Hoja Parroquial

Bautismo del Señor – B | El Bautismo de Jesús | IQC 2021

Domingo, 10 de enero del 2021

La verdad de lo que no se ve

Juan Bautista bautiza a Jesús

Hay una historieta muy linda. Ignoro donde la leí, pero que se me quedó grabada por lo significativa. En unas Navidades, una niña quiso regalar algo a su padre, pero como era muy pobre, no tenía nada qué regalarle. En la Nochebuena, la niña puso junto al arbolito de Navidad, una cajita bien presentada con papel regalo diciendo: “Para mi papi”.Cuando el papá abrió la caja vio que estaba vacía. Enfadado, creyendo que le habían tomado el pelo, llamó a la niña y le dijo de mal humor: “Esto no se hace, me has querido engañar como si fuese el día de Inocentes”. La niña se echó a llorar. El padre reaccionó y trató de consolarla. La niña le dijo: “Pero, papi, si la caja está llena de besos, era lo único que tenía para regalarte”. El pobre hombre se quedó pálido de la inocencia de la hija y trató de disimular el asunto diciendo: “Ah, es verdad, está llena de besos, ahora los veo”. Desde entonces, el padre conservó aquella caja-regalo y cada vez que se sentía mal, la abría y pensaba en los besos de su hija.

Hay realidades que no se ven, pero que siguen siendo realidades. Todos nosotros somos una especie de caja-regalo. Dentro llevamos algo que los ojos no ven, pero que es una realidad tan real como la que nuestros ojos logran ver. Llevamos todos una “interioridad”. Nos creemos vacíos, pero, por nuestro Bautismo, por dentro estamos llenos, no sé si de besos de Dios, creo que sí, porque estamos llenos de su Espíritu.

Lo que sucede es que estamos tan acostumbrados a lo material que lo espiritual, la gracia, el amor de Dios que nos hizo hijos suyos, casi nos pasa desapercibido.

Además, vivimos con tal rapidez y velocidad que pasamos por la vida, sin tiempo para mirarnos por dentro y poder contemplar el misterio de nuestra filiación divina. Por eso mismo, nos olvidamos de que llevamos un apellido que supera al apellido de nuestros padres. Ese apellido, regalo de nuestro Padre Dios, se llama “filiación divina”.

Además, llevamos inscrita dentro, como grabada en el disco duro de nuestro corazón, una música y una voz que también a nosotros nos sigue repitiendo: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”.

Es una pena que caminemos por la vida contemplando siempre la piel de la vida y no logremos entrar dentro para ver cómo corre una savia nueva que llamamos “gracia”. Una gracia que nos transforma y nos renueva y nos hace nuevos, diferentes. Por fuera, más o menos, todos somos iguales, pero nuestra verdad camina por dentro.

En su Bautismo, Jesús se sintió impactado y marcado por su experiencia humana de su filiación divina. De alguna manera, su Bautismo fue la señal y el comienzo del bautismo cristiano. Él fue bautizado con agua, pero Él bautizará con Espíritu Santo. El Espíritu que nos hace hijos amados de Dios.

No miremos solo hacia fuera, dispongamos de un tiempo para mirarnos por dentro. Ahí está nuestra verdad, nuestra grandeza y, cómo no, nuestra verdadera belleza.

El Bautismo que no usamos

mi bautismo

Rilke escribía: “¿De qué te sirve creer en Dios si no lo utilizas?”. Cambiando la frase podemos decir: “¿De qué te sirve estar bautizado si luego no utilizas tu Bautismo?” El Bautismo no es para tener unos recuerdos bonitos, unas fotos lindas, ni unos compadres que son los padrinos de nuestros hijos. El Bautismo es un nuevo comienzo en nuestra vida porque es una nueva vida que nace en nosotros.

Nuestros padres nos regalaron el don de la vida, pero en el Bautismo Dios nos regaló su propia vida. Por eso nuestros padres tienen que compartir su paternidad sobre nosotros. Ellos son nuestros padres biológicos, pero Dios es nuestro Padre en la gracia, el Padre que también nos hace hijos suyos y nosotros le hacemos Padre nuestro. Sólo desde esta experiencia se puede rezar gustosa y sabrosamente el Padrenuestro porque cuando lo rezamos no estamos diciendo cosas al aire o simplemente frases bonitas, estamos confesando la realidad de Dios en nosotros: su paternidad divina hecha paternidad humana en cada una de nuestras almas.

El Bautismo es para utilizarlo, es para consumo diario. Quien no vive su Bautismo y desde su Bautismo, está viviendo a medias. Está viviendo solo desde la cáscara de su existencia y está renunciando a vivir lo más sabroso que llevamos dentro de nosotros.

El Bautismo no es para que lo vivamos cuando tenemos que pedir una Partida de Bautismo en el Despacho Parroquial. El Bautismo es para consumo diario. En el Perú, no hay comida si no hay arroz. Me atrevería a decir que nuestro Bautismo debiera ser como “nuestro arroz de cada día”. Sin Bautismo no hay vida de verdad sino una apariencia de vida.

¿Os habéis dado cuenta de que nosotros tenemos dos fechas de nacimiento? Cuando sacamos la Partida de Nacimiento en la Municipalidad tenemos la fecha de nuestro nacimiento biológico, pero vamos al Despacho Parroquial a pedir la Partida de Bautismo nos ponen otra fecha. Hay en nosotros un nacimiento doble porque hay en nosotros una doble vida que debiera terminar por convertirse en una sola vida, la bautismal. No basta estar bautizados, hay que utilizar nuestro bautismo.

Pastoral de Iniciación Cristiana

Catequesis

Los obispos en el Documento Aparecida del 2007 planteban el problema de la iniciación y educación en la fe. Un poco como si estuviésemos haciendo cristianos en serie, pero que luego carecen de continuidad en la formación y maduración de la fe. Damos mucha importancia a la celebración del bautismo, pero luego no le damos continuidad ni en la familia ni en el resto de la formación. Por eso dicían:

“Esto constituye un gran desafío que cuestiona a fondo la manera como estamos educando en la fe y cómo estamos alimentando la vivencia cristiana; un desafío que debemos afrontar con decisión, con valentía y creatividad, ya que, en muchas partes, la iniciación cristiana ha sido pobre o fragmentada. O educamos en la fe, poniendo realmente en contacto con Jesucristo e invitando a su seguimiento, o no cumpliremos nuestra misión evangelizadora. Se impone la tarea irrenunciable de ofrecer una modalidad operativa de iniciación cristiana que, además de marcar el qué, dé también elementos para el quién, cómo y dónde se realiza. Así asumiremos el desafío de una nueva evangelización, a la que hemos sido reiteradamente convocados” (287).

Creemos que el texto es bien claro. No estamos educando adecuadamente en la iniciación y maduración de la fe de los bautizados. Esto requiere replantearnos nuestra pastoral, “con decisión, con valentía y creatividad”. No podemos andar con paños tibios. Necesitamos el coraje de cambiar las cosas y necesitamos creatividad para recrear nuevos caminos y métodos.

Esto nos afecta a todos. A los padres, tantas veces quejosos de que ahora la Iglesia pone demasiadas trabas para bautizar, y a las parroquias, que también tienen que cambiar de métodos y buscar nuevos. Todos estamos embarcados en esta etapa de la iniciación cristiana: Familia, Parroquia, Centros Educativos.  A todos nos afecta y todos somos responsables. Si comenzamos mal, difícilmente continuaremos bien. Los fallos de las raíces afectan luego al tronco.

“Cosas en medio de las cosas”

interior y exterior

La frase es de J. Onimus cuando dice que nos hemos adaptado ya y hasta hemos aprendido a vivir “como cosas entre las cosas”. Lo exterior nos ha ganado la batalla, hemos perdido nuestra capacidad de estar dentro, mirar dentro. Ya solo estamos fuera, incluso hasta nos cuesta estar en casa, necesitamos de la calle o del club o del bar, porque las cuatro paredes de la casa nos asfixian. Igual que no sabemos estar y vivir en casa, tampoco sabemos vivir y estar dentro de nosotros. Por eso, tenemos que reconocerlo con honestidad, somos unos desconocidos interiormente.

San Agustín hablaba de la nuez que por fuera es muy amarga. Eso lo sabemos todos, lo ácida que es la corteza de la nuez. Sin embargo, la nuez, por dentro, tiene un manjar sabroso. ¿No nos sucederá a nosotros lo mismo, que terminamos siendo nueces que sólo sabemos mordisquear la corteza exterior de nuestras vidas, y aún no hemos saboreado el sabroso fruto que se encierra dentro?

Todos llevamos una cáscara por fuera, pero interiormente estamos habitados, estamos llenos, estamos plenos de la vida divina de Dios. No somos lo que aparentamos, sino lo que cada uno es por dentro. Por eso terminamos siendo unos extraños para nosotros mismos, unos grandes desconocidos.

Necesitamos mirar más hacia dentro. Está bien que miremos a la calle por la ventana de casa, pero de qué nos sirve ver lo que pasa en la calle, del frío que hace en la calle, si no nos enteramos del calor que tenemos dentro de nuestro hogar.

Nosotros no somos una cosa más entre las cosas. Nosotros tenemos una interioridad llena, tan llena que está habitado por el Espíritu Santo. Es una verdadera pena que pasemos por la vida sin enterarnos de lo que somos en realidad. Es como el que ha recibido una herencia millonaria, pero nadie se lo ha comunicado y vive cada día como un pordiosero. Podemos ser pordioseros por fuera, pero sumamente ricos por dentro. Pero, ¡hay que enterarse! ¡Y hay que vivir de esa riqueza espiritual!

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