Hoja Parroquial

Domingo 34 – A | Cristo Rey del Universo

Domingo 22 de noviembre

Juzgados por el amor

el juicio final

La festividad de Jesucristo Rey del Universo pone fin al Ciclo A de la Liturgia, con un Evangelio un tanto extraño, que habla de un rey muy extraño. Además, habla de una salvación igualmente extraña y de un final también extraño. Un final de sorpresas.

Jesucristo Rey “hambriento”. Jesucristo Rey “desnudo”. Jesucristo Rey con “sed”. Jesucristo Rey “enfermo”.Jesucristo Rey “encarcelado”.“Cada vez que lo hicisteis con uno de estos mis pequeños, conmigo lo habéis hecho”. Un Rey escondido en la oscuridad del hambre, la sed, la desnudes, la enfermedad y la cárcel. Un Rey al que es preciso descubrir en el hombre. ¡El hombre como sacramento de Cristo! ¡El hombre como sacramento de Dios!

Dios nos juzgará no tanto por lo que hemos hecho por él, sino por lo que hemos hecho al hombre. Incluso si no hemos pensado en Él. Incluso si no lo hemos reconocido a Él. Lo cual nos está indicando que aún los que no creen pueden encontrar caminos de salvación. El Concilio Vaticano II se pregunta cómo podrán salvarse los que no creen. La respuesta es un tanto evasiva: “por los caminos de sólo Dios conocidos”. ¿No podríamos dar una respuesta más directa desde este Evangelio de Mateo? ¿No pudiéramos decir que se salvarán “porque han creído en el hombre, han servido al hombre, han dado de comer al hombre, han vestido al hombre, han dado de beber al hombre, han visitado al hombre”?

La gran verdad de la salvación está, sin duda, en el amor. Se salva el que ama. Incluso si ama sin saber que detrás del hombre se esconde Dios. “Cuándo te vimos…”

Hay muchos hombres que no creen; sin embargo, luchan y consagran su vida por recuperar la dignidad de la persona humana. Hay mucha santidad en la Iglesia. ¿No habrá también mucha santidad anónima fuera de la Iglesia? Esto puede resultar extraño, pero también les resulto extraño a los buenos el que Jesús les dijese que “cuando lo hicisteis con uno de éstos…” Porque, en el fondo, los que aman han encontrado de alguna manera a Dios. A Dios lo encontramos en la verdad, pero sobre todo en el amor. En la tarde de la vida no nos juzgarán de teología, tampoco de geografía, historia o química: nos juzgarán del amor.  No nos juzgarán de si sabemos mucho, sino de si hemos amado mucho. El cielo se gana con kilos de amor.

Reconstruir el mundo

cambiar el mundo

Primer principio: El mundo no tiene porqué ser malo necesariamente. El mundo puede ser bueno, humano, justo y digno. El primer pecado contra el mundo es: creer que el mundo no tiene arreglo.

Segundo principio: El mundo no anda mal por sí mismo. El mundo anda mal por causa de los hombres. Somos nosotros quienes creamos los desequilibrios humanos de riqueza y pobreza y los desequilibrios ecológicos.

Tercer principio: Quienes hemos creado estos desequilibrios también podemos devolverle la armonía original. Dios lo creó, pero somos los hombres los llamados a “recrearlo”. La primera creación le pertenece a Dios. La nueva creación nos corresponde a nosotros.

Cuarto principio: Pero para poder recrear el mundo, primero es preciso “recrear al hombre”. Fue el primer don de la Pascua de Jesús: crear el nuevo hombre pascual. “Recibid el Espíritu Santo”.

Quinto principio: Dios es el dueño del mundo, pero los responsables que lo trabajan somos los hombres. Mientras no cambiemos la mentalidad, el corazón y los intereses del hombre, el mundo será un viejo cacharro sin arreglo.

Sexto principio: Luego el mundo depende de mí. Si me quejo la culpa la tengo yo.

¿Caridad o justicia?

justicia o caridad

Con frecuencia hemos querido solucionarlo todo con nuestra caridad limosnera. De eso se nos ha acusado, como si con nuestra caridad quisiéramos tapar la injusticia. Otros prefieren solucionarlo todo con el principio de la justicia.

Ni la caridad sin justicia. Ni la justicia sin caridad. Caridad y justicia no se contraponen, más bien se complementan.

La caridad no un manto blanco que trate de esconder la injusticia. Tampoco la justicia lo puede solucionar todo. De hecho, a través de los últimos años, el mismo marxismo todo lo quiso solucionar con la justicia y todos vemos la catástrofe en la que terminó todo y el marco de pobreza que dejó detrás de sí.

Es que tampoco el Estado lo puede solucionar todo. Hay muchas cosas que dependen de los individuos. Pero tampoco los individuos por sí solos pueden solucionar muchas cosas para las que se necesita del Estado.

Mejor será decir que Estado e individuos, todos estamos comprometidos en el bienestar de los demás y que el bienestar de los demás es imperativo de la caridad y de la fe. Los demás no me pueden ser ajenos. Tengamos mucha caridad, pero no nos olvidemos de ser primero muy justos. No demos por caridad lo que tenemos que dar por justicia.

Fin del Año Litúrgico

Gracias, Señor, por lo que hemos celebrado.
Gracias, Señor, por lo que hemos vivido.
Gracias, Señor, por lo que hemos recibido.
Gracias, Señor, por lo que hemos dado.

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