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Domingo 22 – B | Culto vacío | IQC2021

“Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro”.

Proclamamos el Evangelio de Jesucristo según san Marcos 7,1-8.14-15.21-23

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un grupo de fariseos con algunos escribas de Jerusalén, y vieron que algunos discípulos comían con manos impuras, es decir, sin lavarse las manos.

Los fariseos, como los demás judíos, no comen sin lavarse antes las manos meticulosamente, aferrándose a la tradición de sus mayores, y, al volver de la plaza, no comen sin lavarse antes, y se aferran a otras muchas tradiciones, de lavar vasos, jarras y ollas.

Según eso, los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: “¿Por qué comen tus discípulos con manos impuras y no siguen la tradición de mayores?”.

Él les contestó: “Bien profetizó Isaías de ustedes, hipócritas, como está escrito: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mi. El culto que me dan está vacío, porque la doctrina que enseñan son preceptos humanos”.

Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios para aferrarse a la tradición de los hombres”.

Entonces llamó de nuevo a la gente y les dijo: “Escuchen todos y entiendan. Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. Porque dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfrenos, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro”.

PALABRA DE DIOS

1.- Padre Clemente, clarifíqueme de una duda… ¿Jesús se pasó la vida peleándose con todo el mundo?
RESPUESTA: Yo haría la pregunta al revés: ¿No será que la gente se pasó todo el tiempo peleando con Jesús? Porque, si examinas bien las cosas, no es Jesús quien comienza la discusión, sino la gente, los fariseos, los rescribas o los sacerdotes…

2.- ¿Y usted cree que era para armar un lío el hecho de que si se lavaban o no las manos los discípulos? ¿No tenían cosas más importantes que esas?
RESPUESTA: Muy buena tu pregunta. Es increíble el tiempo que solemos perder nosotros discutiendo de cosas secundarias y accidentales, y luego no tenemos tiempo para afrontar aquello que es realmente importante. Con frecuencia nosotros nos consideramos gente importante, y luego perdemos el tiempo discutiendo de sutilezas y de cosas sin importancia alguna. ¿Pero sabes quiénes pierden el tiempo en esas minucias?

3.- ¿Quiénes? Porque pienso que la mayoría de nosotros lo hacemos…
RESPUESTA: Hay gente, y hay cristianos, que pasan el tiempo discutiendo y armando líos en cosas secundarias y luego se olvidan de lo esencial, de lo verdaderamente importante. De ordinario, esto les sucede a quienes viven esclavos de la ley o, mejor, de sus propias leyes… Quienes viven del espíritu viven con mucha mayor libertad…

4.- ¿Qué es lo que realmente se cuestiona en este texto? ¿Qué es lo que el Evangelio nos quiere decir en este capítulo?
RESPUESTA: El Evangelio de hoy nos plantea varias cosas: la primera, que no podemos confundir las tradiciones de los hombres con la voluntad de Dios. La segunda idea: que no podemos confundir lo secundario con lo accidental. Y, lo tercero, que la verdad del hombre no está fuera, sino dentro del él. Por tanto, lo que tenemos que cambiar no es de jabón para lavarnos sino de corazón.

5.- Dice usted que Jesús nos quiere decir que no confundamos lo que son las tradiciones humanas con la voluntad de Dios. ¿Quiere esto decir que las tradiciones humanas contradicen la voluntad de Dios?
RESPUESTA: Vayamos despacio. Las tradiciones humanas pueden contradecir o no la voluntad de Dios porque no todo lo que nosotros hacemos ni cómo lo hacemos responde siempre a lo que Dios realmente quiere. Pero hay otra situación. La voluntad de Dios nosotros la vamos encarnando a lo largo de la historia de muchas maneras. No hay una sola manera de hacer las cosas. Es más, en cada época los hombres y los cristianos, tenemos sensibilidades diferentes, realidades diferentes y modos de leer la vida diferente.

6.- ¿Dónde está entonces el problema para hacer tanto lío?
RESPUESTA: El problema está en confundir los modos del hacer nuestro con la voluntad de Dios. Si hoy hacemos una cosa de una manera, ya siempre tiene que hacerse así. Como si los modos de hacer fueran tan absolutos como la verdad de Dios. Y esto suele tener varias consecuencias.

7.- ¿Cuáles suelen ser esas consecuencias de identificar nuestros modos de hacer con la voluntad de Dios?
RESPUESTA: La primera, nuestros modos de hacer pueden ser un grave obstáculo para todo cambio. En segundo lugar, no podemos confundir el modo de hacer las cosas, con la voluntad de Dios que puede expresarse de muchas maneras, en culturalmente de modo distinto en un lugar y en otro. Y, en tercer lugar, los modos de hacer de una época pueden no decir nada en otro momento de la historia.

8.- ¿Cómo se plantea esto aquí en el Evangelio de Marcos que hemos proclamado?
RESPUESTA: Ciertamente el lavarse las manos era una costumbre más humana que divina. Pertenecía más a lo que Jesús llama “tradición de los mayores”. Hay quienes, dice aquí Jesús con cierta ironía: “Se aferran a otras muchas tradiciones: de lavar vasos, jarras y ollas”. “Siguen la tradición de los mayores” o bien “Dejan a un lado el mandamiento de Dios para aferrarse a la tradición de los hombres”.

9.- El Evangelio parece bastante claro cuando distingue entre “tradición de los mayores o de los hombres” y el “mandamiento de Dios”.
RESPUESTA: El problema está cuando la tradición de los hombres la ponemos en el mismo nivel que el mandamiento de Dios. Los caminos nunca pueden ser absolutos porque hay muchos caminos para llegar al mismo sitio. Por tanto, ninguno es único ni absoluto. Pudiera darse que de tanto pensar en “éste camino” dejemos de andar y, por tanto, no lleguemos nunca a nuestro destino.

10.- ¿Es por ello que la gente suele calificar a la Iglesia de bastante tradicionalista?
RESPUESTA: No confundamos la tradición con los modos de encarnar la tradición. La tradición es la historia de la verdad que llega hasta nosotros. Otra cosa es ver, cómo a lo largo de los siglos esta misma verdad se ha expresado y manifestado de muchas maneras.

11.- Sin embargo, Padre, muchos entienden que conservar los modos es una manera de fidelidad a la tradición.
RESPUESTA: Hay fidelidades que pueden ser una gran infidelidad. La verdadera fidelidad se da frente a la verdad, y no a los distintos modos de expresarse esta verdad. Dime, ¿qué es lo verdaderamente importante: la oración o el modo de orar?

12.- Yo entiendo que lo que importa es que oremos… Los modos de orar dependerán de cada persona.
RESPUESTA: Exacto. Lo verdaderamente importante es que oremos, que hablemos con Dios. Ahora, si lo hacemos de rodillas, de pie o sentados, esto me parece secundario. San Ignacio lo entendió muy bien cuando al que hace los Ejercicios Espirituales le pide que no se enrede con los modos. Que lo importante es que haga oración, ya se de pie, ya sea tumbado, ya sea supino, dice él, ya sea andando… Pero muchos viven más esclavos del modo que del qué… Se preocupan más de la postura que de orar.

13.- De todos modos, Padre, la Iglesia da la impresión de que canoniza demasiado los modos.
RESPUESTA: La Iglesia es una realidad divina, pero también humana. No se escapa de ciertas mentalidades humanas. Es cierto que con frecuencia vivimos más esclavos de la ley que nosotros mismos hemos hecho, que de lo que realmente el Señor espera de nosotros. ¿Recuerdas el caso Lefevre?

14.- Fue un caso bien llamativo. Ese sí que era tradicionalista de verdad, pero en cuanto a los modos…
RESPUESTA: ¿Cuál era su tremendo problema? El Misal de San Pío V que en su presentación decía que era un Misal para “in perpetuam rei memoriam”. Es decir, para siempre. Por tanto, un libro de culto que no se podía cambiar jamás. Y viene el Concilio y abre las posibilidades a las lenguas particulares y se armó el escándalo. La misa tenía que ser en latín y era inválida en cualquier otra lengua. Aquí habría que decir, que según este criterio, habría que volver a la Misa en hebreo o arameo, porque esa era la lengua que habló Jesús. Ya ves en qué armamos líos…

15.- Pero Jesús pareciera llevar el agua también por otro camino porque de la purificación o lavado de las manos, Jesús da un salto a la limpieza del corazón.
RESPUESTA: Exacto. La tradición de los hombres o de los mayores cuidó mucho la limpieza exterior del hombre a la hora de celebrar el culto y ciertos momentos de la vida. No es que Jesús esté contra la higiene, pero Jesús se da cuenta, de que cuidan mucho lo externo, pero se están olvidando de lo interno.

16.- ¿Y por qué tiene que darse una oposición o exclusión entre lo externo y lo interno?
RESPUESTA: Lo externo debiera ser expresión de lo interno, pero cuando lo externo queda solo fuera y se olvida de lo dentro, seguimos estando sucios.

17.- Digamos que Jesús aprovecha para clarificar lo que es lo sustancial y lo que es accidental, lo que es fundamental y lo secundario…
RESPUESTA: Jesús les quiere hacer ver que Él no ha venido para hacer simples arreglos externos. Que Él ha venido para cambiar el corazón del hombre. Que el mundo y la historia no se van a cambiar con ciertos arreglitos externos, sino que los verdaderos cambios se llevan a cabo cuando hayamos cambiado el corazón. Ese es el verdadero problema del hombre. El hombre tiene un grave peligro en su relación con Dios…

18.- Me imagino que es el peligro de la mentira, ya que a Dios no puede engañarle…
RESPUESTA: Bueno, también eso. Pero el verdadero peligro está en que el hombre se relaciona mucho con Dios desde fuera de sí mismo, pero le cuesta su relación desde la profundidad de sí mismo. Es decir, al hombre no le cuesta rezar, no le cuesta hacer cosas, no le cuesta lavarse las manos. Al hombre le cuesta el cambio del corazón, el cambio de su yo profundo. Y eso es lo que Dios quiere de Él.

19.- De todos modos, descubro que aquí Jesús pone al corazón humano como toda una belleza de bondad o como toda una letrina…
RESPUESTA: ¿No es así tu corazón y el mío? El corazón puede ser un mar sereno y tranquilo o puede ser toda una cloaca que apesta. Por eso mismo, todo el quehacer de Dios es cambiarnos el corazón, convertirnos el corazón. Lo de fuera es fácil cambiarlo, lo difícil es que nos arriesguemos a cambiarnos por dentro. La gran promesa del Antiguo Testamento fue precisamente esa: “Os daré un corazón nuevo, un corazón de carne, en vez de ese corazón de piedra”.

20.- Para Jesús, nuestro corazón es como una fábrica de todo lo bueno y de todo lo malo…
RESPUESTA: Esas son las posibilidades de tu corazón y el mío. Podemos ser una fábrica de verdad y bondad o podemos ser una fábrica de maldad y suciedad. Para Jesús, somos lo que es nuestro corazón. Si tu corazón está sano todo nuestro ser está sano. Si nuestro corazón está enfermo, todo nuestro ser está enfermo.

21.- En todo caso, Padre, esta actitud de Jesús puede parecer extraña, pero cuando uno se pone a pensar en serio las cosas, termina convencido de que Jesús lo que busca es nuestra verdad. Una verdad que no está en lo que hacemos exteriormente, sino en lo que somos por dentro.
RESPUESTA: La verdad del hombre está en lo profundo del hombre. En ese lugar secreto donde Dios y el hombre se encuentran. Tanto la bondad como la maldad es siempre expresión de nuestro corazón. El corazón humano es misterioso: puede ensuciar lo santo y bueno, y puede limpiar incluso aquello que es menos bueno.

22.- Padre, leyendo estas expresiones de Jesús uno siente realmente este misterio del corazón. Ahora entiendo que uno pueda pecar con el corazón incluso si luego por circunstancias no hace nada.
RESPUESTA: Allá por los años ochenta, Juan Pablo II hizo en sus catequesis de los miércoles un comentario al Génesis. En una de ellas comentaba la infidelidad conyugal, no material, sino en el corazón. Y cómo uno podía ser infiel, aunque nunca hubiese andado con otra mujer. El adulterio se perpetra en el corazón. El resto es ya materialización de lo que se decidió en el corazón.

23.- ¿Qué hacer para mantener siempre limpio el corazón? Porque yo me supongo que, si bien el lavarse las manos puede ser un rito de purificación legal, también tiene que haber un tipo de higiene de limpieza del corazón.
RESPUESTA: Claro que sí. El primer elemento purificador del corazón es no meter en él demasiada basura porque, con frecuencia, nuestros ojos se llenan de basura y ésta la pasan al fondo del corazón, de donde luego nacen los malos pensamientos. Si me dedico a ver pornografía por internet u otros medios, estoy envenenando mi corazón. ¿Y qué he de esperar luego, que mi corazón tenga pensamientos y deseos santos?

24.- ¿Qué importancia tiene el sacramento de la penitencia para mantener limpio el corazón?
RESPUESTA: Es nada menos que el sacramento del cambio, del arrepentimiento, de la conversión interior. Pero ahí mismo tenemos un problema…

25.- ¿Cuál?
RESPUESTA: También me puedo confesar por pura rutina. O confesarme como quien busca un analgésico para la conciencia. O como algunos dicen: “Me confieso para comulgar”. Es decir, una confesión materialmente bien hecha, pero a la que le falta la verdadera conversión del corazón. Esa confesión queda en un rito externo, pero que no llega hasta el fondo del alma… Tenemos que convencernos de que no son los gestos externos los que nos limpian de verdad, sino la actitud interna y profunda del corazón.

26.- ¿Estaríamos diciendo que Jesús se opone a todo lo externo?
RESPUESTA: No. Jesús no se opone a lo externo. Jesús se opone a lo externo vacío de lo interno. Lo externo puede ser simple apariencia o puede estar lleno por dentro. Entonces lo externo es manifestación de lo interno. Jesús no se opone al culto, todo lo contrario. Lo que Jesús rechaza es el culto vacío. A Dios no le rendimos culto haciendo cosas, sino en la medida en que nuestro corazón se une a él y se pone en sintonía con él.

27.- Esto puede darse en todas las cosas, incluso en el amor humano.
RESPUESTA: Eso es evidente, hay demasiadas palabras de amor, vacías de amor y llenas de egoísmo e interés. Hay demasiadas palabras de compromiso en las que no nos comprometemos a nada. Hay demasiados gestos de amor carentes de todo amor. ¡Qué difícil es ser sincero en el amor! También en el amor existe demasiada mentira, demasiado engaño. Los gestos valen en la medida en que expresan vida.

DESPEDIDA: Amigos hay que lavarse las manos, claro, pero también el corazón. Hay que lavarse las manos, pero también nuestra mente. Hay que tener gestos, pero que sean portadores de vida.

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Mc 9,30-37
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“El que recibe a un niño como éste en mi nombre, me recibe a mí; y el que me recibe a mí, no me recibe a mí, sino al que me ha enviado”.