Hoja Parroquial

Corpus Christi – A | El Sacramento de la Eucaristía

14 de junio del 2020

La Eucaristía como memorial

Corpus Christi

San Juan Pablo II cuando convocó el Año de la Eucaristía insistió en el carácter de memorial del Sacramento eucarístico.

Cuando Jesús instituyó la Eucaristía lo hizo en una actitud del Espíritu que trascendía y a la vez llenaba la historia.

La Eucaristía como “memorial del futuro”.
La Eucaristía como “memorial del pasado”.
La Eucaristía como “memorial del presente”.

El memorial del futuro. Jesús está pensando en el cuerpo que será entregado, en la sangre que será derramada. Es decir, está pensando en una Eucaristía que es la expresión sacramento de cuanto va a acontecer en el misterio de su Pasión. La Pasión es el acto central de su vida. Y eso no puede olvidarse. Sería olvidar las propias raíces del ser cristiano. La Iglesia tiene que estar viviendo en torno a ese acontecimiento. Para ello, Jesús crea el Sacramento de lo que va a pasar, de lo que va a suceder.

Memorial del pasado. Jesús lo hace pensando en que nosotros, para que la Iglesia recuerde ese pasado. En la Última Cena, el acontecimiento pascual aún es futuro, lo sufrirá desde esa noche y el día siguiente. Por eso, para Jesús es el sacramento de lo que ha de suceder, pero para la Iglesia será el sacramento de lo que ya sucedió. El sacramento de la memoria que es la gran medicina contra el olvido. El mayor pecado de la Iglesia sería olvidar las maravillas de Dios. El mayor pecado de la Iglesia será siempre el pecado del olvido. El olvido del amor. El olvido de la máxima expresión del amor.

Memorial del presente. La Iglesia está llamada a celebrar el memorial también del presente. Al celebrar la Eucaristía, la Iglesia actualiza lo que recuerda. Hace que acontezca hoy, suceda hoy, lo que ya sucedió ayer. Cuando celebramos la Eucaristía no hacemos un proceso sicológico de la memoria que recuerda memorísticamente algo que sucedió hace siglos. La memoria eucarística es hacer que acontezca también hoy, que Jesús muera también hoy, que Jesús resucite también hoy, que Jesús entregue su vida por nosotros también hoy. Nos reunimos, no para contar una historia del pasado, nos reunimos para ser testigos de cómo ese pasado acontece también hoy. No es el cuerpo que “será entregado”, sino el cuerpo “que se entrega”. No es la sangre que “será derramada”, sino la sangre que se derrama también hoy.

Todo esto no por una devoción particular, sino por un mandato expreso que Jesús nos dejó, de hacer lo que Él mismo hizo: “Haced esto en memoria mía”. No hacemos una copia, hacemos lo mismo que Él hizo. Con la diferencia de que Él lo hizo haciendo presente el futuro, nosotros lo hacemos haciendo presente el pasado. ¿Te das cuenta del dinamismo que implica una misa? ¿Alguien tiene espacio para el aburrimiento?

La Eucaristía: vivir con el otro

Corpus Christi

La Eucaristía es “Dios con nosotros” y es también “nosotros con Dios”. Por la Eucaristía, Dios se ha quedado con nosotros y, por tanto, podemos decir que vivir la Eucaristía es vivir a Dios con nosotros. La Eucaristía es un aprender a vivir cada día con el otro y para el otro porque la Eucaristía es en primer lugar “presencia”, “el que está”, además es, a la vez, “comunión”. Y ser comunión es vivir para el otro.

Vivir con los demás y para los demás. Una bella imagen de lo que debiera ser la comunidad parroquial. Porque la Parroquia no puede ser un archipiélago de islas, sino una comunión de familias y de personas. Esto posiblemente aún no logramos entenderlo, a pesar de que cada día y, sobre todo, cada domingo, celebramos nuestra Eucaristía. Una bella imagen del matrimonio y la familia. Los esposos están llamados a vivir el uno con el otro y el uno para el otro. En la celebración de la Eucaristía la pareja debiera renovarse. Al comulgar el uno debiera ver al otro como un don y sentirse a la vez un don para el otro. El esposo, un don para la esposa. La esposa, un don para el marido. Los padres, un don para los hijos. Y los hijos, un don para los padres. Así la familia, participando de la Eucaristía, se convierte luego en una pequeña eucaristía familiar.

La Eucaristía, sacramento del amor, es también el sacramento de la pareja, de la familia, de la comunidad. Un sacramento donde cada uno está llamado a ser el pan que come el otro, el pan que “es entregado por el otro”. En el Sagrario, Dios vive con nosotros. En la comunión, vive en nosotros. Cuando le visitamos en el sagrario, estamos viviendo con Él y cuando comulgamos estamos viviendo en Él. “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”.

La Eucaristía y ver cristiano

Cuerpo de Cristo

Cuando miro el Sacramento de la Eucaristía, veo un poco de pan.
Pero le veo a Él.
Cuando miro el Sacramento de la Eucaristía, veo un poco de vino.
Pero le reconozco a Él.

La Eucaristía es la pedagogía de Dios sobre el ver.
Vemos una cosa, pero reconocemos otra escondida.
Vemos una cosa, pero sabemos que allí hay algo más.
Vemos un poco de pan, pero sentimos que allí está su Cuerpo entero.
Vemos un poco de vino, pero sentimos que allí está su Sangre entera.

La Eucaristía nos ayuda a mirar más allá de lo que vemos.
La Eucaristía nos enseña a mirar de una manera diferente las cosas.

Vemos una cosa, y creemos en la presencia de otra.
Vemos una realidad, y estamos seguros de la presencia de otra distinta.

No importa si el pan que comulgamos es pequeño.
Sabemos que está Él entero.
No importa si el vino que comulgamos es poquito.
Sabemos que es toda su sangre derramada.

Comulgar es ver al hombre, pero descubrir en él al hermano.
Comulgar es ver al que un día me hirió, pero que sigue siendo un hermano.
Comulgar es ver la pequeñez del hombre, pero reconociendo su grandeza.
Comulgar es ver la pobreza de lo humano, pero la grandeza de lo divino.
Comulgar es ver la debilidad de lo humano, pero la fortaleza de lo divino en él.
Comulgar es ver al pecador que hay en mí, pero el santo que crece en él.
Comulgar es ver al pecador que hay en mi hermano, pero también al santo que Dios está haciendo crecer en él.
Comulgar es ver las miserias humanas, pero también las posibilidades divinas.
Comulgar es ver un mundo roto, pero contemplándolo como un mundo posible nuevo.
Cuando comulgamos vemos una cosa, pero recibimos otra.
Cuando comulgamos vemos una realidad, pero recibimos otra.
Comulgar es aprender a ver a Dios detrás de las cosas, detrás de cada hombre o mujer.

Celebrar la Eucaristía

Celebrar la Eucaristía:
es celebrar el misterio pascual hoy.
es celebrar el nacimiento de la Iglesia hoy.
es ser testigos de la Iglesia nueva de hoy.
es darle un nuevo rostro a la Iglesia hoy.
es impedir que la Iglesia se haga vieja.
es sentirnos Iglesia hoy.
Celebrar la Eucaristía es meternos en el hoy de Dios.

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