Hoja Parroquial

Domingo 14 – A | Dios prefiere a los sencillos

5 de julio del 2020

Las Preferencias de Dios

Corazón sencillo

El Evangelio de hoy es toda una lección sobre dos realidades. La primera expresa la ternura de la relación de Jesús con el Padre. Leyéndolo uno regresa a la experiencia de los niños. Es como cuando el niño ha descubierto algo en la calle y viene corriendo a casa: “¡Papá, papá, ven a ver lo que he encontrado!”. Aquí es Jesús que acude a la oración lleno de gozo a contarle al Padre lo que está sucediendo con el anuncio del Reino.

Yo no sé si alguna vez hemos hablado con Dios para contarle algún acontecimiento que hemos visto o nos ha sucedido. ¿No es nuestro Padre? ¿Por qué no tener esa libertad de espíritu y esa confianza para hablarle a Dios de las cosas que nos suceden cada día?

Tal vez sea importante la experiencia de Jesús porque en este diálogo con el Padre, Jesús le manifiesta y la confía su alegría por la reacción de la gente sencilla, la gente del pueblo. Jesús tiene una preferencia especial por los sencillos y los pobres, además disfruta de la respuesta que esta gente sencilla da al Evangelio. Su alegría es tal que no puede quedarse con ella y va a contárselo al Padre y a darle gracias, porque también esas mismas son las preferencias de Dios.

Jesús no se mueve entre lo sabios, ni los grandes intelectuales que aplastan al resto con su saber y su ciencia y son los que se creen dueños de la verdad. Jesús prefiere a los ignorantes, pero que se sienten poca cosa y tienen un corazón simple y abierto al amor del Padre y al anuncio del reino.

La pregunta está ahí mismo y no podemos desviarla para no sentirnos mal. ¿Cuáles son nuestras preferencias? ¿Con quién solemos andar? ¿A quien invitamos? ¿Con quién nos sentimos más a gusto?

¿Tendremos las preferencias de Jesús o tendremos las preferencias del mundo?

No podemos tomar en serio a Dios y tomar luego a bromas a los pobres. ¿Cómo sería el mundo si nuestras preferencias fuesen los pobres? Esta frase la consagró la pastoral latinoamericana desde Medellín. Muchos se han sentido mal, ¿nosotros nos sentimos a gusto con ella?

Cuidado con el Yugo

yugo llevadero

En tiempos de Jesús significa el peso que las autoridades religiosas y políticas cargaban sobre los hombros de la gente. Sobre todo, se trataba del “yugo de la Ley”. Jesús no quiere una “religión del yugo”, sino una religión de la libertad, del aire fresco del espíritu. Que Dios no puede ser “un peso que tenemos que cargar”. Al contrario, Dios quiere vernos ligeros, libres, alegres y felices.

Por eso Jesús hace una invitación: “Venid a mí todos los que estáis agobiados y cansados y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón y encontraréis vuestro descanso”.

Es una frase que posiblemente le hemos dado poca importancia.
¿Vemos a Dios como liberador o lo vemos como una carga?
¿Vemos la religión de la fe como un fardo pesado o nos sentimos libres y liberados?
Por eso no me gusta eso de “obligación de oír Misa”, “obligación de rezar”, “obligación de amar”, “obligación de confesarme”.

El solo hecho de verlo como obligación ya se convierte en carga. ¿Cuándo aprenderemos que no tenemos que llevar sobre nuestras espaldas a Dios, sino que es Dios quien nos carga y nos lleva sobre las suyas? Dios no pesa sobre nosotros. Somos nosotros los que sí pesamos sobre sus hombres.

Creemos y Esperamos

esperar en Dios

Esperamos:

  • Ser una Iglesia viva, fiel y creíble que se alimenta en la Palabra de Dios y en la Eucaristía.
  • Vivir nuestro ser cristiano con alegría y convicción como discípulos-misioneros de Jesucristo.
  • Formar comunidades vivas que alimenten la fe e impulsen la acción misionera.
  • Valorar las diversas organizaciones eclesiales en espíritu de comunión.
  • Promover un laicado maduro, corresponsable con la misión de anunciar y hacer visible el Reino de Dios.
  • Impulsar la participación activa de la mujer en la sociedad y en la Iglesia.
  • Mantener con renovado esfuerzo nuestra opción preferencial y evangélica por los pobres.
  • Acompañar a los jóvenes en su formación y búsqueda de identidad, vocación y misión, renovando nuestra opción por ellos.
  • Trabajar con todas las personas de buena voluntad en la construcción del Reino.
  • Fortalecer con audacia la pastoral de la familia y de la vida.
  • Valorar y respetar nuestros pueblos indígenas y afrodescendientes.
  • Avanzar en el diálogo ecuménico “para que todos sean uno” como también el diálogo interreligioso.
  • Hacer de este continente un modelo de reconciliación, de justicia y de paz.
  • Cuidar la creación, casa de todos en fidelidad al proyecto de Dios.
  • Colaborar en la integración de los pueblos de América Latina y el Caribe”.

(Documento de La Aparecida, Mensaje final de los Obispos)

Dejar hablar

amar al prójimo

No quieras tú decirlo todo.
También los demás tienen algo que decir.
No pretendas tú saberlo todo.
También los otros saben muchas cosas que tú no sabes.
No quieras ser tú el único que hable.
Aprende a callar para que también los otros puedan hablar.
No quieras ser tú el centro de todos.
También te puedes sentir cómodo en el ruedo con los otros.

No interrumpas al que está hablando. Déjalo que termine.
No levantes tanto la voz que seas el único que se escucha.
En voz baja también se pueden decir cosas interesantes.
Que lo que dices sea importante por lo que dices.
No por el énfasis con que lo dices.
No suplas tu verdad con un mar agitado de palabras.
El exceso de palabras puede ser señal de estar mintiendo.

Saber callar cuando uno está en grupo, es respetar a los demás.
Saber callar es la manera de dar importancia al que está hablando.
El silencio oportuno es una señal de elegancia.

Si alguien cuenta un chiste, deja que los demás se rían.
No comiences tú a contar otro robando la importancia del anterior.
Nunca demuestres que lo que dicen los otros no te interesa.
Lo que dicen los otros pueden que no te interese a ti, pero les interesa a ellos.
Nada mejor que el respeto a los demás, para hablar sabiamente.

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