Con la Familia

Amar a la Familia

Muchos decimos que amamos a la familia y es posible que sea cierto. Sin embargo, me parece oportuno citar aquí algunos rasgos que nos marcan el camino para amarla de verdad.

En la Exhortación Familiaris Consortio de Juan Pablo II sobre la familia, en la conclusión, nos pide “amar de manera particular a la familia. Se trata de una consigna concreta y exigente”. Y de inmediato nos indica los signos del verdadero amor a la institución familiar. Dice el Papa:

“Amar a la familia significa saber estimar sus valores y posibilidades, promoviéndolos siempre.
Amar a la familia significa individualizar los peligros y males que la amenazan, para poder superarlos.
Amar a la familia significa esforzarse por crear un  ambiente que favorezca su desarrollo.
Finalmente, una forma eminente de amor es dar a la familia cristiana de hoy, con frecuencia tentada por el desánimo y angustiada por las dificultades crecientes, razones de confianza en sí misma, en las propias riquezas de naturaleza y gracia, en la misión que Dios le ha confiado”.
“Es necesario que las familias de nuestro tiempo vuelvan a remontarse más alto. Es necesario que sigan a Cristo”. (F.C. n.86)

No se trata de palabrería fácil sobre la familia. Aquí se requieren actitudes claras y definidas.
En primer lugar, reconocer sus valores internos.
En segundo lugar, individualizar los peligros que acechan a la familia.
En tercer lugar, crear un clima que favorezca su desarrollo y maduración.
Y finalmente, despertar en la familia misma razones de esperanza, pero razones que existen dentro de ella misma.

No podemos hablar de la familia de una manera informal, o como suele decirse, “hablar de memoria sobre la familia”. Es preciso conocerla y conocerla a fondo. Las soluciones periféricas terminan por no solucionar nada.

También tenemos que conocer el ambiente en el que la familia se mueve, pues con frecuencia, es un clima y un ambiente que favorece muy poco su desarrollo.

Es preciso también conocer las verdaderas dificultades inherentes a la familia misma. No hay duda de que cada familia que nace, lleva dentro gérmenes de vida y gérmenes de muerte.

Este ambiente o estos signos de amor a la familia son válidos para todos, para los políticos, los legisladores y todos, porque todos somos responsables de la familia.

Iremos clarificando las cosas para que podamos caminar juntos.

Clemente Sobrado C.P.

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