse ni queriendo. Francamente no me viene a la mente…
RESPUESTA: Dicen que había dos monjes y un día decidieron pelearse para saber qué era eso. Pusieron en medio un ladrillo, iban a discutir sobre de quién era el ladrillo. Comenzó el primero y dijo: “Este ladrillo es mío”. “Está bien”, respondió el otro. “Si es tuyo, quédate con él. Así no se puede discutir…”. Claro, cuando tenemos el corazón desprendido de las cosas, es imposible discutir sobre su posesión.

20.- Con lo cual, entiendo que usted quiere decir que, el ser pobres no es tanto una cuestión sociológica sino problema del corazón…
RESPUESTA: La bienaventuranza de los pobres no es la declaración de que todos los pobres sociológicos y económicos sean felices, se puede carecer de todo y vivir ansiándolo todo. La verdadera pobreza del Evangelio, tampoco es un desprecio de las cosas. La verdadera pobreza de las Bienaventuranzas es tener un corazón tan desprendido de todo que nuestro corazón no viva el apego del tener al precio que sea.

21.- Sin embargo, Padre, en una sociedad donde hay muchos necesitados y unos pocos que lo tienen todo, se corre el peligro de perder la paz reclamando derechos, e incluso se puede llegar a grandes enemistades entre los que tienen y los que no tienen.
RESPUESTA: Insisto. El discurso de las Bienaventuranzas no es ningún elogio al no tener, es el elogio al corazón que sabe mantener su libertad frente a las cosas, vive desprendido de ellas, por más que también las necesite.

22.- Digamos que para ser pobre según el Evangelio no hace falta renunciar a lo que se tiene, que basta ser pobre espiritualmente…
RESPUESTA: Un momento. La pobreza del Evangelio comienza por la libertad del corazón, por un corazón libre frente a las cosas. Pero también debemos tener en cuenta dos cosas fundamentales.

23.- ¿Cuáles?
RESPUESTA: Quién lo tiene todo, no es fácil que viva con un corazón totalmente desprendido. El tener, en sí mismo, despierta más ansias de tener más. El desprendimiento del corazón requiere, de alguna manera, el desprendimiento real de muchas cosas. Por su parte, aquellos que no tienen nada, si no han logrado la conversión de su corazón y sienten que Dios es el valor fundamental, tampoco se sentirán felices con lo poco que tienen.

24.- Creo haber entendido. Aquí también habrá que decir “aprender haciendo”…
RESPUESTA: Aprender haciendo. El Evangelio no se vive de teorías, hay que sentir sus consecuencias en la propia carne.

25.- Padre, se suele decir que las cosas no son malas, pero que siempre serán peligrosas.
RESPUESTA: Las cosas no son malas en sí mismas. Las cosas son malas en tus manos y en las mías.

26.- Un momento, ¿quiere usted decir que las cosas las hacemos malas nosotros?
RESPUESTA: Dime, ¿el dinero en sí mismo, como tal, es malo? Yo creo que no, pero cuando el dinero está en tus manos puede ser un gran peligro para comprar conciencias, dignidades, puestos etc., o, simplemente, para que lo amontones y no hagas partícipe de él a nadie, a veces ni a tu familia.

27.- En este marco, uno no está pendiente de si “es pecado o no es pecado”, si “es bueno o es malo”…
RESPUESTA: En este marco, no se vive la contabilidad del “hasta aquí sí, hasta allí no”. Aquí se vive el dinamismo de todo ideal. Los ideales rehúyen a los números y las matemáticas. Los ideales se presentan como metas, que cuanto más nos acercamos a ellas más se alejan de nosotros.

28.- A la luz de todo esto, ¿podremos decir que no hay un Evangelio para un grupo y otro Evangelio para otro grupo, sino que hay sino un Evangelio para todos?
RESPUESTA: Jesús no anunció ni vivió un Evangelio para los perezosos y otro para los generosos. No anunció un Evangelio selectos y otro Evangelio para los ordinarios, los de a pie. Todo el Evangelio es para todos. Las metas e ideales del Evangelio son para todos.

29.- Sin embargo, no es lo mismo ser seglar que sacerdote o religioso, son situaciones distintas…
RESPUESTA: Tú lo has dicho, lo único que nos diferencia son las situaciones particulares, situaciones que marcarán estilos diferentes, pero no diferentes ideales o metas. Tú casado, yo sacerdote, tenemos por delante un mismo ideal de santidad. Sólo que tú llegarás a través del matrimonio y yo llegaré a través de la vida religiosa, consagrada. Nos diferenciamos en los estilos, no en las metas.

30.- Digamos que vamos por caminos diferentes, pero nos encontramos al final del camino.
RESPUESTA: Caminos diferentes. Metas idénticas. Chau viejo, nos vemos el final del camino: santo tú y santo yo. Tú un santo casado y periodista, y yo santo religioso y sacerdote. Hasta luego, ¿ya?

DESPEDIDA: Si amigos, no creáis a quienes a quienes os recortan las alas. Dejad que vuestra meta última no sea la de ser buena gente, sino la de “ser santos”. ¿Ya?

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