Hoja Parroquial

Adviento 1 – B | El Adviento y la esperanza

Domingo 29 de noviembre del 2020

Apostar por la Esperanza

adviento y esperanza

Apostamos por muchas cosas. En este tiempo del Adviento tenemos que apostar por la esperanza. El mundo no morirá por falta de dinero, pero sí por falta de esperanza. Las personas podemos morir de muchas cosas, pero una gran mayoría ya está muerta por falta de esperanza.

La desilusión es falta de esperanza. La apatía por la vida, es falta de esperanza. El cansancio de vivir, es falta de esperanza. No nos matan los años. Nos mata ya en vida la pérdida de esperanza. Es que comenzamos a morir cuando comenzamos a perder la esperanza. La esperanza que se apaga en el corazón termina apagando el corazón mismo.

Isaías nos invita a la esperanza, en medio de un pueblo desgastado espiritualmente. Juan nos invita a la esperanza, señalando al que está viniendo. María nos invita a la esperanza. La gestación del Hijo de Dios en sus entrañas es una llamada a la esperanza. Jesús nos invita a la esperanza.

Vivir el Adviento es vivir en la esperanza, con esperanza. El gran compromiso del Adviento tendría que será ser profetas de la esperanza, testigos de la esperanza, anunciadores de la esperanza.

Hoy necesitamos: sacerdotes que proclamen la esperanza y la hagan creíble.
Hoy necesitamos: obispos que proclamen la esperanza y nos la anuncien.
Hoy necesitamos: políticos que nos abran a la esperanza. Que nos den esperanza en el futuro.
Hoy necesitamos: medios de comunicación que alienten y no desalienten. Que lo bueno también es noticia.

Estamos ya en esta campaña electoral. No queremos promesas que sabemos que son falsas; queremos planes y proyectos que nos hablen de que el futuro es posible. No queremos promesas baratas que anestesien nuestras mentes; queremos planes, proyectos, pero estudiados, analizados, documentados. Sobre todo, queremos se nos diga claramente no lo que quisiéramos, sino cómo hacerlo. Que las acciones sean posibles.

Cuando Dios nos promete algo lo realiza. Cuando Dios nos habla del futuro comienza por implicarse Él mismo. La Encarnación, ¿qué otra cosa es sino las esperanzas de Dios hechas realidad? La Navidad es la llegada del que estaba anunciado que vendría. La Virgen embarazada es la esperanza que comienza a florecer.

¡Apostemos por la esperanza! ¡Anunciemos la esperanza! ¡Que nuestras palabras siembren esperanza!

Dios, alfarero de nuestras vidas

Dios alfarero

Isaías nos ve como “arcilla en las manos de Dios” y ve a Dios como “el alfarero que moldea nuestra arcilla”.

Las manos de nuestros artesanos hacen maravillas con el barro, verdaderas obras de arte. El barro que carece de valor, en sus manos termina siendo toda una obra artística. Las manos de los artesanos dan vida al barro, dan aliento al barro, dan figura al barro. En sus manos el barro se convierte en una nueva creación.

¿Te imaginas lo que podrán hacer las manos del alfarero Dios con el barro de nuestras vidas?
¿Te imaginas la obra de arte que las manos del alfarero Dios podrán hacer con nuestro barro?

No te quedes contemplando el barro de tu vida. Mejor si contemplas ese barro en las manos de Dios y disfrutas pensando en la obra que saldrá de esas manos de alfarero divino. ¿Te has imaginado alguna vez las manos de Dios manchadas de barro? ¿Te has imaginado alguna vez las manos de Dios amasando el barro de tu vida para hacer de ella una obra de arte?

Déjate moldear por sus manos. El barro no hace nada, sólo se deja moldear. No hagas tú nada, sólo debes dejarte moldear por Él. El resto lo hará Él por ti.

La experiencia de Isaías

Isaías

Isaías habla con Dios sobre la realidad de su pueblo, un pueblo debilitado espiritualmente, que anda por caminos extraviados, al que se le ha endurecido el corazón. Un pueblo en el que la fe se ha marchitado como las hojas de los árboles. Para mayor desgracia, ya nadie invocaba a Dios, ni trataba de buscarle y sentirle como su apoyo. De ahí que era un pueblo que había dejado de ver el rostro de Dios.

Por eso, Isaías clama a Dios, recordándole “eres nuestro padre”.“Y, sin embargo, Señor, tú eres nuestro padre, nosotros la arcilla y tú el alfarero: somos todos obra de tus manos”.

¿No sería hoy también oportuno que cada uno asumiera conciencia de la realidad espiritual de nuestro pueblo? La mejor manera de presentarnos delante de Dios es no hacerlo en solitario, sino presentarnos en comunión con el pueblo que nos rodea y del que formamos parte.

¿Cuáles son los signos de vitalidad o debilitamiento de nuestro espíritu hoy?
¿Cuáles son los signos de la dureza de nuestro corazón hoy frente a la gracia del Señor?
¿Nuestra fe está viva o se va marchitando como las hojas en otoño?

Sin embargo, ahí estamos nosotros, como Isaías para gritarle a Dios, recordándole que es nuestro padre. “Ojalá rasgases el cielo y bajases pronto”.

Nuestra oración se enriquece cuando oramos en comunión con todos, en comunión con toda la Iglesia. Dios nos quiere familia. Los problemas de unos son también nuestros problemas.  Todos navegamos en la misma barca. La suerte de unos es la suerte de todos. Sintámonos todos como blanda arcilla en las manos del “alfarero Dios nuestro padre”. ¿Te imaginas lo que sus manos pueden hacer con nuestro barro?

El Adviento y María

adviento y María

Nadie como María para guiarnos por los caminos del Adviento.
Ella es la mujer del Adviento, es la mujer de la espera.
Vamos a presentar unos rasgos de María que nos ayuden a vivir el Adviento a fondo, como ella lo vivió:

(Primera semana) María de la Anunciación
El Adviento comienza para María con el anuncio de su maternidad. “María, has encontrado gracia delante de Dios”. Le has caído bien a Dios. Concebirás y darás a luz un hijo. El Espíritu te cubrirá con su sombra. “Hágase en mí según tu Palabra. He aquí la esclava del Señor”.
El Señor también es anuncio en tu vida.
“También tú le caes bien a Dios”.
También tú estás llamado a concebir en tu vida a Jesús para regalarlo al mundo.

¿Qué te pide el Señor en este Adviento?
¿Te dejarás cubrir con la sombra de su Espíritu?
¿Serás capaz de decir sinceramente: “Hágase en mí tu voluntad”?
Haz un espacio cada día para escuchar a Dios en tu vida.
Aunque te cueste repite: “Hágase en mi tu voluntad”.
Como María interioriza tu mente y contempla el misterio de Dios en tu corazón.
Es la semana de “ESCUCHAR A DIOS”.

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