Hoja Parroquial

Pascua 6 – C | Espíritu Santo e Iglesia

Domingo, 22 de mayo del 2022

El Espíritu, memoria de la Iglesia

Iglesia y Espíritu Santo

¿Cuál es la misión del Espíritu Santo en la Iglesia? El Espíritu Santo es “memoria de la Iglesia”, “memoria para la Iglesia”. La Iglesia no nace hoy. La Iglesia nació hace muchos siglos. Por eso mismo, la Iglesia es una historia. Una historia que viene desde sus raíces hasta la punta de sus ramas.  La Iglesia, además, no la fundamos nosotros. La fundó Jesús con nosotros. Y la Iglesia que fue concebida en el corazón de Cristo, brotó también de Él. El corazón de Cristo fue como el útero en el que se engendró la Iglesia y nació, no en una clínica privada, ni en la maternidad, la Iglesia nació en los brazos de la Cruz.

Son ese corazón de Cristo y esa cruz los que marcan la identidad de la Iglesia. Por eso, cada vez que la Iglesia quiere tomarse el pulso, cada vez que quiere hacerse un cardiograma o un encefalograma, y reconocer así su estado de salud, necesita retroceder a aquellos comienzos, a aquellos principios. La Iglesia se renueva volviendo a sus raíces.

Esta es la obra del Espíritu en la Iglesia, ser como su memoria que impida olvidar sus orígenes, ser la memoria que le impida olvidar sus propias raíces. Él “será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho”.

En primer lugar, el Espíritu tiene todavía mucho que enseñarnos. La Iglesia todavía no lo sabe todo, necesita de la enseñanza diaria del Espíritu Santo. Por eso también su saber como Iglesia es un “saber en el Espíritu”. La ciencia de la Iglesia no es la que aprendemos en los libros, sino la que aprendemos del Espíritu como maestro. La Iglesia sigue aprendiendo todavía. El Espíritu Santo aún tiene muchas cosas más que “enseñarnos”.

La Iglesia nunca terminará de aprender. Cada día hará nuevos descubrimientos. Cada día es enseñada en cosas nuevas. La Iglesia no es un libro ya cerrado, sino un libro siempre abierto y nunca escrito del todo. La Iglesia es como esos libros de visitas, cada nuevo visitante escribe una nueva firma. El Espíritu Santo cada día escribe una nueva firma en la Iglesia.

Y, en segundo lugar, el Espíritu se hace memoria espiritual, memoria salvífica, memoria de Evangelio. La misión del Espíritu es mantener a la Iglesia unida a sus raíces mediante la “memoria espiritual” de lo que Jesús hizo, de lo que Jesús dijo, de lo que Jesús enseño. Sobre todo, la gran misión del Espíritu Santo en la Iglesia será recordarle a la Iglesia el haber nacido de la Cruz, estar llamada a ser signo de la Cruz y estar llamada a vivir de la Cruz. El Espíritu Santo tiene la misión de que la Iglesia no sea una “desmemoriada”.

El que enviará mi Padre

El Espíritu

Nos envió al Hijo. Y nos lo envió, no para condenar a nadie sino para salvar a todos.
El Hijo regresa.
Vuelve al Padre.
Pero antes “una promesa”.

Ahora el Padre nos “enviará al Espíritu Santo”.
¿Encontrará el Espíritu Santo mejor acogida que la que le dimos al Hijo?

Al hijo pudimos verlo.
Nos costó creer en Él.
Pero lo vimos.

Ahora viene el Espíritu Santo.
Pero no lo vemos.
Sólo podemos sentirlo, experimentarlo.

El Hijo vino a nosotros para realizar la misión que le encomendó el Padre.
El Espíritu Santo viene, “será enviado”, para continuar la obra del Hijo.
Y ahora vendrán los tres: “vendremos a él y haremos morada en él”.

Con la venida del Espíritu Santo se diría que Dios ha cambiado de casa.
Ha cambiado de vivienda.
Ha cambiado de residencia.
Hasta ahora era precios mirar a los cielos o la historia para encontrarnos con Él.

Ahora basta con que nos miremos a nosotros mismos por dentro.
Hay una serie de verbos que parecen que definen a Dios:
“Enviar”. “Enviado”. “Volver”. “Morar, habitar”.

Dios se pasa la vida yendo y viniendo.
En todo caso, el único lugar donde parece sentar a descansar es cuando “nos habita a nosotros”.

Orar como Jesús

la oración

Cuando tengas que afrontar una dificultad, ora.
Cuando tengas que soportar una enfermedad, ora.
Cuando tengas que discernir una situación, ora.
Cuando tengas que dialogar con tus hijos, ora.
Cuando tengas que hablar con tu esposa/o, ora.

Cuando te sientas deprimido, ora.
Cuando te sientas triste, ora.
Cuando tengas miedo, ora.
Cuando sientas repugnancia y desganado, ora.

Cuando no veas claro las cosas, ora.
Cuando tengas que decidir algo, ora.
Cuando tengas resentimientos en tu corazón, ora.
Cuando tengas que perdonar, ora.
Cuando te sientas perdonado, ora.
Cuando la enfermedad de aplaste, ora.

Cuando no encuentres trabajo, ora.
Cuando tengas un buen trabajo, ora.
Cuando los demás no te comprendan, ora.
Cuando tengas que comprender a los demás, ora.

Cuando todo lo veas oscuro y sin luz, ora.
Cuando todo te parezca claro y luminoso, ora.
Cuando sientas que todos te han fallado, ora.
Cuando sientas que nadie te necesita, ora.
Cuando sientas que las cosas se enderezan, ora.

Cuando no comprendas a tus hijos, ora.
Cuando no entiendas a tu esposo/a, ora.
Cuando al orar no sientas nada, sigue orando.
Cuando al orar sientas que nadie te escucha, sigue orando.
Cuando al orar nadie te responde, tú sigue orando.
Cuando te canses de orar, sigue orando.
Cuando quieras que otros oren, oran con ellos.
(C.S. cp)

El círculo de Dios

Dios y tú

¿Le amo?
Luego acepto y vivo su Palabra.
¿Acepto y vivo su Palabra?
Luego, los tres vendrán a mí.

¡Y harán morada en mí!
Ya no seré yo mismo.
Son ellos en mí. Y yo en ellos.

Luego yo soy cuatro:
Es el Padre en mi.
Es el Hijo en mí.
Es el Espíritu Santo en mí.
Y soy yo.

¿Me puedes decir ahora quién eres?
¿Y eres de los que dices que tú conoces al hombre?
¡Si, al menos, pudiera conocerme a mí mismo!
¡No conozco el misterio que hay en mí!
¿Cómo quieres conozca el que hay en ti?

Bueno, digamos:
Que Dios es misterio en mí.
Que yo soy misterio en Dios.
Y el misterio no se conoce.
Se siente. Se vive. Se experimenta.
¡Vívete a ti mismo!

¿Quién se atreve ahora a decir…
Soy una basura?
Soy insignificante?
Soy un “don nadie”?

Dios es en mí.
Yo soy en Dios.
Yo la habitación de Dios.
Dios la razón de mi ser.
¡Ese soy yo!

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