Hoja Parroquial

Domingo 11 – A | Cristianos de los caminos

Domingo, 18 de junio del 2023

Cristianos de silla y cristianos de zapatos

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Hay dos maneras bien definidas de ser cristianos. Una inmensa mayoría son “cristianos de la silla”, a lo más, “cristianos de las rodillas”; y la otra categoría son los “cristianos de los pies y de los zapatos”.  No es lo mismo tener buenas posaderas para vivir sentados, que tener buenos pies para lanzarse por los caminos de la vida.

“Cristianos de silla”. Son aquellos que entienden la vida cristiana como “un ser buenos” y “salvarse”, “asegurar su silla también en el cielo”. Una silla para sentarse en la Iglesia y otra silla para sentarse en el cielo, su vida discurre entre dos sillas.

Toda su vida espiritual se reduce a “rezar sus oraciones”, ni siquiera las “oraciones de los demás y con los demás”. Su fervor aumenta cuando rezan solos y rezan para ellos. La Misa la escuchan mucho mejor cuando no hay gente que les distraiga. Es “su misa” y una “misa por los suyos”.

Se trata de cristianos que han entendido el Evangelio no como anuncio del Reino, sino como anuncio de “mi salvación”. Padecen de una enorme “miopía”, sólo ven lo que tienen cerca. Lo de lejos no les dice nada. Es que no lo ven. Su geografía es su propia sombra.

“Cristianos con zapatos”. Estos tienen otro horizonte, contemplan a Jesús que abre sus ojos al mundo y ve a una humanidad herida, una humanidad necesitada de luz y de vida. Una humanidad necesitada de “enviados” que se olviden de sus comodidades y salgan a anunciar, a curar, a sanar, a dar vida.

Por eso, Jesús mira luego a los suyos, a los que están con Él, y no les dice que sigan sentados, sino “Id y proclamad”. Hay que ir. Hay que levantarse. Hay que ponerse en pie. Hay que lanzarse al camino. Hay que ir a donde están los demás.

Hay que ir y anunciar “que el Reino de los Cielos está ya cerca”. Vayan y sanen, curen a cuantos sufran y estén enfermos. Resucitad a los que están muertos. Vuestra misión no es enterrar a los muertos, sino darles vida. Vuestra misión no es quejarse de que el mundo está mal, sino “ir y liberar al mundo de los malos espíritus”.

Cristianos de los caminos y no de las hamacas. Cristianos que “van” y que no “esperan”. Cristianos que “anuncian y proclaman” que el Reino de Dios está ya ahí, cerca, al lado y que hay que abrirse a él. Está bien que tengamos buena salud, pero hay que sanar a los demás enfermos. Está bien que tengamos vida, pero hay que resucitar a los que están muertos. Ese es el cristiano que Jesús quiere.

Cristianos sin alas

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En el Seminario teníamos un patio central con paredes bastante altas y allí teníamos cantidad de pájaros, incluso llegamos a tener una especie de halcón. Era muy fácil. Los cazábamos con trampas y luego les recortábamos las alas. Andaban sueltos, nada de jaulas. Con las alas recortadas ninguno podía volar por encima de los muros del seminario.

Cuando miro a la Iglesia, no al seminario, siento que una gran mayoría de cristianos son como mis pájaros de alas recortadas.  La Iglesia ha vivido mucho más la dimensión de verticalidad que la de horizontalidad.  Y la virtud más cristiana era sin duda la obediencia y la docilidad.

¿Quién no recuerda aquella frase del Papa Pío X en su Encíclica “Vehementer nos “del 11 de febrero de 1906, que decía: “En la Jerarquía sola residen el derecho y la autoridad necesarias para promover y dirigir a todos los miembros al fin de la sociedad. En cuanto al pueblo, no tiene otro derecho que el de dejarse conducir y seguir dócilmente a sus pastores”? El único derecho de los fieles “dejarse conducir y seguir dócilmente…”. Con este criterio lo único que hemos logrado es un Pueblo de Dios pasivo, incapaz de pensar, con la prohibición de tener cualquier iniciativa. Nunca mejor el término de “rebaño”. Felizmente el Concilio Vaticano II ha cambiado las cosas y está reclamando un pueblo pensante, un pueblo creativo, un pueblo que sabe discernir.

Pero no resulta fácil cambiar la mentalidad del Pueblo de Dios. De una u otra manera, prefiere la actitud de la pasividad a la iniciativa. Prefieren el silencio al hablar. Prefieren escuchar sentados que hablar parados. Existe todavía una especie de atrofia espiritual de la iniciativa y el compromiso. Prefieren seguir siendo aves de alto vuelo, pero con las alas recortadas

El Evangelio no es para cansados

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El Evangelio es para ti, que quieres anunciarlo a los demás.
El Evangelio es para ti, que estás dispuesto a sacrificar tu tiempo por los demás.
El Evangelio es para ti, que estás dispuesto a proclamarlo donde sea.
El Evangelio es para ti, que estás decidido a hablar de él a todos.

Ya hemos callado demasiado.
Es hora de hablar.
Ya hemos guardado silencio demasiado.
Es hora de sacar más ruido.
Ya hemos estado sentados demasiado tiempo.
Es hora de andar.
Ya hemos estado pasivos demasiado tiempo.
Es hora de hacer algo.

El Papa nos invita a “remar mar adentro”.
Nos invita a subir a nuestras barcas y remar a alta mar.
Nos invita a dejar las orillas y a entrar mar adentro.
Nos invita a ser más audaces, a ser más decididos.
Nos invita a salir, a buscar.

Más vale morir caminando que morir de aburrimiento sentados.
Más vale que se rían de nosotros por hablar a que nos consideren mudos.
Más vale sembrar que no quedarnos con las semillas en las manos.
Más vale que nos consideren fanáticos que no indiferentes.
Más vale que nos consideren locos por Cristo, que cuerdos como el mundo.
¿Dejaremos que se pierda la mies?
¿Dejaremos que las espigas se pierdan?
¿Dejaremos que los granos se pudran y no lleguen a la mesa?

Da el Evangelio

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¿No tienes nada que dar?
Regala el Evangelio.
¿No tienes nada que decir?
Habla del Evangelio.
¿No tienes nada que hacer?
Vive el Evangelio.
¿No sabes qué leer?
Lee el Evangelio.
¿No sabes qué rezar?
Reza el Evangelio.
¿No sabes en qué pensar?
Piensa en el Evangelio.

Cuando no sepas qué decir, grita:
“El Reino de Dios está cerca”.
¿Qué no te van a creerlo?
Esa ya no es cosa tuya, pero al menos no dirán que no lo sabían.

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