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Domingo 12 – B | Pesca y fe | IQC2021

“¿Por qué son tan cobardes? ¿Aún no tienen fe?”.

Proclamamos el Evangelio de Jesucristo según San Marcos en el Capítulo 4 versículos del 35 al 40:

Un día, al atardecer, dijo Jesús a sus discípulos: “Vamos a la otra orilla”.

Dejando a la gente se lo llevaron en barca, así como estaba; otras barcas lo acompañaban. Se levantó un fuerte huracán, y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua. Él estaba a popa, dormido sobre un almohadón.

Lo despertaron, diciéndole: “Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?”.

Se puso en pie, increpó al viendo y dijo al mar: “¡Silencio, cállate!”.

El viento cesó y vino una gran calma. Él les dijo: “¿Por qué son tan cobardes? ¿Aún no tienen fe?”.

Se quedaron espantados y se decían unos a otros: “¿Pero quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?”.

PALABRA DE DIOS.

1.- Padre Clemente, el Evangelio de hoy me da la impresión de tener muchas versiones.
RESPUESTA: Todo el Evangelio tiene infinidad de versiones. Versiones personales en cada uno de nosotros. Versiones eclesiales. Versiones sociales. Al fin y al cabo, cada uno de nosotros es una versión del Evangelio.

2.- Creo que usted se ha ido por un camino, cuando yo me estoy yendo por otro. Yo me estoy refiriendo a que el texto de hoy aparece en otros momentos del Evangelio. Tempestad. Tener miedo. Hombres de poca fe…
RESPUESTA: Tienes razón. Hay temas que parecen repetirse con frecuencia, lo cual también nos está hablando de su importancia. ¿No descubres también una versión bastante parecida en la Iglesia estos últimos años?

3.- Si no me equivoco estamos en la línea de San Juan Pablo II: “Remar mar adentro”.
RESPUESTA: Exactamente. Los últimos años de su vida, Juan Pablo II insistió mucho a la Iglesia, sobre todo pensando en la Iglesia del Siglo XXI, a que dejase la orilla y se aventurase a remar mar adentro. A dejar y abandonar las seguridades de la orilla para arriesgarse donde la mar es más brava.

4.- Esto me hace pensar en una de nuestras realidades. Cerca de la orilla se da la pesca artesanal. Pero la gran pesca, la pesca industrial, hay que buscarla mar adentro.
RESPUESTA: Me encanta tu imagen. Porque creo que los cristianos nos dedicamos demasiado a la pesca artesanal, cuando en realidad el Señor nos ha ordenado dedicarnos a la pesca industrial, la pesca grande. Claro que también una pesca de mayor riesgo.

5.- ¿Cómo encaja en realidad todo esto con el Evangelio de hoy?
RESPUESTA: Yo lo veo como un evangelio eclesial. Un momento de experiencia de Iglesia. La Iglesia no es para instalarse en el dique seco donde no hay riesgo. La Iglesia está llamada a “ir a la otra orilla”. Un poco en paralelo a lo que tú recordabas de “remar mar adentro”.

6.- ¿Qué significa en realidad este “vamos a la otra orilla”?
RESPUESTA: Es como una especie de envío de Jesús. Vamos a la otra orilla. Vamos a los que no están en nuestra orilla, sino a los que están al otro lado. Posiblemente no son de los nuestros, pero a ellos también debe llegar también el Evangelio.

7.- Ya que de versiones estamos hablando, ¿cómo traduciría usted hoy este “vamos a la otra orilla”?
RESPUESTA: La Iglesia vive de un mandato y de una misión. La Iglesia, lo hemos repetido muchas veces, no es para ella misma. La Iglesia no es para la Iglesia. La Iglesia es para el hombre, para la humanidad, para el mundo. La Iglesia no es para los que están en la Iglesia. La Iglesia es para los que no están en la Iglesia.

8.- Padre Clemente, usted insiste mucho desde hace una temporada, en el hecho de que “la Iglesia” no es para la Iglesia sino para el mundo, para el Reino. ¿Se puede saber por qué?
RESPUESTA: Cada uno tiene su propia experiencia de Iglesia. Yo siento que la Iglesia como que tiene miedo a lo que la rodea y vive demasiado preocupada por ella misma. Y eso no la enriquece, más bien la asfixia. Lo que realmente da vida a la Iglesia es vivir entregada a su misión de anunciar el Reino en todas partes. “Id por el mundo entero”.

9.- ¿Por qué esta insistencia en el “ir en vez del estar”?
RESPUESTA: Porque la Iglesia no es un fin en sí mismo. El fin de la Iglesia es anunciar el Reino. En la medida en que anuncia el Reino será ella misma más Iglesia porque el anuncio del Reino la obligará a vivir ya en ella el Reino mismo.

10.- Veamos si lo he entendido…. El sentido de la Iglesia es la instauración del Reino.
RESPUESTA: Dime, Jesús qué predicó y anunció: la Iglesia como tal o el Reino. Las parábolas no dicen “la Iglesia se parece, sino el Reino de Dios se parece”. Ya sabemos que cuanto más se empeña en anunciar y realizar el Reino de Dios, tanto mejor Iglesia será. Te voy a poner unos ejemplos bien sencillos: “¿Te sirve de algo tener sal delante de ti, acariciarla, que nadie la toque?”

11.- La sal no es para ser acariciada y tenerla limpia delante de uno, sino para echarla a la comida.
RESPUESTA: Así es la Iglesia. La Iglesia es sal que debe condimentar la historia de los hombres. Ella debe conservar su verdad de Iglesia, pero para trascenderse luego en Reino de Dios.

12.- Digamos que tenemos que salirnos de allí donde nos sentimos cómodos y pasar a la otra orilla, donde uno sabe lo que le espera…
RESPUESTA: Exacto. Tenemos que salir de nuestras colleras de amigos creyentes y meternos, ir al otro lado, donde están los que aún no creen, aún no viven, o que si han creído lo han abandonado. La Iglesia no es un sacramento para la Iglesia misma, sino para todos los hombres. El Vaticano II la llama con una imagen muy bella…

13.- ¿Cuál es esa imagen?
RESPUESTA: Llama a Jesús “luz de los pueblos” y luego dice “desea vehementemente iluminar a todos los hombres con su claridad, que resplandece sobre la faz de la Iglesia, anunciando el Evangelio a toda criatura”. Y añade: “Y como la Iglesia es en Cristo como un sacramento o señal e instrumento de íntima unión con Dios y de unidad de todo el género humano…” (LG 1).

14.- Entonces cuál es la verdadera relación entre Iglesia y Reino de Dios…
RESPUESTA: El concilio lo dice claramente: “la Iglesia… recibe la misión de anunciar el Reino de Cristo y de Dios, establecerlo entre todas las gentes, y constituye en la tierra el germen y el principio de este Reino”.

15.- Según esto entiendo que la orden de “vamos a la otra orilla” compromete seriamente a la Iglesia, porque es sacarla del calorcillo de los templos y hacerla presente allí donde con frecuencia la gente no tiene interés por esas cosas…
RESPUESTA: ¿Qué sucede en el Evangelio de hoy cuando están haciendo la travesía “a la otra orilla”?

16.- Aquí dice que se levantó un fuerte huracán y las olas rompían contra la barca…
RESPUESTA: ¿Te has dado cuenta de la belleza de la imagen? No. No es fácil salir del hogar caliente de la fe, para adentrarse, acercarse y buscar a los que están en la otra orilla de la fe: los que niegan a Dios, los que prescinden de Dios, los que quieren un mundo sin Dios. Es decir, nunca será fácil anunciar a Dios a aquellos que no quieren saber nada de Él…

17.- ¿Estamos diciendo que el anuncio del Reino pone a la Iglesia en situaciones difíciles y de crisis?
RESPUESTA: Sigamos leyendo el texto del Evangelio… Lee el versículo 37 entero.

18.- “Y las olas rompían contra la barca hasta casi llenarla de agua”.
RESPUESTA: ¿Entiendes ahora? Cuando la Iglesia quiere darle otro sabor a la vida, y quiere iluminar con otra luz la vida de los hombres, quiere que la economía esté al servicio de todos los hombres y no solo al servicio de algunos, y cuando pide a los políticos ser servidores de la comunidad, y quiere anunciarles el Reino de Dios, no se quedan callados: Gritan y protestan y se defienden y atacan a la Iglesia.

19.- Ahora comienzo a entender algo de la primera Iglesia… Una Iglesia perseguida, con miles de mártires, por la sencilla razón de que “era un peligro para el imperio”.
RESPUESTA: La Iglesia cuando es verdadera semilla del Reino y anuncia valientemente el Evangelio del Reino, siempre es y será un peligro para cuantos se sienten cómodamente bien, para cuantos vivimos tranquilos por más que la mayor parte de los hombres no pueda vivir una vida humanamente digna. Todos hablamos de la verdad, pero nadie quiere que le digan su verdad…

20.- Lo que me resulta difícil entender es que, en medio de una tempestad, sobre todo teniendo en cuenta de que aquellas barcas no eran precisamente trasatlánticos, Jesús se diese por no entera y se durmiese hasta roncar…
RESPUESTA: Es la otra imagen bellísima de la Iglesia.

21.- ¡Imagen bellísima de la Iglesia…! ¿Hundiéndose ellos y Él dormido? Difícil de entender esa belleza, ¿no cree?
RESPUESTA: La Iglesia somos nosotros y somos nosotros los que constantemente tenemos que estar pasándonos a la otra orilla. Jesús sigue presente en la Iglesia, pero dando la impresión de no estar. Él lo dijo, “no os dejaré solos”, su presencia será una presencia de fe. Ël deja que seamos nosotros los que remamos, los que anunciamos, los que pasamos a la otra orilla corriéndonos el riesgo del Evangelio.

22.- Padre, disculpe, ¿para qué queremos un Jesús roncando y durmiendo?
RESPUESTA: Para decirnos que tengamos fe. Para que sigamos creyendo en el Evangelio, por más que los demás nos rechacen. Que sigamos creyendo en el Reino de Dios, por más que los otros se rían de nosotros, y sintamos incluso a veces que perdemos el tiempo.

23.- Todo lo que usted quiera, pero, Jesús en vez de darles una palabra de aliento, todavía los recrimina y les hace sentir peor…
RESPUESTA: Perdóname, pero yo no lo leería así, como tú lo lees. Tú te estás refiriendo al versículo 40, ¿verdad?

24.- Se los voy a leer: “Él les dijo: ¿por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?”. Los pobres estaban asustados y Él todavía les echa en cara sus miedos…
RESPUESTA: Pues a mí me encanta su respuesta. Porque creo que ahí nos da la clave de muchas de nuestras cobardías. Hay que salir del calor de hogar. Hay que pasar a la otra orilla. Hay que ir allí donde nadie tiene interés por Él, pero para ello se necesitan dos cosas fundamentales en la Iglesia.

25.- ¿Cuáles?
RESPUESTA: Una profunda fe y el coraje que da la fe. No es el poder de la institución la que da valentía a la Iglesia. Lo que da valentía a la Iglesia es vivir con hondura la fe en el Evangelio y en Jesús, incluso cuando todo parece estar en contra. Luego la Iglesia tiene que liberarse del miedo. Esos miedos que, con frecuencia, nos paraliza a todos y nos impide caminar al ritmo del Espíritu.

26.- Padre, ¿cuáles serían las otras orillas a las que la Iglesia está llamada a pasar?
RESPUESTA: Yo pienso que son muchas. La Iglesia está llamada a anunciar el Evangelio a todo el mundo y a toda criatura. Por eso, la Iglesia está llamada a entrar en diálogo con todas las religiones. Está llamada a entrar en diálogo con todas las culturas. Está llamada a entrar en diálogo con los políticos, los economistas, el mundo laboral, el mundo empresarial. Es decir, la Iglesia abrir todas sus puertas. No cerrarse a nada ni a nadie.

27.- ¿Cree usted que la Iglesia tiene respuestas para todos?
RESPUESTA: Yo no he dicho que la Iglesia tenga respuestas para todo ni para todos y esto lo sabe también la misma Iglesia. Yo he dicho que tiene tender sus manos y entrar en diálogo de verdad y caridad. No excluir a nadie. Incluirlos a todos y llevar a cabo el diálogo ecuménico y juntos acercar las orillas. Juntos saber buscar la verdad de todos.

28.- No quisiera meterlo en líos y complicarle la vida. Pero, al menos visto desde nosotros los seglares, uno tiene la impresión de que la Iglesia hoy dialoga más con los de fuera que con los de dentro.
RESPUESTA: La Iglesia ha de comenzar por ser dialogante con ella misma. Me parecería una hipocresía que tú como padre de familia fueses muy dialogante y comprensivo con los hijos de tu vecino, y luego no fueses capaz de dialogar con los tuyos en casa. El diálogo ecuménico no puede ser una bandera que nos dé tono en la historia, sino consecuencia de una comunión de amor que se abre también a los de fuera.

29.- Eso me parece muy bonito, pero yo desearía que usted desde su propia experiencia perfilase un poco sobre ciertos diálogos necesarios dentro de la Iglesia.
RESPUESTA: Desde mi experiencia… Pues diría que se necesitaría más diálogo entre la llamada Iglesia Universal y las Iglesias Particulares. Más diálogo entre la jerarquía y los teólogos. Más diálogo entre los seglares y los Obispos y Párrocos y sacerdotes en general. Más diálogo entre los mismos movimientos eclesiales.

30.- Tengo la impresión, posiblemente equivocada, de que dentro de la Iglesia existen demasiadas fisuras.
RESPUESTA: Yo tengo la impresión de que existe mucha comunión institucional, pero no estoy seguro de que exista esa misma comunión al interior y que cada uno ocupa demasiado sus puestos. La comunión tiene que ser comunión de vida y de amor. Y esa es comunión interna. Sin esa comunión interna, lo otro puede quedarse en apariencia.

31.- San Juan XXIII al inaugurar el Concilio Vaticano II mandó a la Iglesia “abrir las ventanas” para que entrase una nueva brisa fresca”. ¿Me equivoco si digo que las ventanas se han comenzado a cerrar de nuevo?
RESPUESTA: La frase de San Juan XXIII me parece estupenda y no me atrevería a decir que hemos comenzado a cerrar de nuevo las ventanas porque, de hecho, la Iglesia que tú conociste hace cuarenta años no es la que hoy vives. Más bien yo diría que las ventanas comenzaron a abrirse, pero aún no se han abierto del todo.

32.- ¿Miedo a resfriarse?
RESPUESTA: No lo sé. ¿Será miedo a que el calorcillo de la estufa se nos vaya fuera, al parque?

DESPEDIDA: Bueno, amigos, todos estamos llamados a pasarnos a la otra orilla. Cada uno vea quienes están al otro lado y es preciso llegar a ellos.

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