Hoja Parroquial

Domingo 25 – B | El servicio y el Reino| IQC2021

Domingo, 19 de setiembre del 2021

Un curso abreviado de cristianismo

Reino de Dios

El Evangelio de hoy es como un curso abreviado de cristianismo, pero no por ser abreviado es más fácil de aprobar. No suelen ser muchos los que pasan este curso, pero sin él el resto sirve de poco. Lo podemos resumir en dos capítulos y un apéndice.
El primer capítulo: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará”.
El segundo capítulo: “Quien quiera ser primero, que sea el último de todos, y el servidor de todos”.
El apéndice: “¿De qué discutíais por el camino?” “Por el camino habían discutido quién era el más importante”.

Jesús se está dedicando a tiempo completo a la formación de sus discípulos. Evitaba que la gente se enterase, para que no le impidiese esta formación intensiva de los suyos. No hay tiempo para distraerse. Estos son momentos intensivos y decisivos en la formación y educación de la nueva mentalidad. El tema es conocido, tendrán que digerir lo que su espíritu rechaza: el misterio del Mesías crucificado. La prueba decisiva para aprobar el tema del seguimiento será la aceptación de la muerte y resurrección del Maestro. Sin haber asimilado este misterio, no se puede seguir adelante.

Esto por una razón muy sencilla, la novedad que Jesús anuncia invierte totalmente los valores humanos y sociales que están viviendo. El poder siempre ha sido la gran tentación del corazón humano. El ser el primero siempre ha sido el escollo de los que dicen creer en Dios y tener a Dios por Padre. La nueva realidad del Reino es otra cosa. Totalmente diferente. La nueva realidad del Reino invierte los polos: el primero ha de ser el último. El primero no el más servido, sino el que más sirve. Con esto, Jesús rompe todos los esquemas sean filosóficos, teológicos o culturales o tradicionales. Todo lo que huele a “sentirse más que los demás” no sirve para el que dice seguirle. Todo lo que huele a “que me sirvan” porque yo tengo un título superior, no sirve como credencial del Reino.

En el Reino las cosas son distintas. Nada de primeros, sino de últimos. Nada de que yo soy más y que me sirvan, sino cómo sirvo yo a los demás. Nada de que “yo soy…” Cada uno que le ponga el nombre que quiera. El Evangelio es muy claro: “último y servidor”. Es interesante que Jesús una dos realidades, “lo de último” y lo “servidor”. Porque nosotros somos lo suficientemente listos como para tratar de armonizar lo uno y lo otro: “yo el primero, pero para servir”. ¿No estaremos engañándonos y queriendo engañar a los demás? ¿Por qué no somos más sinceros y decimos: “yo el último, para servir mejor”?

Jesús, el pedagogo

Jesús, el maestro

Leyendo el Evangelio uno no sabe qué admirar más: si lo que dice Jesús, su doctrina, o simplemente su estilo de enseñar. Las dos cosas son importantes, pero la pedagogía me parece fundamental porque del estilo de enseñar depende en gran medida la aceptación de su verdad.

Él está hablando de una cosa, en este caso la cruz, y ellos se van al desvío, discutiendo de todo lo contrario. Él les habla de amar y servir hasta entregar la vida por los demás, y ellos siguen entretenidos en saber quién de ellos será el presidente del gabinete ministerial.

Jesús no los acusa, sencillamente pregunta. Ante su silencio tampoco se irrita, sino que no se da por aludido y sigue su enseñanza. Algo así como si diese por aprendida la primera lección.

Nosotros solemos tener demasiadas prisas para que la gente cambie. Jesús no tiene prisa alguna. Él sabe esperar a que la gracia vaya actuando poco a poco en sus corazones.
Nosotros les hubiéramos castigado por no prestar atención a lo que les está diciendo. Sin embargo, se da por no enterado y sigue mostrándoles el camino.
Nosotros, si no nos responden, les hubiéramos pegado un grito, pero Él se mantiene sereno y no les hace sentirse mal. Simplemente espera.

Es lo que a nosotros nos suele faltar la capacidad de esperar. La capacidad de caminar al ritmo de ellos.
¿Que los hijos no responden tan rápidamente como tú quisieras?
No te irrites. Camina a su ritmo, aunque siempre unos pasos adelante.
¿Qué los hijos piensan diferente a ti?
Es lógico. No tienen tus años. Pertenecen a otra cultura, que no es ya precisamente la tuya, pero no les grites. Espera.

¿Qué vuestros problemas no se solucionan tan rápidamente como desearías?
Pues no te desesperes. Con tu desesperación y mal humor los vas a retrasar más y a empeorar más.

La Cruz y el poder

la cruz

Si la señal del cristiano, como decía el Catecismo, es “la señal de la Cruz”, el cristiano al santiguarse debiera inmunizarse contra el ansia de poder. Porque cruz y poder no se casan, harían un matrimonio nulo, por su incompatibilidad.

La cruz es debilidad. El poder es fortaleza.
La cruz es servicio. El poder se sirve de los demás.
La cruz es darse a los demás. El poder es poner a los demás como servidores.
La cruz es amor. El poder es opresión.
La cruz es libertad. El poder es dominio.

La espiritualidad de la cruz no es una espiritualidad dolorista.
La espiritualidad de la cruz no es una justificación del dolor y el sufrimiento.
La espiritualidad de la cruz no es una justificación del dominio de los unos sobre los otros.

Por el contrario:
La espiritualidad de la cruz es una espiritualidad de fidelidad al Evangelio.
La espiritualidad de la cruz es una espiritualidad de suprimir el dolor de los demás.
La espiritualidad de la cruz es una espiritualidad de hacer libres a los demás.
La espiritualidad de la cruz es una espiritualidad de devolver la dignidad a todos.
La espiritualidad de la cruz es una espiritualidad de amar a todos, sin distinción de razas y colores o condiciones sociales.

La espiritualidad de la cruz es ponernos al servicio de todos.
La espiritualidad de la cruz es renunciar a nosotros mismos por los demás.
La espiritualidad de la cruz es morir por los demás. Y no que los demás mueran por nosotros.
La espiritualidad de la cruz es hacer que otros vivan, aunque nosotros tengamos que morir.

¿Discutir o dialogar?

dialogo

No. No es lo mismo hablar tú sólo, que hablar y escuchar al otro.
No. No es lo mismo un monólogo que un diálogo.
En el monólogo sólo uno tiene derecho a hablar, el otro a callar y escuchar.

Tampoco es lo mismo un “duólogo que un diálogo”.
¿Qué no existe “duólogo” en el diccionario? Es posible, pero en la vida claro que existe.
Duólogo es cuando hablan por turno sin que el uno escuche al otro. O si se escuchan es para ver cómo responder al otro.

En cambio, “diálogo” es una conversación:
Un dejar en libertad para que cada uno hable y exponga su modo de ver las cosas.
Un escuchar lo que el otro dice y confrontarlo con lo que uno mismo piensa.
Es un escuchar para recibir luz del otro. Uno no tiene toda la verdad.

En el diálogo nadie tiene la razón porque la tienen los dos.
En el diálogo no se pretende ganar la batalla al otro.
En el diálogo nadie busca “su verdad”, sino la “verdad de los dos”.
En el diálogo no se trata de “salirme con la mía”, sino “salir con la de los dos”.
En el diálogo nadie impone “su” verdad, sino que buscamos la verdad de los dos.
En el diálogo no prevalece tanto la verdad como el amor.

Los dos con cariño buscamos la verdad.
Es el cariño y el amor es que nos facilita el camino.

Dialogar tampoco es informar, como quien anuncia noticias.
Dialogar es compartir juntos la misma esperanza, buscar juntos el mismo camino.
Dialogar es sufrir juntos cuando no vemos claro el camino y disfrutar juntos cuando ya lo hemos encontrado.

En la discusión triunfa siempre el orgullo de uno o de los dos.
En el diálogo triunfa el amor que une a los dos.

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