Hoja Parroquial

María, Madre de Dios | Feliz Año Nuevo

Domingo, 1° de enero del 2023

María, Madre de Dios

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“Así bendeciréis a los Israelitas: El Señor te bendiga y proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz”. (Nm 6,22-27)

Comenzamos este nuevo año 2022 recordando a María, la Madre de Dios. Ella fue la madre silenciosa durante toda la Navidad. No hubo felicitaciones. No hubo ramos de flores para ella. Fue la madre de la Palabra en silencio.

La Liturgia quiere comenzar el año sacándola del silencio y revelando el misterio de su maternidad.
Un hijo que parecía cualquier hijo.
Una madre que parecía cualquier madre.
Un hijo que era Dios.
Una madre que era la más grande de las madres.

Comenzamos este nuevo año con primera lectura que nos habla de bendición:
De que tenemos que ser bendición.
De que tenemos que bendecir.

Si terminé el año 2021 con una oración, quisiera comenzar el nuevo año 2022 con otra oración:
porque es la oración la mejor palabra.
porque es la oración la que mejor expresa los sentimientos del corazón.
porque es la oración la que mejor nos dice a nosotros mismos y la que mejor expresa el misterio.

Señor:
¿Sabías que hemos comenzado un Nuevo Año?
Es casi tan joven como tú, le llevas una semana.
Los dos habéis nacido casi al mismo tiempo.
Es como tu primer regalo de Navidad.

Es nuevo, porque todavía no lo hemos desgastado.
Es nuevo, porque todavía lo estamos estrenando.
Es nuevo, porque son doce meses que son todo un regalo de vida.

Lo comenzamos todos ilusionados.
Cuando tú naciste nadie echó cohetes, todo era silencio.
¿Te has dado cuenta del ruido que nosotros hemos hecho esta media noche?
Contábamos los segundos para comernos las doce uvas.
A ti nadie te esperaba, menos María y José.
¿Has escuchado nuestros cohetes explosionar en los aires?
Bueno, cuando tú naciste, solo escuchamos el canto de los ángeles
A ti no te gusta nada que huela a pólvora,
prefieres la música que canta el
“Gloria de Dios en los cielos y la paz a los hombres a quienes tu amas”.
Mira con qué ilusiones lo comenzamos. ¿Cuánto durarán estas ilusiones?
Mira cuántas esperanzas florecidas esta noche. ¿Cuánto durarán estas esperanzas?

Tú comienzas este Nuevo Año bendiciéndonos.
Yo quisiera comenzarlo recibiendo tu bendición.
Yo quisiera comenzarlo siendo bendición para todos.
Quisiera, a lo largo de este año, ser bendición:
Para los que me bendicen y los que no me bendicen.
Para los que me acompañarán en el camino y para los que me abandonarán el camino.
Para los que me aman y para los que no me quieren o les caigo mal.
Para los que quitarán las piedras de mi camino y para los que me pondrán piedras para que tropiece.
Para los que me sonrían y para los que me pongan cara seria.
Para los que me tiendan la mano y para los que me la nieguen.

Yo sé, Señor, que, al comienzo, todos soñamos mucho.
Sé que tampoco este año será fácil, y habrá muchos cansancios, habrá muchas desilusiones, habrá muchos que se echen atrás. Para todos ellos permíteme citarles aquel poema de aliento y esperanza:
“No te rindas, aún estás a tiempo de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos, liberar el lastre, retomar el vuelo.
No te rindas que la vida es eso, continuar el viaje, perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo, correr los escombros y destapar el cielo.
No te rindas.
Por favor, no cedas”.
(Mario Benedetti)

Bendición
El Exodo condena a muerte al que “maldiga a su padre” (Ex 21,17)
Jacob no suelta al ángel en tanto no lo bendiga (Gen 32)
“Quien quiere hacer algo siempre encuentra medios para hacerlo; quien no quiere hacer nada, siempre encuentra una excusa”. (Proverbio árabe)
Estos quieren ser mis mejores deseos para este nuevo año quecomenzamos.

¡FELIZ 2023 A TODOS!

Año Nuevo, Vida Nueva

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Esta frase está demasiado gastada y puede que ya no nos diga nada. Sin embargo, debiéramos darle el verdadero sentido que encierra. Sólo sobrevive lo que siempre comienza, lo que siempre se renueva. Todo aquello que se queda en lo que fue y no tiene renacimiento, está condenado a pudrirse. La peor frase con la que solemos justificar nuestra indolencia hacia lo nuevo suele ser: “Siempre ha sido así”, “siempre se hizo así”.

El Año Nuevo es algo más que comenzar con un nuevo almanaque o una nueva agenda. Aunque también ellos tienen su sentido. Un nuevo almanaque son 365 días que están sin estrenar. Un nueva Agenda es un libro en el que aún no hemos escrito nada y en el que se pueden escribir muchos nombres, muchas direcciones, muchos teléfonos y muchos acontecimientos.

La Liturgia comienza el nuevo año recordándonos a María como la Madre de Dios. Toda la Navidad apenas si figuraba, el centro era el Niño. Ella estaba allí, también José, pero las miradas iban al Niño. Hoy comenzamos el año recordando a la Madre, madre humana, pero también Madre de lo divino. En ella recordamos a todas esas mujeres en cuyo seno han germinado las vidas, llamadas también ellas de alguna manera a “ser hijos de María e hijos de Dios”.

Pero la Liturgia comienza también con algo que solemos olvidar: la bendición. Recuerdo que recién llegado al Perú, alguien me dijo: “Lo peor que puedes hacer aquí es maldecir a alguien.” Y me encontré con un pueblo ansioso de bendiciones, pero bendiciones sacerdotales, que tal vez olvida que todos somos bendición los unos para los otros. “El Señor habló a Moisés: Di a Arón y a sus hijos, esta es la fórmula con la que bendeciréis a los Israelitas: “El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz.”

Todos estamos llamados a bendecirnos los unos a los otros. Los esposos entre sí, los padres a los hijos, los hijos a los padres. Bendecir es un estilo de vivir juntos los unos con los otros, es desear cada día algo bueno para los demás, es hacer que nuestro rostro sea como una luz que ilumina a los demás, es hacer favores y servicios a los demás, es fijarnos en el otro y no pasar de largo a su lado, es dejar un sentimiento y una sensación de paz y serenidad en el corazón del otro.

Tal vez la novedad de este 2023 pudiera ser “sentirnos todos bendecidos por los demás, y ser bendición para todos”.

Deseos para el 2023

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Que no perdamos la esperanza de que las cosas pueden cambiar.
Que no dejemos a Dios lo que podemos hacer nosotros.
Que no culpemos a los demás de lo que nosotros podemos hacer.
Que los políticos no nos engañen con falsas promesas.
Que los políticos escuchen más al pueblo y menos a las consignas del partido.

Que los matrimonios se comprendan, se aguanten, se perdonen un poco más.
Que los ancianos encuentren un poco más de cariño en nosotros.
Que los ancianos se sientan menos solos y más acompañados.
Que los creyentes anuncien más su fe y callen menos.
Que los niños encuentren todo un hogar caliente.
Que los niños dejen las calles y puedan asistir a la escuela.

Que discutamos menos y nos pongamos más de acuerdo.
Que haya más constructores y menos destructores.
Que vivamos más unidos todos y que nos marquemos metas comunes para realizarlas entre todos.
Que nos sonriamos más los unos a los otros.
Que nos demos más la mano para sentirnos más amigos.
Que seamos un poco más felices.

Recetas para el 2023

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Preferible tomar las cosas con tranquilidad que ahogarse en ellas.
Preferible sonreír que poner cara de amargado.
Preferible perdonar que dejarte comer por el virus del resentimiento.
Preferible dar la mano a que todos te la pidan.
Preferible hablar bien de todos, que criticarlos.
Preferible equivocarte hablando bien, que acertar hablando mal.

Cuando te sientas nervioso y de mal humor, mejor calla.
El optimismo enciende las luces, el pesimismo las apaga.
La casa puedes barrerla todos los días, pero al menos una vez al mes haz una limpieza de tu conciencia.
Caer es muy humano, pero levantarse es divino.

No digas palabras que puedan herir.
No comiences el día sin saludar a los tuyos y también a Dios con una sonrisa.
No te acuestes sin reconciliarte con los tuyos y también con Dios.

Si ves a alguien caído, no pases por encima, levántalo.
Si hoy te van mal las cosas aun te queda mañana para que vayan bien.
Si algún día te sientes triste, ese día ora un poco más.
Si alguien te pone cara de tranca, tú sonríete.

Pueden parecerte cosas sabidas.
Bueno, pues ya que las sabes, ahora vívelas.
No basta saberlas, hay que vivirlas.

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