Hoja Parroquial

Domingo 19 – A | Creyentes y fe

Domingo, 13 de agosto del 2023

Eso que llamamos “creyente”

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En primer lugar, no es lo mismo “el creyente que profesamos ser y el que creyente que realmente somos” porque no es igual haber recibido el don de la fe y luego vivir sin fe. Lo que nos hace verdaderos cristianos creyentes es vivir desde la fe. La autenticidad de nuestra fe se manifiesta en la autenticidad de la vida.

La verdadera fe no está en nuestras ideas sobre Dios, sino en nuestra vida según Dios.
La verdadera fe no está en proclamar el Credo en la Misa dominical, sino en el testimonio creyente de nuestra vida durante la semana.
La verdadera fe no está en lo que pensamos, sino en como pensamos.
La verdadera fe no está en lo que hacemos en la Iglesia, sino en lo que hacemos luego en la vida.
La verdadera fe es creer en Él y creerle a Él, fiarnos de Él y vivir a la luz de su Evangelio. Jesús es el centro de nuestra fe y su expresión es el Evangelio.

Por eso podemos profesarnos creyentes y luego llevar una vida de incredulidad. El verdadero criterio de nuestra fe estará siempre en el testimonio de nuestras actitudes, de nuestras relaciones filiales y de nuestra conducta iluminada por las exigencias y valores del Evangelio.

No sería de extrañar encontrarnos con “creyentes ateos” y con “ateos creyentes”. Esto puede sonarnos raro, pero es fácil comprobarlo. “Dime cómo vives y te diré quién eres”. “Dime cómo vives y te diré qué creyente eres”. “Dime cómo es tu vida y te diré cómo es tu fe”.

Cristianos valientes

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San Juan Pablo II pedía “cristianos valientes”, para ello pedía “cristianos convencidos de su fe”.

Valiente es aquel que mira siempre hacia adelante y no vuelve la mirada hacia atrás.
Valiente es el que no tiene miedo a enfrentar los retos y dificultades.
Valiente es el que no tiene miedo “al que dirán”.
Valiente es el que no tiene miedo a “que le marginen y le dejen solo”.
Valiente es el que no tiene miedo a “confesar su fe delante de los demás”.
Valiente es el que no tiene miedo a “que se rían de él”.
Valiente es el que no tiene miedo a “que pueda poner en riesgo su vida”.

¿No nos estará entrando a los creyentes una especie de complejo de nuestra fe cristiana? Entiendo que no es fácil confesar la fe en un ambiente de paganismo y de indiferencia.

La fe no es para confesarla en secreto en la Iglesia, sino para confesarla en el mundo. Debiéramos educar más a los niños y jóvenes en la valentía de nuestra fe. Sobre todo, en la preparación para la Confirmación. Pienso que es el momento oportuno para plantear a los jóvenes su valentía y coraje en la manifestación de su fe, pero para ello es preciso llevarlos al verdadero convencimiento personal de la persona de Jesús. Si algo podemos destacar en el Evangelio es cómo Jesús siempre da cara por el Evangelio que anuncia, por su identidad. Cuando el Tribunal Religioso le condena le hace una pregunta directa: “Dinos la verdad, ¿eres o no eres el Hijo de Dios?”. Jesús sabía las consecuencias; sin embargo, confesó: “Sí, lo soy”. Esos perfiles debieran explotarse más en la catequesis de la Confirmación.

No apagues las estrellas

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“Maestro, tengo un hijo adolescente que es insoportable. ¿Qué puedo hacer con él?”
“Si quieres que la noche no sea tan oscura, no apagues las estrellas. Al contrario, enciéndelas todas”.
“No entiendo”.
“Si quieres que te hijo tenga luz, no apagues sus ilusiones y esperanzas. Al contrario, enciende en su mente y en su corazón todos los ideales y todas las ilusiones”.

Primero apagamos las luces y luego nos lamentamos de la oscuridad
Primero matamos las ilusiones y luego nos quejamos de que los hijos no miren más allá de su presente inmediato.
Primero les prohibimos soñar y luego nos sentimos defraudados de que renuncien a los grandes ideales.
Primero les decimos que no valen para nada y luego los queremos ver luchando por ser héroes.
Primero les decimos que sean como todos y luego nos duele que nuestro hijo sea uno más del montón.

Así no, amigo. Nadie podrá segar si antes no ha sembrado. Nadie pretenderá ver a su hijo feliz de sí mismo, con alegría, si antes hemos segado en él todas las ilusiones. Quien apaga las estrellas tendrá que vivir con la oscuridad de la noche. Quien mocha los grandes ideales nunca podrá esperar grandes cosas de su hijo

Puede que…

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Puede que nunca seas cantor de ópera, pero sí puedes cantar tu propia vida.

Puede que nunca escribas un libro, pero sí puedes escribir tu propia vida.

Puede que nunca levantes una catedral, pero siempre podrás levantar tu vida.

Puede que nunca construyas una gran autopista, pero siempre podrás andar el camino de tu vida.

Puede que nunca construyas un gran puente, pero siempre podrás hacer de puente entre las personas.

Puede que nunca seas presidente de la República, pero siempre podrás servir a los que te rodean.

Puede que nunca hables muchas lenguas, pero siempre podrás hablar el lenguaje del amor.

Puede que nunca te tengan en cuenta para las cosas grandes, pero siempre podrás ser la palabra de bondad que todos buscan y necesitan.

Puede que nunca seas el “hombre o la mujer del año”, pero siempre podrás ser el hombre y la mujer de cada día.

Puede que nunca llegues a ser el Secretario General de las Naciones Unidas, pero siempre puedes ser el amigo que tiende la mano a los que la necesitan.

No es tan importante lo “que nunca podré ser”. Para mí siempre será importante lo que puedo ser cada día, por ejemplo “hoy”.

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