Hoja Parroquial

Sagrada Familia – A | Jesús, María y José y la Familia de hoy

Domingo, 29 de diciembre del 2019.

Como muchas familias de hoy

Iglesia que Camina

Con frecuencia mistificamos a la Sagrada Familia. Claro, pensamos en las tres personas que la componen y todos imaginamos que aquello debió ser “vida y dulzura y esperanza nuestra”. No cabe duda alguna que, hacia dentro, la Familia de María, José y Jesús debió vivir una riqueza de vida.

Pero olvidamos que la Sagrada Familia, fue una familia normal como cualquier otra familia, que para comer había que trabajar y que no siempre había trabajo en la carpintería. Que María iba al mercado, que tenía que pagar como el resto de las vecinas y que cada día tenía que cocinar, barrer, lavar la rompa, los platos y encender el fuego. Suponemos que la leña la sacaría del taller. ¿Estaría José del mismo humor todos los días? ¿Alguien se imagina que algún día le diese un grito al niño por agarrar la garlopa o el cepillo o el martillo que luego dejaba tirado en cualquier lugar?

La Sagrada Familia vivió una vida normal, la de cualquier familia del pueblo. Pero hay algo más todavía. La Familia de Jesús sabe mucho de lo que es vivir en la inestabilidad. De Nazaret a Belén. De Belén a Egipto. De Egipto a Nazaret. Y que conste que entonces no había carros ni trenes… Que todo eso había que hacerlo a pie. Una familia “de emigrantes”, pero de emigrantes que tienen que huir con lo puesto, que como toda familia de emigrantes es mal vista y tiene que sentirse extraña y marginada. En Belén nadie la esperaba, en Egipto tampoco. Además, como sabemos, no es nada fácil abrirse camino en tierra extraña y entre extraños.

Para nadie es un secreto la cantidad de familias que hoy se ven desarraigadas de su propio terruño y obligadas a emigrar. Unas porque también corren peligro donde están y otras porque la vida les exige salir a la aventura de buscar fuera y lejos lo que no encuentran en su propia tierra. Durante el terrorismo, ¿cuántas familias han llegado has Lima? ¿Y quién salió a recibirlas? ¿El Estado? ¿La Iglesia? Al contrario, las ciudades tienen poca acogida para los que vienen de fuera, los escupe a los arenales bajo unas esteras. ¿Dónde están los derechos humanos de las familias que movidas por su pobreza emigran hoy a los países ricos? Familias indocumentadas que tienen que vivir a salto de mata para que la policía no dé con ellas.  ¡Cuantas vidas se han quedado en el mar queriendo pasar de Africa a Europa! ¡Cuantos han sido atrapados por la policía cuando se arriesgan a ingresar como ilegales en Estados Unidos!

En el día de la Sagrada Familia, no podemos ser insensibles a estas realidades que están ahí, que tienen que ser algo más que una simple noticia periodística.

Familia de emigrantes

Iglesia que Camina

También la Sagrada Familia fue una familia de emigrantes. Debió abandonar su propia tierra, por razones de pobreza como muchas de nuestras familias emigrantes hoy, sino porque el hijo resultaba incómodo y un peligro para los grandes.

También ellos debieron coger sus pequeños bártulos, fugar de noche a un país extraño y vivir allí como extraños, como indocumentados, como indeseados.

Cada día vivimos las noticias de nuestros emigrantes que abandonan el país en busca de un poco de bienes para su familia. Familias que tienen que vivir cada día con el miedo en el alma de que algún policía los descubra y los ponga al otro lado de las fronteras.

Hace unos años, dando un Curso de Pastoral Familia en Los Angeles, sentí de cerca esa dolorosa experiencia. ¡Cuántos me decía: pida a Dios que ahora al salir no nos topemos con la policía, pues no tenemos documentos!.

La Sagrada Familia tampoco tuvo documentos en Belén cuando llegaron. Por eso nadie los recibió. Como cualquier familia emigrante se vieron precisados a salirse a las afueras de la ciudad.

Nos hacemos demasiados mitos y acarameladas ideas sobre la Sagrada Familia. Sin embargo, también ella debió de experimentar la triste realidad de tantas familias que emigran hoy a EEUU o a Europa. Un compañero mío da de comer a unas doscientas familias cada semana. Lo hace en silencio, porque el amor no hace ruido.  Nunca olvidaré aquella familia que a las diez de la noche llegó a la Parroquia y debió hospedarla y darle de comer durante una semana lavando él mismo los platos. Su frase se me quedó clavada: “Una cosa es la pobreza y otra es ver el rostro humano de la pobreza.” Y esta es una realidad hoy. Y esta fue la realidad de la familia de José, María y Jesús.

La mística está muy bien pero la realidad es la que duele cada día. Veamos a esas familias que llegan de nuestra Sierra. ¿Adónde las tiramos? ¡Dios está en los arenales como emigrante!

“Herodes busca matar al Niño”

Iglesia que Camina

Malos comienzos tuvo Dios al hacerse Niño entre nosotros. ¿Serán tan peligrosos los niños que son capaces de poner miedo en el corazón de los grandes? Hay poderosos que, con tal de asegurarse el puesto, están dispuestos a todo. Los poderosos no lo son tanto como a veces parecen. Un simple niño recién nacido les hace temblar. Es que el poder no siempre es una seguridad. Estar arriba es la ilusión de muchos, pero cuando llegan a la cima las alturas les crean vértigo.

Un niño a quien ni siquiera ha visto. Un niño del que sólo tiene noticias, pero a quien llaman el “Mesías” o “rey de los judíos”. Como el poder no tiene corazón, decide acabar con él. Como no sabe con exactitud quién puede ser, lo mejor es arremeter contra todos los niños de su edad. “Herodes busca matar al Niño.”

A eso nosotros llamamos crueldad contra los niños, pero ¿estamos tan lejos de Herodes nosotros hoy? Hoy vivimos una cultura “anti-niño”. Primero, tenemos miedo a tener hijos, a veces con razones entendibles; otras veces, por la simple comodidad de no querer complicarse la vida.

Hoy se habla mucho del maltrato a los niños. Malos tratos físicos, malos tratos sicológicos. Malos tratos impidiéndoles ser y vivir como niños. ¿No decimos que en el Perú hay millón y medio de niños trabajando en vez de estar jugando o estudiando en el Colegio?

Hace unos meses, allá por el mes de junio, unos reporteros quisieron ver la realidad de los niños metidos en los socavones de las minas buscando oro. Fueron repelidos de una manera violenta. Nadie quería que el Perú viese la realidad y las autoridades también daban la impresión de hacerse los sordos y los ciegos. Ojos que no ven, corazón que no siente. El primer niño maltratado fue Jesús, que debió fugarse porque la muerte la tenía encima.

Carta a la “Familia 2020”

Iglesia que Camina

Querida familia: Terminamos el año y comenzamos otro nuevo. El año que termina te ha golpeado duro. Muchas familias que comenzaron hace un año, hoy están rotas, destruidas o con graves heridas. Y esto es algo grave. Porque hiriendo a la familia estamos hiriendo a toda la sociedad. Tú eres más importante que lo que puedes imaginarte. De tu buena salud depende la salud de todo el organismo social, porque tú eres la que estás más inmediatamente vinculada a las personas.

Por eso, al comenzar este nuevo año “2020” quisiera pedirte:

Tómate en serio. Piensa que eres el corazón de la sociedad. Piensa que de tu salud espiritual, sicológica va a depender en gran parte la felicidad de muchos hijos y de muchos ciudadanos.

Tómate en serio. Porque también la Iglesia depende de ti. De tu salud espiritual va a depender la historia de fe de muchos de sus bautizados.

Esposos, tomad en serio vuestra vida de pareja. Que es el único espacio que nos queda para sentirnos personas y experimentar el amor. De vuestra felicidad dependerá la felicidad de vuestros hijos.

Hijos, tomad en serio vuestra condición de hijos. La felicidad de vuestros padres depende mucho de vosotros. Hacedles sentir que no os dieron la vida en vano. Que mereció la pena engendraros.

Ancianos, tomad en serio ese rosario de años. Vosotros no sois ese trastero a donde echamos lo viejo e inútil. También vosotros tenéis que ser autores de la alegría, de la vida, de la felicidad del hogar. Si los demás son torrentera, vosotros sois esos remansos apacibles del río.

”Familia 2020” sé que tendrás problemas.  Sé más que tus problemas. Sé que habrá dificultades. Sé más que tus dificultades. Que, en medio de tantas situaciones duras, seas, como familia, nuestra gozosa esperanza.

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