Hoja Parroquial

Cuaresma 3 – A | Jesús y el agua viva

Domingo, 12 de marzo del 2023

La pedagogía de Dios

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Jesús no solo nos dice lo que tenemos que decir y hacer. Con su propia conducta nos marca también la metodología de cómo decir y cómo hacer. Con frecuencia tenemos muchas cosas buenas que decir, hasta decimos grandes verdades, pero las decimos de tal manera que la gente las rechaza. No rechaza la verdad, rechaza nuestro modo de anunciarla.

Yo me pregunto: ¿Qué haría yo o qué harías tú si nos hubiésemos encontrado con la samaritana junto al pozo? En primer lugar, no le hubiésemos hablado. ¿Te imaginas lo que diría la gente al vernos hablar tan amablemente con una mujer tan, tan peligrosa, por lo especialista que era en maridos? Jesús tiene una pedagogía muy especial.

En primer lugar, no la mira como peligrosa, sino como mujer que tiene sed de verdad. Los demás que piensen lo que les dé la gana, pero ella es más importante que toda la chismografía de los buenos.

En segundo lugar, Él no se presenta como el bueno y ella la mala. La considera sencillamente en el mismo plano. Él tiene sed y ella también. Ambos se parecen en la misma sed.

En tercer lugar, no es Él el superior que ofrece, es el de condición de inferioridad, y por eso comienza no por dar sino por pedir. “Dame de beber”.

En cuanto lugar, las personas están por encima de la ley. Judíos y samaritanos no se hablaban, era contaminarse. Ella se lo dice. Él ni le hace caso. Ella vale más que la ley.

En quinto lugar, Jesús comienza por despertar su curiosidad. Él también tiene agua, pero un agua muy diferente. La única agua capaz de saciarnos del todo. ¿Qué mujer se resiste ante la curiosidad? Ahora es ella la que comienza a pedir. “Dame de esa agua”.

Ya se han rebajado las tensiones, se han roto las distancias, se ha creado una empatía espiritual. Ahora ya son fáciles las confesiones. Las puertas del corazón comienzan a abrirse.

¿Verdad que a nosotros nos falta esa pedagogía del corazón y de la bondad?

La pedagogía de la ley o de la imposición parecen eficaces, pero que nos cambian por dentro.

La pedagogía de la superioridad puede tener una eficacia inmediata externa, pero el corazón sigue cerrado, bloqueado a nuestras verdades.

¿Por dónde comenzar para ser un hombre nuevo?

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¿Por dónde quiso comenzar Jesús? Cualquiera diría que comenzaría armándose bien para sentirse fuerte. Cualquiera diría que primero hizo un plan estratégico, pero no. Jesús ve las cosas de otra manera.

Comenzó haciendo una invitación. Desde un principio, ante todo, libertad. Nada de falsas ofertas y nada de presiones.

Invitación. “A convertirse”.

A cambiar de cabeza. A cambiar de ideas. A pensar de otra manera. Las ideas no se cambian por la fuerza o la violencia. Las balas pueden matar vidas, pero no matan las ideas. Las balas fusilan los cuerpos, pero dejan más vivas las ideas, porque el mejor riego de las ideas es la propia sangre. Jesús no entiende la cosa así.

A cambiar de corazón. A cambiar de sentimientos. A cambiar de valores. A cambiar de ideales. Sólo corazones nuevos pueden comprometerse con un mundo nuevo. Sólo corazones nuevos son capaces de descubrir nuevos horizontes.

Jesús no impone nada. Todo lo pone en oferta. Todo lo deja a que cada uno se deje transformar por lo nuevo. El resto vendrá de por sí.

Por eso mismo, para el Reino sólo valen los que son capaces de dejarse ganar por lo nuevo.

Los que prefieren quedarse con lo viejo, con lo de siempre, con lo ya gastado, esos no sirven para el Reino. Esos solo valen para guardianes de cementerios. Guardianes de lo que ya no tiene vida.

La vida no comienza por las tumbas, sino por las cunas.

¿Qué prefieres, amor o temor?

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Una pregunta directa y sin rodeos:
¿Prefieres que tus hijos te tengan miedo o te amen?
¿Prefieres que obedezcan porque te temen o porque te aman?
¿Prefieres que en casa todos anden derechos por el miedo que te tienen o porque te aman?
¿Prefieres que en tu oficina todo el mundo te obedezca porque te tienen miedo o porque realmente te respetan como persona?
¿Prefieres el grito o la palabra amable?
¿Prefieres el diálogo o la imposición?
¿Prefieres el puñetazo en la mesa o una sonrisa?
¿Prefieres ser compañero o la autoridad que manda?
¿Prefieres reconocer tus debilidades o sentirte el impecable?
¿Prefieres que cuando llegues a casa tus hijos salgan a recibirte con un abrazo o que al oír que estás llegando todos se pongan serios y guarden un silencio miedoso?
¿Prefieres corregir con palabras de bondad o dando un grito que escuchan los vecinos?
¿Prefieres pedir disculpas o defender tus debilidades con tu mal humor?

Ya ves:

En tu casa y en la oficina hay muchas maneras de hacer las cosas.
En tu casa y en la oficina, ¿quieres ser amado o que te tengan miedo?

Luego te quejas de que nadie te hace caso, que te dejan solo, que nadie quiere hablar contigo, que cada uno prefiere andar por su lado. ¿Por qué será? ¿Te lo has preguntado?

Autorretrato

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Una bomba saca más ruido que una sonrisa,
pero una bomba mata.
La sonrisa hace vivir.

Un grito hace más ruido que una caricia,
pero un grito aleja de ti a la gente.
La caricia te la acerca con cariño.

La intransigencia te hace “hombre de acero”,
pero la comprensión te hace “hombre de corazón”.
Tu cara de enojo, aleja de ti a la gente.
Tu cara amable y serena, te rodea de amigos.

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