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Pentecostés – C | Espíritu Santo promesa del Padre

“Si me aman, guardarán mis mandamientos”

Proclamamos el Evangelio de Jesucristo según San Juan en el Capítulo 14, versículos del 15 al 16 y del 23 al 26:
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
“Si me aman, guardarán mis mandamientos. Yo le pediré al Padre que les dé otro defensor, que esté siempre con ustedes.
El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.
El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que ustedes están oyendo no es mía, sino del Padre que me envió.
Les he hablado de esto mientras permanezco con ustedes, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien les enseñe todo y les vaya recordando todo lo que les he dicho”.
PALABRA DE DIOS.

1.- Lo prometido es deuda.
RESPUESTA: Claro que sí. Y Dios cumple lo prometido. Nos prometió el don del Espíritu Santo, y nos lo está regalando.

2.- Lo curioso de las lecturas de hoy está en que, mientras Lucas habla del acontecimiento mismo de la venida del Espíritu Santo, Juan en el Evangelio sigue todavía hablando de la promesa.
RESPUESTA: Y ¿qué problema hay? La Liturgia quiere situarnos en el misterio del Espíritu Santo en dos momentos: el momento en que se nos promete y el momento en el que Dios cumple con su Palabra. La promesa nos habla de la necesidad e importancia del Espíritu Santo en la vida del creyente y de la Iglesia. Pentecostés nos lo presenta ya en su dinamismo espiritual.

3.- Padre, en los discursos de la Ultima Cena, Jesús reiteradamente habla de la necesidad de que el Padre envíe al Espíritu Santo y lo dice de una manera tal que diera la impresión que sin Él, toda su obra queda incompleta e imposible de llevar a cabo.
RESPUESTA: En los discursos de la Ultima Cena Jesús habla de una promesa del Padre y habla de la urgente necesidad de que esa promesa se cumpla, porque quiere hacernos comprender que, después de todo, el Espíritu Santo va a ser como el autor y el dinamismo de todo el misterio de gracia.

4.- Se ha dicho y se ha repetido que el Espíritu Santo ha sido el gran desconocido en la Iglesia. ¿Se puede hacer esa afirmación tan tajante?
RESPUESTA: Constatemos varias cosas. Ciertamente hemos desarrollado más la teología sobre Cristo y sobre el Padre que sobre el Espíritu Santo. Es posible que en muchos momentos haya prevalecido la estructura de la Iglesia sobre el dinamismo del Espíritu Santo. Pero esto, no nos da autoridad para decir que ha sido el gran olvidado. Porque en el corazón de los fieles ha sido siempre el gran autor de la santidad. Es posible que el Espíritu Santo haya tenido más experiencia en el alma del Pueblo de Dios que en los grandes pensadores…

5.- Pero en los últimos años esto parece haber revertido porque hoy los movimientos carismáticos están a la orden del día.
RESPUESTA: Yo diría que el Espíritu ha reverdecido en la teología, pero lo ha hecho en la experiencia espiritual del Pueblo de Dios. Primero ha sido la experiencia de vida en los fieles y luego han sido los teólogos los que han estudiado ese fenómeno. Lo cual, hasta cierto punto, tiene su razón de ser.

6.- ¿Por qué tiene su razón de ser el que la experiencia vaya por delante de la reflexión?
RESPUESTA: Por una razón muy simple. El Espíritu Santo es experiencia de vida, sólo desde esa experiencia vital se puede hacer una teología también vital y no meramente especulativa.

7.- Padre, ¿cómo presentar la acción del Espíritu Santo en el corazón de los fieles y en la Iglesia como comunidad?
RESPUESTA: Me vas a tener que ayudar a leer un texto del Concilio Vaticano en su Constitución sobre la Iglesia, que creo hace una síntesis muy buena, mejor que la que yo pudiera ofrecerte. Toma este papel donde está este texto. Lo leeremos entre los dos porque es un poquito largo, pero vale la pena.

8.- Encantado. Veamos lo que dice aquí: “Número 4 de la Constitución sobre la Iglesia. Dice textualmente: “Consumada, pues, la obra que el Padre confió al Hijo en la tierra (Jn 17.4) fue enviado el Espíritu Santo en el día de Pentecostés, para que indefinidamente santificara a la Iglesia, y de esta forma los que creen pudieran acercarse por Cristo al Padre en un mismo Espíritu”. (Ef 2.18)
RESPUESTA: Y sigue el texto: “Él es el Espíritu de la vida, o la fuente del agua que salta hasta la vida eterna (Jn 4,14; 17,38-39) por quien vivifica el Padre a los hombres muertos por el pecado, hasta que resucite en Cristo sus cuerpos mortales (Rom 8,10-11)

9.- Lo que sigue aún es más bonito: “El Espíritu habita en la Iglesia y en los corazones de los fieles como en un templo (1Cor 3,16; 6,19) y en ellos ora y da testimonio de la adopción de hijos (Gál 4,6; Rom 8,15-16 y 26)
RESPUESTA: Añade: “Con diversos dones jerárquicos y carismáticos dirige y enriquece con todos sus frutos a la Iglesia (Ef 4,11-12; 1cor 12,4; Gál 5,22) a la que guía hacia toda verdad (Jn 16,13) y unifica en comunión y ministerio. Hace rejuvenecer a la Iglesia por la virtud del Evangelio, la renueva constantemente y la conduce a la unión consumada con su Esposo. Pues el Espíritu y la Esposa dicen al Señor Jesús: ¡Ven!”

10.- ¡Qué texto más bello! Y para la mayoría de nosotros desconocido e ignorado…
RESPUESTA: El Concilio Vaticano II fue como una toma de conciencia de la Iglesia sobre sí misma. La Iglesia no sólo se vio en relación con su misión en el mundo, sino que primero se contempló a sí misma en ese misterio interior y se descubrió a ella misma como habitada por el Espíritu.

11.- Si usted me lo permite yo quisiera resumir todas estas actividades del Espíritu: Los primero, santificar a la Iglesia. Lo segundo, hace posible nuestra comunión con el Padre. Lo tercero, la misión de santificar a quienes están muertos por el pecado.
RESPUESTA: Y la lista sigue… Habita en la Iglesia y en los corazones, en ellos mora el Espíritu Santo. En Él damos testimonio de nuestra condición de hijos adoptivos. Enriquece a la Iglesia con dones jerárquicos y carismáticos. Dirige a la Iglesia. La guía a toda la verdad. La renueva constantemente. La conduce a la Unión plena con Jesús su esposo.

12.- Si no me equivoco son once las funciones del Espíritu en la Iglesia.
RESPUESTA: Estos son los once fundamentales. Porque luego el Espíritu está metido en todo el devenir diario de la Iglesia y de cada una de nuestras vidas.

13.- Padre, hay algunos de estos dones que me resulta sumamente interesante, y que hasta creo pudiera clarificarnos a todos nuestro lugar en la Iglesia. Dice: “El Espíritu habita en la Iglesia y en el corazón de los fieles, como en un templo”.
RESPUESTA: ¿Y qué te sorprende en este texto? ¿Acaso tienes duda de que también en ti habite el Espíritu lo mismo que en el resto de la Iglesia?

14.- Pues, ¿qué quiere que le diga? Estamos tan acostumbrados a vernos tan poca cosa y a vernos siempre como algo distinto a la Iglesia…
RESPUESTA: Es que estamos demasiado acostumbrados a vernos más en aquello que nos distingue y nos diferencia que en aquello que nos une a todos y nos hace a todos Iglesia. Lo primero no es lo que nos distingue, sino lo que nos une. Lo primero en la Iglesia es aquello en lo que todos somos iguales, en lo que todos somos Iglesia.

15.- Yo entiendo que el Espíritu Santo actúe en el Papa, los Obispos, en ustedes los sacerdotes, pero en nosotros los pobres seglares…
RESPUESTA: Oye, no me decepciones después de tantos años contigo. Tú eres tan importante como yo en la Iglesia. Tú puedes santificar tanto como yo a la Iglesia. Tú puede desempeñar igualito que yo la misión de la Iglesia. Por tanto, el Espíritu Santo actúa en tu corazón igualito que en el mío.

16.- ¿Me está diciendo que el Espíritu Santo santifica, guía, adoctrina y rejuvenece a la Iglesia actuando en mí igualito que actuando en usted?
RESPUESTA: Mira, el Espíritu Santo es el mismo en ti que en mí. El mismo Espíritu que rejuvenece a la Iglesia en mí, la rejuvenece en ti y en cualquiera, aún en aquellos que posiblemente ni sabe leer ni escribir, pero sí saben escucharle a Él en su corazón.

17.- Sin embargo, las decisiones los toman siempre ustedes y no nosotros los seglares. ¡Salvo, claro está, que me diga que también eso va cambiando!
RESPUESTA: Pues te digo que claro que va cambiando y mucho. Es la Iglesia entera la que está habitada por el Espíritu Santo. Él habla a toda la Iglesia, habla al Obispo, habla al Sacerdote y habla a los seglares. Por eso se nos dice que “dirige y enriquece a la Iglesia con diversos dones jerárquicos y carismáticos”. Dones que más que diferenciar lo que hacen es complementarse mutuamente. Cada uno tiene su don según la misión concreta a la que el Espíritu le llama.

18.- Pero ustedes, Papa, Obispos y sacerdotes tienen misiones mucho más concretas que nosotros los seglares.
RESPUESTA: Permíteme que en esto te contradiga. Yo tengo dones que tú no tienes, pero tú tienes dones que yo no tengo. Yo no tengo los dones del Espíritu que tú tienes como esposo, como padre, incluso como periodista. Tus dones de esposo, de padre, de periodista, de hombre que tiene que confesar su fe en el mundo, esos no los tiene ni el Papa, ni el Obispo, ni el Sacerdote. Esos sólo los tenéis los esposos y los padres, que incluso la Iglesia suele llamar “gracia de estado”.

19.- ¿Y cómo expresamos nosotros los seglares estos dones del Espíritu Santo en la Iglesia?
RESPUESTA: Cumpliendo con vuestra vocación de esposo, con vuestra misión de padres, con vuestra profesión y con toda vuestra vida laical. Además, también vosotros sois responsables del rostro que la Iglesia debe manifestar hoy ante el mundo. También vosotros tenéis una palabra que decir de cómo llevar una parroquia hoy o cómo organizar una diócesis. Por eso los párrocos tienen su Consejo pastoral de seglares y los Obispos tienen su consejo presbiteral y pastoral.

20.- Yo tenía la idea de que en la Iglesia todos éramos músicos, pero cada uno tocaba su instrumento y cada uno su propia partitura. Pero ahora me está usted diciendo que somos “orquesta” …
RESPUESTA: Claro que sí. Todos somos músicos del Reino. Cada uno toca su instrumento. Mal haríamos si el uno toca el instrumento del otro. Peor todavía si uno solo se considerase la orquesta completa. Todos unidos somos ola orquesta dirigida espiritualmente por el Espíritu Santo y visiblemente por quienes están dotados de los carismas jerárquicos.

21.- Amigos que nos estáis escuchando, que cada uno vaya afinando su propio instrumento musical para que nadie desafine en la Iglesia y para que todos podamos interpretar armoniosamente la música del reino y del Evangelio.
RESPUESTA: ¿Y no te parece maravilloso el que todos seamos igualmente importantes en esa orquesta del Espíritu? Tan importante es el que toca el bombo, como el cajón o la guitarra o la flauta. Lo importante es que todos obedezcamos al mismo director que es el Espíritu.

22.- ¿Y cuál es, como director de esta orquesta, la misión del Espíritu Santo?
RESPUESTA: Lo primero hacernos dóciles a sus indicaciones o inspiraciones. Hacernos sensibles a la música que tocan los que están a nuestro lado. El saber respetar los sonidos de los otros. El sentirnos unidos a los demás. El sentir que necesitamos de los demás. El sentir que somos uno más, que nadie debe estar por encima del otro, porque todos estamos llamados a tocar la misma partitura.

23.- ¿Y qué sucede cuando nos olvidamos del Espíritu Santo y cada uno vamos a nuestro aire?
RESPUESTA: Pues sucede un desastre. Terminamos desafinando todos. Y lo peor es que la gente no quiere escucharnos porque todo suena a desarmonía en vez de a armonía.

24.- ¿Y dónde está aquí Dios Padre?
RESPUESTA: Bonita pregunta. Te quisiera dar una bonita respuesta. El Padre es el autor de la partitura. Él es quien nos manifiesta sus planes y proyectos sobre la Iglesia en cada momento de la historia. Ahora el Espíritu Santo es el que la interpreta junto con todos nosotros.

25.- Sin embargo, Padre, el acontecimiento del día de Pentecostés tuvo muy poco de musical.
RESPUESTA: ¿Cómo que tuvo poco de musical? Fue toda una sinfonía del Espíritu.

26.- Ruidos como de truenos, vientos huracanados, una mezcolanza de lenguas… ¿Le parece música bonita?
RESPUESTA: ¿Y no te parece maravilloso que unos hombres todavía temerosos, se sientan transformados por el Espíritu y todos sientan lo mismo, y se sientan una misma Iglesia naciente? ¿Y el hecho de que, hablando en una sola lengua, todas las lenguas los entiendan? La universalidad de lenguas convertida en una sola lengua: la lengua del amor y de la caridad, la lengua del Evangelio.

27.- ¿En vez de esa armonía de toda la Iglesia al ritmo del Espíritu, no descubre que también entre nosotros existen demasiadas divisiones, incluso a título espiritual?
RESPUESTA: No olvidemos algo fundamental, la Iglesia no está totalmente hecha. ¿No nos decía Jesús que cuando el Espíritu vena nos llevará al pleno conocimiento? ¿Y no decía el Concilio que la Iglesia está llamada a rejuvenecerse y caminar cada día a la plena comunión? Que la Iglesia no ha logrado todavía esa plenitud, es evidente. Estamos todos en camino.

28.- Pero la peor división es la que hacemos a título precisamente del Espíritu Santo. Luchando unos contra otros y todos con el Espíritu Santo en el bolsillo.
RESPUESTA: Ese unos contra otros nos habla de que todos somos responsables y que, por tanto, la plena comunión de la Iglesia no se dará sin mí, sin mi esfuerzo y sin mi obediencia y docilidad al Espíritu.

29.- ¿No cree usted que le estamos dando demasiado trabajo al Espíritu Santo?
RESPUESTA: Es posible, pero quieres que te diga una cosa… Le daremos más trabajo todavía más cuanto más tratemos de escucharle. El Espíritu Santo tendrá tanto más trabajo cuanto más nos dejemos guiar y conducir por Él. ¡Qué maravilloso sería si algún día pudiéramos decir que entre nosotros todo lo hace el Espíritu y que nosotros sólo obedecemos!

30.- Bueno, Padre, hoy me siento más Iglesia. Hoy siento más el misterio de la Iglesia como misterio del Espíritu. Por eso, yo terminaría con esa invocación de la liturgia de hoy: “Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don en tus dones espléndido; luz que penetra las almas, fuente del mayor consuelo”.

DESPEDIDA: “Entra hasta el fondo del alma, divina luz, y enriquécenos, Mira el vacío del hombre; si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no le envías tu aliento”.

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