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Domingo 30 – B | Jesús cura a Bartimeo | IQC2021

“Anda, tu fe te ha curado”.

Proclamamos el Evangelio de Jesucristo según san Marcos 10,46-52

En aquel tiempo, cuando salía Jesús de Jericó acompñado de sus discípulos y de mucha gente, el ciego Bartimeo, el hijo de Timeo, estaba sentado al borde del camino, pidiendo limosna. Al oir que era Jesús Nazarenos, empezó a gritar: “Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí”.

Muchos lo regañaban para que se callara. Pero él gritaba más: “Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí”.

Jesús se detuvo y dijo: “Llámenlo”.

Llamaron al ciego, diciéndole: “Ánimo, levántate, que te llama”.

Soltó el manto, dio un salto y se acercó a Jesús.

Jesús le dijo: “¿Qué quieres que haga por ti?”.

El ciego contestó: “Maestro, que pueda ver”.

Jesús le dijo: “Anda, tu fe te ha curado”.

Y al momento recobró la vista y lo seguía por el camino.

PALABRA DE DIOS.

1.- Otro ciego…
RESPUESTA: Sí. Sólo que el otro ciego es el que Jesús curó en Betsaida y que Jesús lo curó casi como en secreto. Allí era un ciego sin nombre, ahora se trata del ciego del camino de Jericó a Jerusalén. Un ciego con nombre propio, se llama Bartimeo, porque es hijo de un tal Timeo.

2.- Oiga, Padre, Jesús hubiera sido un peligro para los oculistas y para las ópticas que venden gafas…
RESPUESTA: No te preocupes. Jesús no vino a quitarle la chamba a nadie. Jesús no vino para hacerle la competencia a nadie. Jesús vino a salvar y liberar al hombre y a mostrar los signos de esa salvación y liberación.

3.- Usted que es buena gente, ya nos hará un marco para situar esta curación del cielo de Jericó, ¿verdad?
RESPUESTA: La sanación de este ciego tiene un marco muy especial y significativo. Lo primero, tenemos que situarlo en el camino de Jerusalén. Lo segundo, creo que es importante señalar cómo muchas veces podemos ser un obstáculo para que otros puedan ver. Lo tercero, la maravillosa oración hecha a gritos. Y, lo cuarto, un ciego que comienza a ver y se pone en camino con Jesús hacia Jerusalén.

4.- Un esquema muy bonito, aunque lo presiento un tanto complicado…
RESPUESTA: ¿Y por qué complicado?

5.- Porque detrás de la figura del ciego creo que se esconden muchas experiencias de fe. Comencemos por lo primero que usted ha indicado. Un ciego sentado en el camino hacia Jerusalén… ¿Qué hay detrás de todo esto?
RESPUESTA: Algo muy sencillo. Jesús ha dejado la Galilea y ahora ya va camino del final. Va camino de su verdad. El camino hacia donde lo apresarán, lo condenarán, y lo crucificarán.

6.- Pero qué tiene todo esto que ver con el ciego, él simplemente está sentado a la vera del camino…
RESPUESTA: En el camino a Jerusalén hay demasiados ciegos, incluso aquellos que acompañan a Jesús están ciegos. Siguen a Jesús, pero no quieren ver la verdad de ese camino que lleva a la Cruz. Tú sabes la reacción de los Discípulos a aceptar un Jesús juzgado y condenado y crucificado. Todavía no han digerido esta verdad de Jesús y tampoco quieren digerirla. Prefieren cerrar los ojos y no ver la verdad.

7.- Ah, ¿estamos diciendo que este ciego, en el fondo es el símbolo de los discípulos ciegos frente al misterio de un Jesús crucificado?
RESPUESTA: Bartimeo es ciertamente un ciego que no ve, pero resulta también el símbolo de otros muchos que pudiendo ver no quieren ver. No sólo están los ciegos que tienen un problema real de visión, están también aquellos que tienen los ojos del corazón cerrados para ver la verdad de Jesús, la verdad de Dios y del Evangelio.

8.- Con lo cual está usted diciendo que el hecho de “estar sentado a la vera del camino que va de Jericó a Jerusalén”, no es pura coincidencia, sino expresión de una realidad…
RESPUESTA: Jesús aprovecha todas las oportunidades para abrirles a la verdad de su persona. Aquella que Pedro rechazó y que tampoco los demás entendieron. Creo que es Juan el que dice que cuando Jesús decidió subir a Jerusalén, ellos se sintieron tan desconcertados que se dijeron: “Vayamos también nosotros y muramos con Él”. Para ellos Jerusalén ya les estaba sonando a peligro, a riesgo, a algo que ellos no querían aceptar porque contradecía el mundo de aspiraciones que llevaban en su corazón.

9.- Todo esto me hace sospechar una conclusión: que para subir a Jerusalén necesitamos primero sanar nuestro corazón.
RESPUESTA: Para subir a Jerusalén y ser capaces de comprender el destino de Jesús, y comprender su verdadera identidad de “Mesías crucificado” necesitamos sanarnos de nuestros modos humanos e interesados en ver las cosas y entrar en una verdadera maduración de nuestra fe. El misterio de la Pasión y Muerte de Jesús, no podremos comprenderlo si no es desde el misterio de la fe.

10.- El segundo marco que usted nos proponía, sí que me desconcierta un poco. Posiblemente también yo tenga poca fe. ¿Por qué decía usted que “muchas veces, los que vemos, podemos ser un obstáculo para que otros vean”?
RESPUESTA: No. Yo no digo que los que ven, puedan ser un obstáculo para que otros puedan ver. Al contrario, más bien tendríamos que decir que muchos que creemos ver, pero vemos muy mal, podemos ser un gran obstáculo e impedimento para que otros puedan ver.

11.- ¿Quiénes son estos?
RESPUESTA: Cuando el ciego que no ve, pero tiene muy buen oído, escucha que Jesús está pasando por el camino, siente que una esperanza alumbra en su corazón y se pone a gritar, pidiéndole que le ayude a ver. Pero esto molesta a los que acompañan a Jesús. Como ellos no ven nada, tampoco siente interés para que el otro vea y tratan de acallar sus gritos.

12.- Tiempo perdido, porque él gritaba más…
RESPUESTA: ¡Qué escena más bella! Nosotros no vemos, ¿por qué has de ver tú? Nosotros somos ciegos frente a todo lo que está sucediendo. ¿Qué razón hay para que tú lo entiendas? Cállate y no fastidies. Es la historia de siempre…

13.- ¿Cómo la historia de siempre?
RESPUESTA: Claro. Los gritos de los ciegos, de los cojos, de los leprosos, de los marginados, de los que están excluidos siempre son una molestia para quienes nos sentimos bien. El grito de los que tienen hambre siempre fastidia a los que comemos bien. Los gritos de los enfermos siempre fastidian a los que tenemos buena salud. Los gritos de los que no tienen casa siempre son un estorbo y fastidio para los que tenemos una linda casa. Hoy se habla mucho de los gritos del hambre de los Países Subdesarrollados y esto fastidia a la comodidad del Primer Mundo.

14.- Digamos que las mismas protestas en las calles molestan y perturban el orden en las ciudades…
RESPUESTA: Es nuestra vida contradictoria. Perturban el orden humano social, donde unos no tienen qué comer ni qué vestir ni casa decente donde vivir. Esas condiciones nos parecen normales, a eso llamaos orden social. Pero salir a gritar contra estas situaciones nos parece a todos anormal. No perturbamos el orden social quienes disponemos de todo, aunque otros no dispongan de nada. Pero sí perturban el orden social los que carecen de todo y protestan…

14.- Desde luego, ver a un ciego que grita porque quiere ver y mandarle callar, significa muy poca sensibilidad humana en los discípulos y toda aquella gente que acompañaba a Jesús…
RESPUESTA: Lo primero que necesitamos frente a las necesidades de los demás es una capacidad de sensibilización de nuestros sentimientos. Con frecuencia, vemos la actitud de Jesús frente a las multitudes que le siguen: “Sintió lástima de ellos”, “le dio lástima”, “sintió pena”. Cuando el corazón es insensible frente al dolor de los demás, nuestros ojos no ven el sufrimiento. El primer paso para el compromiso con los demás es la comunión de sentimientos…

15.- Se ve que los discípulos tienen que repetir el curso porque dan la impresión de no aprobarlo…
RESPUESTA: Yo no me atrevería a tirar muchas piedras a los discípulos. Dicen que cuando uno escupe el cielo le cae en la cara… Aquí nos pudiera suceder lo mismo. Acusar de insensibles a los discípulos y luego seguir también nosotros tan insensibles, fríos e indiferentes frente al sufrimiento que nos cruza en nuestro camino cada día. Pero hay aquí todavía algo mucho más comprometedor…

16.- ¿Más todavía? ¿En qué está pensando usted ahora?
RESPUESTA: Estoy pensando cómo los que acompañaban a Jesús, en vez de revelarlo, más bien tratan de ocultarlo, esconderlo… Es decir, son un estorbo entre el ciego y Jesús.

17.- ¿Lo podría explicar un poco más fácil?
RESPUESTA: Así como esto grupo que acompaña a Jesús se interponen entre el ciego y Jesús e incluso tratan de que no grite, que no moleste a Jesús, en nuestras vidas esto suele darse con frecuencia. Vidas que en vez de revelar a Jesús, en vez de ser puentes entre los hombres y Jesús, pueden ser un estorbo, un obstáculo difícil de salvar…

18.- ¡Que no siempre revelemos y manifestemos a Jesús, lo comprendo, pero que podamos ser obstáculos ya me parece más serio!
RESPUESTA: En Mateo, Jesús nos dice que somos luz para el mundo. Por tanto, estamos llamados no a oscurecer el Evangelio, sino a iluminar los caminos de los hombres. Pero con demasiada frecuencia nuestras vidas no sólo no emiten luz, sino que pueden oscurecer el rostro de Jesús, el rostro del Reino.

19.- ¿Está usted pensando en la Iglesia que por su condición humana se convierte con frecuencia en un obstáculo para que los hombres se abran a Dios y al Evangelio?
RESPUESTA: Claro que pienso en la Iglesia. Pero estoy pensando en ti y en mí. Porque es posible que tu vida y la mía emitan tan poca luz que no alumbren a nadie y es posible que nuestro modo de vivir la fe, más que una invitación a creer sea una llamada a dejar de creer…

20.- Ahora entiendo porqué se escucha con tanta frecuencia decir que “yo creo en Jesús, pero no en la Iglesia…”.
RESPUESTA: La Iglesia es definida por el Concilio Vaticano II como “sacramento de salvación para el mundo”. Por tanto, como sacramento llamado a actualizar y revelar y manifestar a Jesús al mundo. Es posible que no siempre los que formamos la Iglesia oscurezcamos demasiado el rostro del Señor.

21.- Una Iglesia “puente roto…”.
RESPUESTA: Yo no me atrevo a decir que la Iglesia es un puente roto. En la Iglesia hay muchos que alumbran con una gran luz. Pero, ciertamente, desde el momento en que muchos encuentran un obstáculo y una dificultad en la Iglesia nos tiene que llevar a preguntarnos si estaremos siendo la Iglesia que como decía el San Pablo VI: “La Iglesia que Cristo pensó, quiso y amó”. Y esto es lo que precisamente pone a la Iglesia en constante actitud de conversión…

22.- ¿También la Iglesia está llamada a convertirse cada día?
RESPUESTA: Naturalmente. La Iglesia como sacramento de salvación, como luz para el mundo, es la primera que tiene que estar en constante conversión al Evangelio. Cuando hablamos de Iglesia es cierto que podemos hablar de ella como institución, pero no nos olvidemos a sentir que la Iglesia somos nosotros.

23.- Usted proponía como tercera idea, “la maravillosa oración a gritos”, repito lo que usted dijo, no me invento nada.
RESPUESTA: Para mí es uno de los momentos más maravillosos de oración del hombre de Dios. Mientras los demás le ordenan que se calle. El gritaba más fuerte, hasta el punto de que Jesús escuchó su grito por encima del muro de gente que lo separaba…

24.- Oiga, Padre, pero no dice también Jesús que cuando oremos lo hagamos en silencio y sin tanta palabrería…
RESPUESTA: Sí. Y estoy totalmente de acuerdo. Pero, ojo, con frecuencia grita mucho más el mismo silencio y sufrimiento del corazón que nuestras palabras.

25.- Orar gritando… ¿Como si Dios estuviese sordo…?
RESPUESTA: Orar a gritos no es porque creamos que Dios está sordo. Orar a gritos es expresar la profundidad y la verdad y autenticidad de los deseos de nuestro corazón. “Díos mío, Dios mío…” grito también Jesús en la cruz. No porque sea necesario atronarle con nuestros ruidos los oídos a Dios. El grito expresa más la angustia y hasta la confianza de nuestro corazón que el intento de herir los tímpanos de los oídos de Dios.

26.- ¿Usted ha orado alguna vez a gritos?
RESPUESTA: Más de una vez en gritado en el silencio del corazón. Gritos que sólo Él y yo escuchamos. Pero me hubiera gustado que mi oración fuese más grito del corazón. ¿Y qué sucedería si en algún momento sale un grito que escuchen los demás? ¿Acaso no gritamos por cosas menos importantes? No. No gritemos para despertar a un Dios dormido, gritemos porque es la esperanza la que grita dentro de nosotros.

27.- El cuarto marco que usted apuntaba es bien curioso. Dice que apenas recuperó la vista, se puso en camino y seguía a Jesús. ¿Qué hay en el trasfondo de ese seguir a Jesús?
RESPUESTA: Cuando uno ha abierto los ojos de su corazón a la luz de la fe, las cosas se ven de otra manera, incluso el camino de Jerusalén. Este ciego, nada más abrir los ojos, diera la impresión de comenzar a comprender el camino de Jesús, el camino que lleva a la cruz… Y él mismo lo acepta y sigue a Jesús.

28.- Ahora entiendo lo que usted decía al comentar que el ciego simboliza la situación del corazón de los discípulos que no logran entender el misterio del crucificado, y a la vez, la necesidad de la fe para entenderlo.
RESPUESTA: La cruz nunca podrá comprenderse si no es desde la fe de la Pascua. La Muerte de Jesús sólo la podremos aceptar en el misterio de la fe, de lo contrario no pasará de ser una muerte cualquier y de un cualquiera, además de una muerte inútil. Necesitamos que el Señor nos abra los ojos, nos ilumine los ojos, nos encienda en la luz de la fe.

DESPEDIDA: Bueno, amigos, ¿tendremos nosotros suficiente fe como para aceptar en nuestras vidas un Jesús crucificado, un Jesús muerto en la cruz, como razón de nuestra esperanza?

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