Hoja Parroquial

Domingo 5 – B | Jesús peregrino | IQC2021

Domingo, 7 de febrero del 2021

Deficiente distribución

anuncio de la Palabra

El acaparar, el quererlo todo, no es exclusivo del mundo de las cosas. También tiene su resonancia en el mundo de los valores del espíritu. Existe un estilo de vivir nuestra fe que pareciera una especie de posesión en exclusividad.

Son precisamente las comunidades que más medios y servicios tienen las que más suelen pecar de acaparamiento. Tienen todos los servicios, pero se han acostumbrado mal. Todo lo quieren. Y todo lo quieren de inmediato. No es que siempre busquen una mayor vivencia de la fe, pero sí el contar con todos los medios.

Mientras tanto, otras comunidades no llegan ni a un mínimo de supervivencia. Mientras en muchas parroquias hay una docena de misas cada domingo, en otras muchas hay una misa al mes y todavía nos quejamos. Si nos quitan una misa ya protestamos. ¿No nos pedirá cuentas el Señor de tanto despilfarro?

Los de Cafarnaún querían también hacerse dueños de Jesús. Lo buscaban por todas partes, mientras Él se había retirado a orar. Los mismos discípulos le presentan la queja: “Señor, todo el mundo te anda buscando”. No quieren que te vayas, sino que te quedes aquí. La respuesta de Jesús es clara: “Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido”.Por eso he salido de Cafarnaún, comenta en la nota la Biblia de Jerusalén.

No pareciera lógico que Jesús salgo de allí donde la gente quiere que se quede y se vaya a otros lugares donde posiblemente ni le escuchen ni lo reciban. Eso no cuenta para Él. Jesús ha venido para anunciar, dar a conocer el mensaje de Dios y del Reino, no para instalarse cómodamente en un clima y ambientes propicios, que no siempre son signos de mayor voluntad de seguimiento.

¿No tendrá la Iglesia que decir también hoy: “Vámonos de aquí a otros lugares que no tienen nada y también ellos necesitan escuchar la Palabra”? En la vida social, la riqueza está mal distribuida. ¿Crees que la Iglesia está debidamente distribuida entre los hombres? Mientras unos lo tienen todo, una gran mayoría no tiene nada. ¿Estar” Jesús de acuerdo con esta distribución? Aquí somos responsables todos, los distribuidores, los distribuidos, y los consumistas.

La Iglesia no nació para instalarse en la comodidad y la tranquilidad sino para anunciar, irse a otros lugares, porque también ellos deben escuchar el Evangelio. Así lo entendió Pablo, que fundaba una comunidad, la fortalecía, y luego se iba a otro lugar a fundar nuevas comunidades.

“La cogió de la mano y la levantó”.

Jesús y la suegra de Pedro

Un bello gesto. El bien hay que hacerlo a gusto y con cariño. No podemos hacer el bien con cara de amargados. Hay que hacer el bien tratando de que aquel que lo recibe no se sienta humillado o maltratado.

El gesto de “coger de la mano” parece muy simple, sin embargo, es una manera de acortar distancias, de hacernos sentir próximos, y manifestar nuestro cariño. Un bello gesto para cuando tratamos de corregir a alguien o manifestar nuestro fastidio.

Esposos: cuando tengáis algo que deciros, tomaos primero de la mano, miraos a los ojos, y luego ya podéis deciros lo que pensáis.

Padres: cuando queráis llamar la atención a vuestros hijos, tomadlos de la mano y habladles.

Pero eso sí, que cuando os toméis de la mano sea para “levantaros”. Las manos tienen mucha fuerza. No solo física, sino también sicológica. ¡Cuántos corazones hundidos pueden levantar tus manos! ¡Cuántas vidas aplastadas pueden levantar tus manos! ¡Benditas las manos que se estrechan y levantan!

¿No podíamos manifestarnos más nuestro amor cogiéndonos las manos? ¿Cuánto tiempo hace que no estrechas las manos de tu esposa o esposo? ¿No lo podíais hacer hoy?

El poder del servicio

dar donar

¿Era tan importante la fiebre de la suegra de Pedro como para que se le de tanta importancia en el Evangelio?  ¿Quién no ha tenido alguna vez un poco de fiebre?

Aquí hay algo más. Los comentaristas hablan de cómo en el ambiente familiar de Pedro se está viviendo una fiebre de poder, una fiebre política de acabar con el dominio romano. Lo que hace Jesús es apagar la fiebre del poder por la capacidad de servicio.

La comunidad cristiana no puede vivir con la fiebre del poder y del dominio. Al contrario, la única fiebre que se permite en las comunidades cristianas es la fiebre del servicio a los demás.

La Iglesia no ganará el mundo para Cristo por medio del poder. Ni siquiera del poder religioso. La Iglesia ganará el mundo para Cristo por medio del servicio. El poner disponible al servicio de todos.

En la familia, no lograremos vivir más unidos apelando al poder de cada uno, sino a la capacidad de servicio de todos.

En la vida política, no lograremos un pueblo unido mediante el poder y el mando, sino cuando todos consideremos más a todos los demás y nos pongamos a su servicio. ¿No fue esto uno de los mandatos de la Ultima Cena en el lavatorio de los pies? “Ahora no lo entendéis. Lo entenderéis más tarde. Haced también vosotros esto”. No es siendo más que conquistemos el corazón del hombre, sino sirviendo más. No se nos conocerá por poder más, se nos conocerá porque “sirvamos más”.

¿Han cambiado tanto las cosas?

anuncio y misión

“Oye, maestro, ¿qué haces aquí solo, cuando todo el mundo te anda buscando por todas partes?”. Así recriminan los discípulos a Jesús, haciéndose eco del ambiente que se vive en Cafarnaún.

¡Cómo han cambiado las cosas! ¿Quién busca hoy a Jesús? ¿Cuántos dejamos hoy nuestras ocupaciones para ir a buscarlo, encontrarlo y dejarnos cambiar interiormente por Él? Diera la impresión de que Dios ya no resulta interesante para el hombre de hoy. Se han dicho un sin fin de cosas, “el Dios inútil”, “el silencio de Dios” e incluso acabo de leer en uno de nuestros periódicos que se está gestando un movimiento o asociación sin religión y sin fe. Citamos del mismo periódico: “Dicho movimiento agrupa a “los peruanos que no creen en la existencia de entidades sobrenaturales, en religiones reveladas”.

Personalmente, tenemos otros criterios. El hombre de hoy sigue sintiendo tanto o más que el hombre de ayer la necesidad de Dios. Y lo busca. Tal vez, no lo busca por los mismos caminos de ayer. Tal vez sus expresiones son diferentes. Hasta es posible que no lo diga, aunque en el fondo lo sienta. Presumo que el hombre de hoy ya está harto de que lo llenen de tantos “malos espíritus” que cada día envenenan su corazón y busca a alguien que lo pueda liberar. También el hombre de hoy anda a la búsqueda del antídoto que pueda matar esos virus que pudren su corazón.

Los caminos pueden ser diferentes, pero la búsqueda es la misma. Las expresiones pueden ser distintas, pero la meta es la misma. Al fin y al cabo, por mucho que queramos, también el corazón del hombre sigue siendo el mismo. Si no, mira al tuyo.

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