Hoja Parroquial

Domingo 20 – B | Asunción de María | IQC2021

Domingo, 15 de agosto del 2021

María vista por María

Asunción de María

Una cosa es lo que nosotros podemos decir de Dios y otra cosa es lo que Dios nos dice de sí mismo. Una cosa es lo que los demás puedan decir de nosotros y algo muy distinto es lo que cada uno sabe y conoce de uno mismo. Una cosa es lo que nosotros podamos decir de María y otra cosa es lo que María dice de sí misma.

De María siempre podremos decir muchas cosas, pero siempre hablaremos desde fuera de ella misma. Lo importante es hablar de ella desde dentro, desde su propia experiencia, desde cómo el mismo Espíritu la hace verse a sí misma. En el Evangelio de Lucas tenemos las dos versiones de María:

Lo que Isabel dice de María: “Dichosa tú que has creído, porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”. Isabel dice mucho más de lo que posiblemente ella misma se imagina. Contempla a María desde el misterio de su fe. Desde ella misma.

Lo que María dice de María: Es decir, lo que María dice de ella misma, desde su propia experiencia. María se ve a sí misma, no tanto desde ella misma, sino desde lo que Dios ha hecho y obrado en ella. Isabel se fija en la fe o actitud de fe de María. Y María se fija en la obra que Dios ha hecho en ella.

Es como una especie de contemplación de sí misma, pero contemplando el obrar y el hacer de Dios en ella. Y lo hace en una actitud doble: Proclama la grandeza de Dios, la santidad y el poder de Dios. Una proclamación que brota de su misma alegría. Hay una especie de estupor frente a sí misma, un maravillarse de las posibilidades de Dios. Por eso se contempla mirándose por dentro y mirando a Dios haciendo en ella. El himno del Magnificat es como una especie de autobiografía de María.

Con frecuencia, nosotros nos quedamos con lo que los demás dicen de nosotros o con lo que nosotros pensamos de nosotros. Es decir, nos vemos y nos contemplamos como encerrados dentro de nosotros. Sin embargo, nuestra verdad no está tanto en nosotros cuanto en Dios. Nosotros no somos lo que somos, sino lo que Dios puede hacer en nosotros. El verdadero gozo espiritual debiera tener como fuente no nuestro fondo interior, sino el ver actuando a Dios en nosotros.

La Fiesta del Cuerpo

Asunción

La Asunción de María es la celebración de la fiesta del cuerpo. Es María “asunta al cielo en cuerpo y alma”.

Siempre celebramos los misterios del alma.
¿Y cuándo vamos a celebrar los misterios del cuerpo?
Siempre celebramos la “santidad del alma”.
¿Y para cuándo dejamos la celebración de la “santidad del cuerpo”?

Vivimos más que nunca la “cultura del cuerpo”, pero “no la espiritualidad del cuerpo”. Todavía seguimos con esa mentalidad platónica, no cristiana, de que el cuerpo es el malo de la película.

Lo que le gusta al alma es bueno.
Lo que le gusta al cuerpo es malo.
Lo que hacemos con el alma es bueno.
Lo que hacemos con el cuerpo es malo.

La Asunción nos viene a decir que el cuerpo tiene la misma misión que el alma; que el cuerpo es tan de Dios como el alma; que el cuerpo está llamado a la santidad como el alma; y que el cuerpo sirve a Dios como el alma.

La Anunciación de María, ¿no fue un pedirle permiso para utilizar su cuerpo como espacio de encarnación?
La Encarnación ¿no fue un darle cuerpo a Dios o Dios que toma cuerpo y el nuestro precisamente?
La Pasión y Muerte de Jesús, ¿no fue la manera de expresar Dios el amor que tiene al hombre?
La Resurrección, ¿no fue la transformación pascual del cuerpo doloroso en cuerpo glorioso?
La Ascensión ¿no fue el regreso de Jesús al cielo ahora con su cuerpo glorificado?

Tendremos que recuperar la dignidad del cuerpo.
Que el cuerpo no está hecho para la basura, sino para la glorificación.

Tu Magnificat personal

Asunción de la Virgen María

Es el momento. Es tu momento, amigo. Hoy el Evangelio te invita a salir de ti mismo. Te invita a sacar tus narices metidas siempre ahí dentro de ti mirando tus debilidades, tus flaquezas. Dios ya conoce demasiado todo eso “que no eres”, pero también todo “lo que eres”.

Aunque no lo creas, también tú eres más de lo que crees que eres. Sencillamente porque también en ti “ha mirado la humillación de su esclava” y también en ti “el poderoso ha hecho obras grandes”.

Dime: ¿tú quién eres? No. No me digas que eres “una basura”. No ofendas a Dios. Reconoce la historia de Dios en ti. Reconoce tu bautismo. Reconoce tu vocación de bautizado en el mundo. Reconoce tu vocación al amor conyugal. Reconoce el don de tus hijos, por mucho que te fastidien y por mucho que tengas que luchar para sacarlos adelante.

¿Qué tú tienes una historia muy fea y dolorosa? ¿No será que estás viendo solo tu corteza? Entra dentro de ti y verás las “maravillas que cada día el Señor realiza en ti”.

Ya sé. Te han enseñado a que cada día hagas tu examen de conciencia por la noche. En ese examen tú solo ves las “meteduras de pata”. Pero ¿has pensado en todo lo bueno que has hecho cada día? ¿Has pensado lo que Dios ha hecho en tu corazón hoy?

Desde hoy, ¿me quieres escuchar? Deja de preguntarte por lo malo que has hecho y haz tu examen buscando todo lo bueno que ha quedado en el camino. Recita cada día tu Magnificat, tu himno de acción de gracias a Dios por lo que Él hace en ti.

Mi Magnificat personal

Magnificat

Proclama mi alma la grandeza de mi Señor.
Se alegra mi espíritu cada vez que contemplo las cosas que Él ha hecho en mí.
Me miró. Cuando nadie se interesaba por mí. Cuando nadie daba nada por mí.
Dios inclinó su cabeza y mi miró con sus ojos de bondad.

Me miró y me llamó. Me hizo sentir que yo era importante para él.
Me hizo sentir que yo no podía quedarme en simple zapatero.
Me miró y me hizo revivir. Me hizo soñar. Me despertó interiormente.
Me hizo esperar casi un año para realizar los sueños que El mismo soñó en mi corazón.

Y cuando yo ya estaba caminando hacia Él, los hombres habían decidido otra cosa. “Que no venga”. En el camino se cruzaron los planes de Dios y los planes de los hombres.

El Señor hizo en mí cosas grandes, que jamás se me hubiesen pasado por la mente.
Me miró y me consagró a su servicio en la vida religiosa.
Me miró y me ungió con el óleo sacerdotal. Ministro de su Eucaristía y ministro de su perdón. Ministro de su Palabra.
Mi miró y derramó en mi corazón el gozo y la alegría de la vocación.
Me miró y “creyó en mí” cuando los demás no creían. “Si mi sobrino vale para cura yo valgo para Obispo”. Y mi tío no fue Obispo, pero el sobrino si llegó a cura.

Proclama mi alma la grandeza del Señor:
Por las almas a las que puedo consolar.
Por las vidas que puedo ayudar.
Por los caídos que puedo levantar.
Por los levantados que puedo empujar a caminar.
“Su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación”.

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