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Pascua 2 – B | Tomás y Jesús | IQC2021

“¿Porque me has visto has creído? Dichosos lo que crean sin haber visto”.

Santo Evangelio según san Juan 20,19-31

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: “Paz a ustedes”.

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo; a quienes ustedes perdonen los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengan les quedan retenidos”.

Tomás, uno de los doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: “Hemos visto al Señor”.

Pero él les contestó: “Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no lo creo”.

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: “Paz a ustedes”.

Luego dijo a Tomás: “Trae tu dedo: aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente”.

Contestó Tomás: “¡Señor mío y Dios mío!”.

Jesús le dijo: “¿Porque me has visto has creído? Dichosos lo que crean sin haber visto”.

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que crean que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengan vida en su nombre.

Palabra del Señor.

1.- Ha comenzado usted con un saludo muy optimista. ¿A qué se debe?
RESPUESTA: La culpa de mi optimismo no la tengo yo, sino el Evangelio que hemos leído. ¿Acaso no te has dado cuenta?

2.- Yo me he dado cuenta de que los discípulos están con las puertas cerradas y que se mueren de miedo. ¿Es esto para ser optimista?
RESPUESTA: Ya ves. Mientras tú ves puertas cerradas y discípulos que se mueren de miedo, yo veo a Jesús en medio de ellos, devolviéndoles el alma al cuerpo, y cargado de regalos y dones pascuales.

3.- ¿Se puede saber cuáles son esos regalos o dones pascuales?
RESPUESTA: Te los voy a citar. Espero no olvidarme de ninguno. El primero, el regalo de su presencia en medio de ellos. El segundo, el regalo de la reconciliación con ellos mediante el don de la “paz”. El tercero, el regalo del don del Espíritu Santo, que los renueva y hace de ellos hombres nuevos. El cuarto, el regalo de la misión o envío. El quinto, el regalo del don y ministerio del perdón. Y el sexto…

4.- Oiga, no me diga que también les regaló con la incredulidad de Tomás…
RESPUESTA: No. La incredulidad de Tomás ya la conocían ellos de sobra. Pero sí nos regaló con una nueva bienaventuranza.

5.- ¿Una bienaventuranza más? ¿No teníamos ya ocho bienaventuranzas?
RESPUESTA: Claro. Ahora nos regala con una bienaventuranza pascual más. “Bienaventurados los que crean sin ver”. Y es tu bienaventuranza y también la mía y la de nuestros oyentes.

6.- Disculpe le interrumpa. ¿No celebramos también hoy el día de la Divina Misericordia?
RESPUESTA: Claro que sí. Una celebración instituida para este día por el San Juan Pablo II y que está incluida en esos cuatro dones o regalos que te he citado, concretamente en el perdón y el ministerio del perdón.

7.- Padre Clemente, de esos cuatro dones o regalos, como usted los llama, ¿cuál sería el más importante de todos?
RESPUESTA: Los dones de Dios es difícil decir cuál es el mejor o el peor porque todos son importantes. Pero bueno, si hemos de buscar alguna jerarquía, yo diría que el mejor regalo pascual de Jesús a su Iglesia es “se presencia” y la “experiencia de esta presencia”.

8.- ¿Por qué la presencia de Jesús es el mejor regalo pascual?
RESPUESTA: Mientras los discípulos se sienten solos, están como desarticulados, como si el alma les hubiese bajado a los pies. Mientras que la presencia de Jesús los reaviva, les devuelve la vida, la ilusión, la esperanza. Vuelven a ser ellos mismos.

9.- Ciertamente llama la atención la reiteración del Evangelio de Juan en hacer notar que “estaban con las puertas cerradas”, y no precisamente para evitar las corrientes, sino “por miedo a los judíos”. ¿Tanto peligro corrían?
RESPUESTA: Tú sabes que el miedo ve los peligros, pero también los inventa. El miedo nos hace ver peligros reales y también inventados por nuestra fantasía. Ciertamente con esto, Juan nos describe estos humildes comienzos de la Iglesia. Una Iglesia no sólo pobre, sino indenfensa. Una Iglesia que es consciente de que quienes crucificaron al maestro no han olvidado posiblemente a sus discípulos.

10.- ¿Cuáles son los pasos que da Jesús para levantarles el ánimo y devolverles la confianza en sí mismos?
RESPUESTA: Lo primero de todo es “presentarse en medio”. Hacerles sentir que no están solos, que Él sigue en medio de ellos. Esta es la gran fuerza y energía de la Iglesia. Una Iglesia que no signo alguno de poder, sino una Iglesia que se presenta ante el mundo débil como se presentó Jesús mismo al nacer. Pero, a la vez, una Iglesia, que es fuerte en la medida en que viva y sienta la presencia de Jesús en ella.

11.- Padre, todos dicen que uno de los regalos pascuales de Jesús a los suyos es “la Paz”. ¿En qué sentido y qué tipo de paz?
RESPUESTA: En cada aparición Jesús se presenta siempre con dos signos: la paz y las llagas. La primera paz es como una experiencia de reconciliación de Jesús con ellos. Es más que posible que los discípulos se sintiesen mal con ellos mismos, por haberle fallado al maestro durante la Pasión. Sólo uno, Juan, acertó a dar cara por Él. Los demás brillaron por su ausencia.

12.- Y debían sentirse mal delante de Él…
RESPUESTA: Debieron sentirse mal y avergonzados. De ahí que lo primero que hace Jesús es hacerles olvidar sus cobardías. Que Él vuelve a ser el mismo para ellos y que ellos vuelven a ser los mismos para Él. Es una paz que yo llamaría “paz de reconciliación”.

13.- Decía usted que uno de los dones o regalos era “el don del Espíritu Santo”. ¿Por qué?
RESPUESTA: Jesús resucitado era el mismo, pero distinto. Ellos eran los mismos, pero también tenían que ser ahora distintos. Con la Resurrección todo comenzaba de nuevo. Jesús nuevo y discípulos nuevos. Resucitado el Maestro y resucitados los discípulos.

14.- Un momento, ¿estamos diciendo que la Iglesia que nace de la Pascua, no es continuación de nada, sino algo nuevo que surge, algo nuevo que nace?
RESPUESTA: La Iglesia nace no con hombres simplemente. Nace con hombres nuevos. Hombres renovados. Hombres recreados con un nuevo espíritu, que es el mismo Espíritu de Jesús. Hay aquí como una nueva creación, son los hombres nuevos de la Pascua.

15.- Hombres renacidos por el Espíritu Santo.
RESPUESTA: Hombres nuevos por dentro con un espíritu nuevo, con un corazón nuevo, con una mente nueva, y con un modo de ser nuevo. “Recibid, les dice, el Espíritu Santo”. Y exhaló sobre ellos su aliento… Igualito a cuando en la creación cuando dice que “le sopló en las narices”

16.- ¿Cuál es la mayor expresión de esta novedad o de estos hombres nuevos? ¿En qué se les tiene que notar?
RESPUESTA: En otro don, para mí, uno de los más maravillosos… El don del perdón. La gran manifestación del Espíritu es sin duda el amor. Los nuevos hombres de la Pascua, han de ser “hombres que aman como Dios los ha amado”. Y como hombres que aman, han de ser hombres capaces de revelar el amor de Dios…

17.- ¿Y dónde han de revelar o manifestar de manera especial este amor de Dios a los hombres?
RESPUESTA: En el perdón. Dios manifiesta su poder en la misericordia y el perdón. El mayor gesto pascual de la Iglesia es la misericordia con los que han pecado y el perdón que los recupera y los recrea dentro de la comunidad.

18.- ¿Tan importante es el perdón en la Iglesia?
RESPUESTA: Es tan importante que, sin el perdón, sin la capacidad de perdonar, sin la experiencia del perdón, perdona mi atrevimiento, yo diría que Dios no reconocería a su Iglesia.

19.- ¿Hasta el punto de no reconocerla como su Iglesia?
RESPUESTA: Si la Iglesia está llamada a ser signo pascual del amor de Dios, el mayor signo del amor es el perdón. Donde no hay perdón, dudo haya Iglesia. Donde no hay perdón no hay signo ni revelación del amor de Dios.

20.- Me pone usted en una encrucijada. Si el perdón es el gran don de Dios, y el gran signo que revela su amor, me enfrento con dos inquietudes.
RESPUESTA: ¿Cuáles son esas inquietudes?

21.- La primera, si no hay Iglesia sin perdón, tampoco habrá cristianos si no perdonan…
RESPUESTA: El gran signo del perdón es la comunidad. La Iglesia es la comunidad del perdón. Si en la comunidad alguien no perdona, Él mismo se excluye de la comunidad.

22.- ¿Cómo que se excluye Él mismo de la comunidad?
RESPUESTA: Si la comunidad es comunión en el amor, quien no perdona, no ama, y si no ama no hay en él el amor. Y si no hay en él el amor, qué es lo que le crea comunión con los hermanos.

23.- Sin embargo, Padre, tengo la impresión de que el perdón no es lo que precisamente nos distingue a los cristianos. ¿Estoy equivocado?
RESPUESTA: El amor me impide ser juez de nadie. Que cada uno mire a su propio corazón, pero si es cierto el principio de que “donde hay amor allí está Dios”, por igual razón tendremos que decir, “donde no hay amor, allí no está Dios”. Donde no está Dios, ¿habrá una verdadera comunidad eclesial?

24.- ¿Cuál es la verdadera significación del perdón en la Iglesia?
RESPUESTA: Yo diría que tiene dos significaciones fundamentales. La una: ser signo de Dios, signo del Dios amor. Y la otra: el perdón es el medio por el cual Dios recupera lo que estaba perdido, revive lo que estaba muerto, y reintegra a la comunión al que se había ido de ella. El perdón es para mí como una especie de “nueva creación”.

25.- ¡No me estará diciendo que nosotros tenemos, como Dios, el poder de crear?
RESPUESTA: Te extraña mi afirmación, ¿verdad? Pues te diré lo siguiente y quiero que nuestros amigos que nos escuchan lo oigan bien: nosotros no podemos crear, pero podemos recrear lo que Dios creó. El pecado destruye la creación de Dios, comenzando por el hombre. El perdón recrea y reconstruye esa creación, ese hombre roto.

26.- Yo no quisiera que termine todo esto sin hablar un poco de mi amigo Tomás.
RESPUESTA: No sabía que era tu amigo. Yo pensaba que Tomás eras tú y era yo.

27.- ¿Tan duro de pelar era Tomás? ¿Tan incrédulo era? ¿No le habremos recargado demasiado las tintas al pobre Tomás?
RESPUESTA: Yo le tengo un cariño especial a Tomás. Porque, en el fondo, me veo retratado en él. Tomás, en realidad, es un poco el modelo del camino de la fe.

28.- Modelo del camino de la fe. Yo más bien vería en Tomás alguien que no quiere creer a ciegas, que necesita razones para creer…
RESPUESTA: ¿Y tú crees que existen razones para creer? Si existiesen razones para creer ya no sería fe. Cuando hay razones evidentes yo tendría que creer por necesidad. La fe no es algo que se nos impone por necesidad. La fe nace de una opción y una libertad.

29.- Creo que me va a tener que definir de nuevo la fe, porque si tengo que creer sin razones, ya no sé por qué creo. Y eso sí me parece serio.
RESPUESTA: La fe no cree por razones. La fe es como el amor. No tengo razones para creer, Señor, pero yo me fío de ti. No entiendo nada, pero yo sé que tú no me engañas. Creer es fiarme de alguien antes de aceptar verdades en la cabeza. El niño no tiene razones para amar a su mamá, pero la adora y se siente feliz en sus brazos. Pídeles razones a los enamorados, su única razón es que “nos adoramos”. ¿Nunca lo has dicho en tus años mozos?

30.- Entonces, si la fe no se fundamenta en las razones, ¿en qué se fundamenta?
RESPUESTA: No quiere decir que la fe sea irracional, en modo alguno. La fe se despierta no con las razones intelectuales, sino con el testimonio de vida de quienes sí “le han visto”, “le han tocado”. Este fue el pecado de Tomás. No creyó a sus hermanos que sí habían visto, no creyó a su comunidad.

31.- Entonces ¿cómo se entiende la frase de Jesús: “bienaventurados los que crean sin haber visto”?
RESPUESTA: ¿Tú le has visto? Yo, desde luego, no le he visto. Pero hay quienes le han visto. Y ellos me lo testimonian. Y yo creo en ese testimonio de quienes le vieron. Por eso hablamos fe la fe de la Iglesia, de la historia de la fe.

32.- ¿Y qué pasa, Padre, cuando no tenemos razones claras para creer, pero tampoco tenemos signos de que otros lo haya visto?
RESPUESTA: Ese sí puede ser un problema serio. La filosofía me dirá que la fe no es absurda y que existen razones de credibilidad. Pero esas son insuficientes para creer. El problema está cuando carecemos de verdaderos signos, de verdaderos testigos. Esto sí nos debiera preocupar seriamente a todos.

33.- Padre, una última pregunta: ¿cuál sería el mejor signo de credibilidad por parte de la Iglesia y de los cristianos?
RESPUESTA: Para mí el mejor signo de credibilidad es el amor y el perdón. ¿No fue precisamente ese el primer signo de la Iglesia de los Hechos de los Apóstoles? “Mirad cómo se aman”. La gente no se sorprendía de lo que sabían, ni de sus ideas, sino de cómo se amaban. A lo que yo añadiría: “Mirad cómo se aman y cómo se perdonan”.

DESPEDIDA: Sí, amigos, Jesús resucitado está cargado de dones y todos los quiere obsequiar. Abramos los corazones. Hoy puede ser nuestro momento.

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