Hoja Parroquial

Santísima Trinidad – B | El Dios amor | IQC2021

Domingo, 30 de mayo del 2021

La Fiesta del Dios Amor

Dios es amor

Recuerdo mis años de filosofía y teología, como estudiante. Viví verdaderas angustias de fe cuando tuve que estudiar el misterio trinitario de Dios. Las piezas no me encajaban por ninguna parte. El problema mío era que “yo quería entender racionalmente” lo que sólo se tiene que aceptar en la fe. Como San Agustín también yo quería vaciar el mar en un cuenco de arena. Años más tarde cambié de sistema, me di cuenta de que Dios no cabía en mis ideas y que se me desparramaba por todas partes. Por otra parte, la historia de la revelación me hablaba de “Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo”. Nunca se hablaba de “Trinidad”, sino de tres realidades de Dios y que las pocas veces en que los autores inspirados quisieron definir a Dios, lo hacían de una manera más cordial que de cabeza. Aprendí algo esencial: Dios no cabe en mi cabeza, pero sí entra en mi corazón. Me lo enseño Juan: “Dios es amor”. Esto ya me parecía diferente.

En primer lugar, para amar se necesitan al menos dos. Pero el amor, a su vez, tiene un algo especial: respeta las diferencias, pero aún lo distinto lo hace comunión. Y Dios, como esencialmente amor, es una comunión. Una comunión que no suprime las diferencias, pero las une, las funde en la comunión de una misma realidad.

Más tarde pude leer lo que escribía Burghardt: “El amor exige personas distintas”. El amor es un “nosotros”, un “tú y un yo”. Pero el amor, a la vez, prohíbe “lo mío” y “lo tuyo”. Tú y yo, en lo nuestro. El amor fusiona. El amor hace comunión. Tú y yo amándonos, ya no somos tú y yo, sino que somos “nosotros dos”.

Cuando celebramos el misterio trinitario de Dios estamos celebrando “el ser de Dios”. Ese ser o esencia de Dios está en que “Dios es amor”. El amor es el que hace que “el yo, el tú y él” se conviertan en un “nosotros”. Por eso mismo, cuando Dios decide crearnos utiliza ese plural divino: “Hagamos al hombre”. Y hagámoslo “a nuestra imagen y semejanza”. Hagámoslo no en el sentido de que también el hombre es amor, pero sí “a semejanza nuestra”, que también pueda amar y pueda convivir con el otro y ambos vivan en comunión de vida y de amor.

Las ideas suelen abstracciones mentales. Mientras que el amor termina siendo experiencia del corazón. Tenemos que conocer a Dios mediante nuestra inteligencia, pero, sobre todo, tenemos que conocerle desde nuestro corazón. Mucho más conoce el que “se siente amado” y el “que ama”, que el que piensa y razona. Nadie nos pedirá cuentas de “cuánto hemos conocido a Dios”, cuánta teología sabemos, pero sí se nos pedirá cuentas de “cuanto hemos amado” y “cuánto nos hemos dejado amar”.

Es difícl hablar hoy de Dios

hablemos de Dios

Dios se nos ha manifestado a través de las realidades humanas que nosotros podemos entender. Dios no ha querido revelarse en ideas de filosofía, se ha revelado en realidades que nosotros entendemos y conocemos.

Primero, Dios se nos reveló como “esposo”, en el acontecimiento de la Alianza el Antiguo Testamento, su relación con nosotros nos la manifestó como una realidad esponsal, de esposo y esposa, como matrimonio. Y esa fue la imagen que utilizaron los Profetas.

¿Qué sucede hoy que la figura del matrimonio está tan deteriorada? ¿Y la figura del esposo y esposa está tan venida a menos? ¿Seguirán sirviendo para que nosotros comprendamos a Dios y podamos hablar de Dios?

Luego se nos reveló como Padre. ¿Qué valor sigue teniendo la imagen de “padre” hoy entre nosotros cuando tantos hijos ni conocen a su padre? ¿Sigue siendo válida la imagen humana de “padre” para referirnos y hablar de Dios?

¿Y seguirá siendo válida la imagen de “hermano”, de “hijo”, cuando vemos tantas rupturas familiares, padres abandonados, hermanos divididos?

Esto es serio. Dios se expresa y revela en nuestras realidades humanas más familiares, pero si éstas están en crisis, están en quiebra, ¿seguirán sirviendo para hablar de Dios? Dios no es difícil de entender. Lo difícil puede que sean entender las imágenes que utilizamos. ¿Por qué hoy los jóvenes prefieren hablar de Dios, de Jesús, no como padre, sino como “amigo”? ¿No será que la realidad de la amistad está supliendo a los esposos, padres, hermanos, hijos? Tendremos que pensarlo.

Dios en la clandestinidad

hablar libremente de Dios

Ahora parece que le ha tocado la suerte a Dios. De tanto exhibirse en las calles, ahora le toca pasar a la clandestinidad. La frase pudiera parecer rara y extraña. ¡Júzguelo usted!

¿Acaso los políticos pueden argumentar en público desde Dios?
¿Acaso los economistas pueden argumentar públicamente desde Dios?
¿Acaso los pensadores pueden declararse públicamente a favor de Dios?
¿Acaso los profesores pueden argumentar públicamente desde Dios?

Bueno, y sin ir tan lejos, ¿acaso usted puede hablar libremente de Dios en sus círculos de amistad? ¿Acaso no tiene miedo de que la gente se le ría o que, por educación, simplemente guarden silencio?

Nuestra cultura está relegando a Dios a la clandestinidad de lo privado. En privado haga usted lo que le venga en gana, pero en público, primero, usted debe respetar los sentimientos de los demás. En segundo lugar, debe guardarse bien de que no se le rían en sus propias barbas.

Yo estoy convencido de todo esto es una hipocresía porque, en el fondo, es posible que muchos sientan a Dios dentro de sus corazones. Sencillamente que no se atreven a dejarlo aflorar porque hoy Dios no está de moda.

Si hablamos de moral, ¡cuidado que la moral de Dios es anticuada y no está de acuerdo con los tiempos! Hoy puede usted abogar por una moral amoral, pero no ponga a Dios por testigo, porque eso ya pasó de moda. Claro, que luego uno tampoco se siente bien interiormente. Del Dios en la clandestinidad estamos pasando a la moral cristiana de la clandestinidad. Dios se ha convertido en un peligro. La moral cristiana en un peligro para nuestra libertad. Examine su propio ambiente, su lugar de trabajo, su lugar de diversión o allí donde toma sus tragos. ¡Atrévase!

¿Tutearnos con Dios?

hablar de tú a tú con Dios

Siempre me he preguntado por qué el “usted” es más digno que el “tú”. ¿No será también una de tantas maneras que tenemos para distinguirnos y adquirir prestancia? ¿Qué el usted es más reverencial? Está bien. ¡Si así lo queremos! ¿Qué el tú es más confianzudo? Puede que así sea. Personalmente me va mejor la confianza que la reverencia. Puede ser un prejuicio mío. Pero ¿por qué cuando estoy con éste o aquel les hablo de tú, y cuando hablo con el “otro” ya tengo que distanciarme, marcar distancias y tratarle de “usted”, “reverendo”, “ilustrísimo”? ¿Que es un problema cultural? Me quedo.

Pero, acaso el “usted” no es en realidad un “tú”. ¡Con la diferencia que está más arriba! Si lo que queremos es hacer notar la altura, de acuerdo, ¿pero si lo que quiero es entrar en comunión con él, las alturas distancian y no acercan? Cuando alguien me dice “Reverendo” o “usted” siento que me mira desde lejos. Cuando me dicen “tú” me siento más cercano.

¿Y Dios? Perdón, pero me encanta tratarlo de tú. ¡Si toda la revelación es un intento de acercar a Dios a los hombres! ¿Por qué lo voy a distanciar yo con mis palabras? Si el amor une y fusiona a los que se aman, y Dios me ama tanto, no me imagino que Dios me trate de usted. Ya. Los de arriba sí pueden utilizar el tú, los de abajo no. Pues Dios se rebajó tanto, que prácticamente se hizo un “tú” entre los hombres. Y no por eso Dios ha perdido nada de su dignidad. Bueno, cada uno trátele como mejor se sienta con él. ¡Tú, Señor, ya me comprendes, ¿verdad?

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