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Ascensión del Señor – B | Jesús sube al cielo | IQC2021

“Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación”.

Proclamamos el Evangelio de Jesucristo según San Marcos en el Capítulo 16, versículos del 15 al 20:

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los Once y les dijo:

“Vayan al mundo entero y proclamen el Evangelio a toda la creación.

El que crea y se bautice se salvará; el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nuevas, cogerán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos”.

Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios.

Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes, y el Señor cooperaba confirmando la palabra con las señales que los acompañaban.

PALABRA DE DIOS

1.- ¿Y se nos fue?
RESPUESTA: ¿Estás seguro?

2.- No me dirá ahora usted que lo de la Ascensión fue un cuento.
RESPUESTA: Por favor. La Ascensión no tiene nada de cuento ni de mito. Es una de las grandes realidades de la vida de Jesús y de la vida de la Iglesia. Nosotros lo confesamos cada vez que rezamos el Credo: “Subió a los cielos y está sentado a la derecha del Padre”.

3.- Entonces, ¿por qué ponía en duda mi afirmación de que se fue?
RESPUESTA: Porque la Ascensión es el misterio del “que se fue” y del que, a la vez, “se quedó”. ¿Recuerdas cuando les dijo a los discípulos: “No os dejaré huérfanos”? Y añadió: “Volveré y estaré con vosotros hasta el final de los tiempos”.

4.- ¿En qué consiste en realidad la Ascensión de Jesús? ¿Se dio así materialmente como la describe aquí Marcos y la descripción que hacen mucho más detallada los Hechos de los Apóstoles?
RESPUESTA: El relato es una manera de explicar las cosas. Yo diría que es como el papel de regalo. De alguna manera, tenemos que explicar las cosas para entenderlas.

5.- Yo espero que ahora, prescindiendo del papel regalo, nos explique claramente el regalo mismo.
RESPUESTA: ¿Me podrías explicar con tus palabras en qué consistió la Encarnación de Jesús?

6.- La Encarnación es Dios que, sin dejar de ser Dios, se hizo hombre, en todo igual a nosotros.
RESPUESTA: Es la explicación que da Pablo en su Carta a los Filipenses ¿verdad? Pues, la Ascensión sería la encarnación al revés.

7.- ¡Qué fácil! Ponerse el saco al revés…
RESPUESTA: Yo no he dicho el saco al revés. He dicho la Encarnación al revés. Si encarnarse es seguir siendo Dios, pero haciéndose hombre, ahora la Ascensión es Jesús, sin dejar su condición humana, vuelve a tomar la forma de Dios, vuelve allí de donde vino. Vuelve a la vida trinitaria de Dios.

8.- Un momento. Después de la Ascensión, ¿Jesús sigue siendo hombre en el misterio trinitario de Dios?
RESPUESTA: Te extraña que Jesús siga siendo hombre en su regreso al Padre. Me parece bien. Pero dime: Y cuando se hizo hombre, ¿no seguía también siendo Dios? Si podía ser Dios en su condición humana, no creo tenga problemas para ser hombre en su condición divina.

9.- Lo que no entiendo, Padre, y disculpará mi extrañeza, es que cuando Dios se hace hombre lo celebramos con guitarra y cajón. Y ahora el Dios hombre vuelve a su existencia y condición de Dios, la celebramos como si a nadie le interesase.
RESPUESTA: Comparto tu extrañeza. A pesar de que nuestros poetas lo celebraron con los famosos “tres jueves”; sin embargo, en la experiencia real la Ascensión pasa bastante desapercibida para la gente. No hacemos el mismo ruido que cuando celebramos la Navidad. Y esto puede tener serias repercusiones.

10.- ¿En qué sentido esta celebración de la Ascensión, un poco como pasada por agua, puede tener serias repercusiones?
RESPUESTA: Porque la Ascensión no solo significa el triunfo definitivo de Jesús, sino que también marca la meta, el horizonte y el camino de la Iglesia y de todo el Pueblo de Dios.

11.- A decir verdad, el relato del Evangelio es bien parco en describir el hecho de la Ascensión. Lo despacha en una simple línea: “Después de hablarles, el Señor Jesús subió al cielo y se sentó a la derecha de Dios”. Y eso es todo.
RESPUESTA: No. No es todo. Y ahí está el problema. Corremos el peligro de quedarnos como los discípulos que describen los Hechos de los Apóstoles, mirando al cielo. Pero eso no es toda la Ascensión. La Ascensión tiene dos caras. Y la una completa a la otra.

12.- Dos caras como las monedas…
RESPUESTA: Pues, algo parecido. El relato de la Ascensión se centra mucho más que en el “irse de Jesús”, en el “id al mundo entero…”

13.- Digamos que “Él se va” y “nosotros también nos vamos”.
RESPUESTA: Pues creo que esa sería la verdadera lectura. Los Evangelios más que describirnos cómo acontece todo, simplemente constatan el hecho: “El señor Jesús subió al cielo”. Pero todo queda rodeado de algo nuevo que comienza.

14.- ¿Cuál es ese misterio de lo nuevo que comienza?
RESPUESTA: El misterio de la misión y el envío de la Iglesia a anunciar el Reino. Él se va al cielo y la Iglesia se va a los caminos del mundo. Él se va al Padre y la Iglesia se va al encuentro con todos los hombres. Ese es el verdadero acontecimiento de la Ascensión. Una misión y un mandato y un envío.

15.- Entiendo que este anuncio de la misión y del envío, también marca y define la verdad y el sentido de la Iglesia.
RESPUESTA: Es posible que muchos solo vean a Jesús que vuelve y regresa al seno del Padre Dios, pero sería peligroso que olvidásemos la otra cara, el otro rostro. La otra vertiente de la Ascensión. La Ascensión marca y define la verdadera misión de la Iglesia. Si no descubrimos esto nos quedaremos simplemente como atontados mirando al cielo.

16.- Es interesante lo que los ángeles dicen a los apóstoles: “Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo?”
RESPUESTA: El creyente tendrá que seguir mirando al cielo, pero con la misma intensidad con que mira al cielo, el creyente tiene que mirar a la tierra. Con la misma intensidad con que miramos a Dios, como creyentes tenemos que mirar a los hombres.

17.- Cómo seguir mirando al cielo y, a la vez, tener que mirar a la tierra. ¿No cree que son dos ángulos bien distintos de visión? Si yo levanto la cabeza para mirar al cielo, ciertamente no puedo ver la tierra que piso.
RESPUESTA: Tampoco podrás ver claramente la tierra, si la luz del cielo no la ilumina. Los caminos están en la tierra, pero la luz que los alumbra está arriba. Además, ¿sabes la manera de ver claramente el cielo y la tierra a la vez?

18.- ¿Mirando con un ojo para arriba y con el otro para abajo? Un poco difícil, ¿no cree? Salvo que los creyentes seamos todos bizcos.
RESPUESTA: Fíjate. Si miras para arriba, sólo ves el cielo. Si miras para abajo, sólo ves la tierra. Pero si miras hacia delante, ves que en el horizonte se unen el cielo y la tierra.

19.- Está bien. No vamos a discutir. Lo curioso es lo que usted acaba de decir hace un momento. Que la misión de la Iglesia es anunciar y proclamar el Reino. ¿En qué quedamos: anunciamos a la Iglesia o anunciamos el Reino?
RESPUESTA: Volvamos a las ultimas palabras o recomendaciones de Jesús: “Id por todo el mundo y proclamad el Evangelio a toda la creación”. Jesús no ve a la Iglesia como una especie de “termo” llamada a conservar el Evangelio.

20.- Y si la Iglesia no es “un termo” que conserva dentro el calor, ¿qué es la Iglesia?
RESPUESTA: La Iglesia tiene más vocación de “estufa” que de “termo”. El termo conserva el calor dentro. En cambio, la estufa está caliente por dentro, pero irradia su calor a todo el ambiente. Esa es la Iglesia de la Ascensión. La Iglesia que no se encierra sobre sí misma, sino la Iglesia que tiene la misión de anunciar el Reino de Dios. En este día, como el día de Pentecostés, todos debiéramos hacer una confesión de fe en nosotros como Iglesia.

21.- Pero, Padre, ¿acaso la Iglesia no es ya el Reino de Dios?
RESPUESTA: Con frecuencia solemos confundirlos. El Concilio Vaticano II, en la Constitución sobre la Iglesia, dice claramente: “La Iglesia, enriquecida con los dones de su Fundador, observando fielmente sus preceptos de caridad, de humildad y de abnegación, recibe la misión de anunciar el Reino de Cristo y de Dios; de establecerlo en medio de las gentes, y constituye en la tierra el germen y el principio de este Reino. Ella, en tanto, mientras va creciendo poco a poco anhela el Reino consumado…”

22.- Veamos si he entendido bien: la Iglesia recibe la misión de anunciar el Reino de Cristo y de Dios y de establecerlo. Y ella es ya el germen y principio de este Reino…
RESPUESTA: Jesús fue el primero en vivir el Reino de Dios y, la vez, lo anunció. La Iglesia, está llamada a vivir las exigencias del Reino, a realizarlo, y a anunciarlo. Por tanto, ella tiene que ser como “el germen, la semilla y el principio del Reino”.

23.- Hace muchos años, tengo haber leído un Documento, creo que del Papa Pío VI, donde hablaba de esto y recuerdo que me impresionó.
RESPUESTA: Te refieres a la Exhortación Evangelii Nuntiandi. Me agrada la hayas citado, porque allí, creo que en el número 8, si mal no recuerdo, dice: “Cristo… anuncia, ante todo un reino, el reino de Dios, tan importante que, en relación a él, todo se convierte en “lo demás” que es dado por añadidura”. Y aún añade: “Solamente el reino es pues absoluto y todo el resto es relativo”.

24.- Entonces el fin del Evangelio no es en sí misma la Iglesia, sino el Reino.
RESPUESTA: Yo no separaría demasiado la idea de Iglesia y Reino, como tampoco podríamos separar a Jesús y su anuncio y proclamación del Reino. La Iglesia tiene que ser “testigo” del Reino. Por tanto, debe realizarlo en ella misma.

25.- La Iglesia no es para la Iglesia…
RESPUESTA: La Iglesia es un sacramento, es un signo, una señal. Algo que apunta a otra cosa. Yo diría que la Iglesia es “un dedo que señala”. Aquí el absoluto, como dice Pablo VI, es “el Reino”. La Iglesia señal del Reino, dedo que apunta al Reino.

26.- Sin embargo, Padre, tengo la impresión de que la mayoría de nosotros ponemos como meta más a la Iglesia que al Reino. El concepto de Reino de Dios como que no nos dice demasiado y todos nos contentamos con “yo soy Iglesia”.
RESPUESTA: Jesús fundó la Iglesia como “semilla, como germen” del reino. El Reino debe comenzar en ella. La Iglesia tiene que estar transformada por el Reino. Pero luego la Iglesia está llamada y enviada a anunciarlo. Y estamos hablando de la Iglesia como tal…

27.- ¿Qué quiere decir con eso de “Iglesia como tal…”?
RESPUESTA: Quiero decir que “toda la Iglesia”, la “Iglesia entera”, digamos todo el “Pueblo de Dios”, es responsable de ir, de anunciar, de proclamar el Reino de Dios a todos los hombres, a toda la creación, a todas las naciones. Y no solo unos pocos.

28.- Entiendo. Todos los creyentes, todos los bautizados, somos unos enviados… A esto se refería usted cuando hablaba de no tomar la debida conciencia de la Ascensión.
RESPUESTA: Tenemos la Iglesia de que la Iglesia es para ayudarme a salvarme. Cuando en realidad debiéramos decir que “cuantos nos hemos sentido salvados y formamos la Iglesia”, estamos salvados, pero para que salvemos a otros. Estamos demasiado encerrados en “yo tengo que salvarme” y estamos perdiendo la conciencia de nuestra verdadera misión de salvados.

29.- ¿Cuál sería esa conciencia de la verdadera misión de salvados?
RESPUESTA: Salvados que anuncia la Salvación. Creyentes que anuncian la fe. El ejemplo lo tenemos en Jesús mismo.

30.- ¿En qué sentido es aquí modelo y ejemplo el mismo Jesús?
RESPUESTA: Jesús siente que su identidad es la de enviado, el enviado del Padre, y que su fidelidad a su identidad, es el hecho a anunciar y proclamar el Reino. Incluso hasta dar su vida por el Reino. Consciente, incluso, de que su misma muerte no sólo era una fidelidad al Reino, sino la máxima realización del mismo.

31.- Oiga, Padre, ¿dónde hemos dejado la Ascensión?
RESPUESTA: ¿La hemos dejado? Yo no creo que la hemos dejado. Esta es la verdadera Ascensión de Jesús. La Iglesia que lo reemplaza. La Iglesia que asume la continuación de su misión. Juan hasta utiliza unas expresiones que me parecen interesantes.

32.- ¿A qué expresiones se refiere?
RESPUESTA: Cuando Jesús se les aparece después de la Resurrección, les dice: “Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo”. Es decir, nos sitúa en la misma línea de su identidad: Él enviado del Padre. Y hace de nosotros también “unos enviados”.

33.- El Evangelio termina con una constatación: “Ellos se fueron a pregonar el Evangelio por todas partes…”
RESPUESTA: Esta es la Iglesia. No la que se queda. No la que se detiene a pensar qué hacemos, sino la Iglesia que se siente enviada. La Iglesia que se va, se pone en camino. Una Iglesia que sale de sí misma. Una Iglesia preocupada menos de sí misma, y más preocupada por los demás.

34.- ¿Y no cree que si la Iglesia se olvida de sí también corre peligros?
RESPUESTA: El mayor peligro de la Iglesia es renunciar a aquello que le da sentido. La misión. Cuando más misionera sea la Iglesia, tanto más Iglesia será.

DESPEDIDA: Sí, amigo, no estamos para ser termos, calientes por dentro y fríos hacia fuera. Estamos llamados a ser estufas, calientes por dentro y que calientan a los de afuera.

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