Hoja Parroquial

Pascua 3 – A | Discípulos de Emaús

Domingo, 23 de abril del 2023

Las crisis también hacen crecer

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Las crisis no siempre son señales de muerte, también pueden ser signos que apuntan a la vida. Los dos de Emaús abandonaron la comunidad desilusionados porque ya no tenía sentido ni razón el seguir con ellos. Entraron en una profunda crisis con ellos mismos, con la comunidad y optaron por lo que creyeron era lo mejor: descolgarse del grupo y volver a lo de antes.

No se trataba de una crisis incipiente, aún en fermentación, era una crisis que ya había echado raíces en las decisiones. Ya estaban camino del ayer, camino de lo que habían dejado.

Jesús no abandono ni a los que le abandonan. Jesús no deja de mirar aún a aquellos que ya le han dado la espalda y se pone en camino con ellos. No es Él quien les soluciona la crisis, pero sí quien les acompaña para que la puedan superar.

Cuando logran descubrir el engaño en que están metidos y vuelven a ver la luz, su corazón vuelve a despertarse, vuelve a ver, vuelve a encontrar lo que daban ya por perdido y la alegría los inunda por dentro. La crisis ya entró en crisis. Lo que antes era la crisis de la inseguridad, la desconfianza, se hace ahora actitud de vida y de esperanza.

Y regresan. Regresan con la noticia en el alma. Regresan con la alegría de “haber visto” y sus vidas se convierten en noticia de anuncio pascual.

Cuando las crisis no se afrontan, matan. Las crisis cuando se afrontan debidamente se transforman en nueva vida, en nueva alegría. Las crisis que hemos superado, no han dejado muerte en nosotros. Las crisis solucionadas pueden dejar alguna pequeña herida, pero son como las heridas pascuales de las manos de Jesús.

Hemos de evitar, claro, las crisis, pero si se dan no todo ha terminado. Hasta es posible que si les hacemos un buen tratamiento, terminen por una renovación de nuestras vidas y nos hagan vivir más plenamente.

Las crisis duelen, pero pueden ser el comienzo de algo nuevo. Pueden ser el comienza de lo definitivo.

La fidelidad no se improvisa

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El relato pascual de Lucas es demasiado serio como para tomarlo a la ligera. ¿Nos situamos en la realidad de aquellos dos?

Primero: Dos desilusionados. No basta comenzar el camino si luego caemos en el desaliento. Jesús comenzó a desilusionarlos. Y cuando Jesús ya no los atrae, ya no es fuerza de atracción, la comunidad de compañeros tampoco les suele decir mucho.

Segundo: La fidelidad no se improvisa. Durante su vida, Jesús trató de hablarles claro, decirles las cosas como eran. En ningún momento Jesús pretendió ocultarles y esconderles el misterio de la Cruz, pero ellos no quisieron convertir su mente a la nueva verdad. Prefirieron seguir con su esquema mental, pensado como antes. De ahí que cuando luego les llegó la realidad los cogió a todos de bajada. No se dejaron instruir y la realidad fue más grande que sus resistencias.

Los dos de Emaús son el ejemplo vivo de quienes se empeñan en no abrirse a la verdad y cuando luego tienen que enfrentarse con ella, entran en el proceso de crisis.

Tercero: una comunidad incapaz de retener. Por otra parte, la comunidad en la que están tampoco tiene suficiente vida como para retenerlos dentro. Cuando la misma comunidad está en crisis, ¿qué se le puede pedir a sus miembros?

Nuestros jóvenes creen saberlo todo y son reacios a una preparación seria de cara al matrimonio. Luego la verdad de casados sobrepasa las pobres ideas y sentimientos, entonces comienza el camino del fracaso “yo pensaba”, “yo creía”, “yo esperaba”…

Bautizamos sin una adecuada preparación. Yo ya me lo sé todo. Ya he vivido muchos bautismos. ¿Y qué sucede cuando las exigencias del Bautismo nos aprietan?

Algo fundamental. Nosotros no creemos en solitario, creemos en comunidad. Mi fe enriquece a la comunidad y la fe de la comunidad es el mejor sostén y animación de la mía. ¿Qué sucede cuando las comunidades no tienen suficiente vida como para enriquecernos y para sostenernos en los momentos de crisis? ¿Las comunidades parroquiales son lo suficientemente fuertes como para mantener viva la fe de los creyentes? Cuando nos echamos atrás, cuando perdemos interés por la Iglesia, ¿contamos con una comunidad que mantenga firme nuestra fe y nuestra esperanza?  Posiblemente uno de los graves problemas que todos tenemos, en todo orden de cosas es que tenemos comunidades demasiado pobres para fortalecer nuestra fe y mantenernos con vida. Y claro, luego tampoco tenemos quien nos salga al camino cuando regresamos a Emaús.

Salir a buscarles

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Hoy se habla mucho de los que abandonan a la Iglesia. De por sí, el hecho mismo ya es doloroso. Pero hay algo que me parece más preocupante. ¿Quién ha salido detrás de ellos a buscarlos, a charlar con ellos, a ayudarles a poner luz en su mente? Que yo sepa, nadie.

El simple hecho es doloroso, pero uno comienza a dudar si tanto es nuestro dolor por aquellos que nos dejan. A juzgar por lo que hacemos por ellos me parece que nos duelen muy poco. Bueno, es posible que nos duelan lo mismo que cuando estaban con nosotros.

¿Es ésta la misión de la Iglesia? ¿Es esta la sensibilidad y la preocupación de los Obispos, los Sacerdotes, Religiosos/as y laicos?

Cuando los dos de Emaús se salieron de la comunidad defraudados y desilusionados, ¿alguien salió detrás de ellos? No fueron los compañeros, ¡qué triste!, sino el mismo Jesús. Los acompañó por el camino como un ilustre desconocido, se quedó con ellos para cenar, hasta que logró hacerles ver las cosas de otra manera, y los trajo de nuevo a la comunidad.

Cuando alguien abandona la Iglesia ¿quién sale detrás de él a buscarlo?

Cuando nos dicen que alguien se ha ido a otra Iglesia, ¿a quién le preocupa?

A nosotros no. A nosotros, bien y gracias. ¡Allá ellos! ¿Serán ellos los únicos culpables de su abandono de la Iglesia? ¿Y los que decimos seguir en la Iglesia, tendremos las manos tan limpias? Mientras no vea que salimos tras ellos, me será difícil creer en ese dolor que fingimos.

Quédate

“Quédate, Señor,
que se hace ya tarde,
que el camino es largo
y el cansancio es grande.
Pártenos el pan
De tu compañía,
Ábrenos los ojos
De la fe dormida.”
(V.M Arbeloa)

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