Hoja Parroquial

Pascua 6 – A | Espíritu de Verdad

Domingo, 14 de mayo del 2023

“El Espíritu de la Verdad”

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El vacío dejado por la muerte de Jesús no quedará vacío, otro está llamado a ocupar su espacio, será el Espíritu Santo. Yo me voy, pero vendrá Él. Yo os dejo, pero estará Él. En mis hermanos no quiero huérfanos. Nadie quedará solo. Todos tendrán compañía.  Nadie quedará vacío. Todos estarán acompañados.

La gran promesa de Jesús es el “don del Espíritu de la verdad”. Con esta promesa ya nos están marcando también el camino. “Espíritu de la verdad, para cristianos de la verdad”. “Espíritu de la verdad, para cristianos llamados a vivir en y de la verdad”. Lo más contrario a lo cristiano es la mentira. Lo más contrario a lo cristiano es el engaño, la falsedad, la trampa, la mentira.

El primer quehacer del cristiano es buscar la verdad y buscarla cada día. Porque al cristiano nada se le da hecho, todo lo tiene que conseguir. Ahí está la verdad, pero él tiene que descubrirla y encontrarla. Ahí está la verdad, pero no es solamente para meterla como una idea en la cabeza, sino para vivirla, hacerla vida. Porque una verdad que no se hace vida, es una verdad inútil.

No olvidemos que el Evangelio, la verdad de Dios, antes de ser libro escrito, fue una vida. La vida de Jesús, sólo luego se puede escribir. La verdad antes de ser libro tiene que sed vida en la mente y el corazón del cristiano.

Pero precisamente porque la verdad es algo que es preciso buscar, el cristiano, movido por el Espíritu de la verdad, es que vive constantemente buscando y tratando de ver, descubrir la verdad. Dios es la verdad. Y Dios es el mismo, pero, a la vez, es nuevo cada día.

No podemos ser de los que un día encontraron “unas verdades”, se adueñaron de ellas, y viven de ellas toda la vida. Es posible que terminemos viviendo de verdades ya viejas y gastadas, mientras el Señor las ha estado renovando a diario. Las mismas, pero con nuevo rostro. Las mismas, pero con cara nueva.

O vivimos de la verdad, o el Espíritu no habita en nosotros. O aceptamos la verdad del Espíritu de la verdad, o hemos perdido el dinamismo del Espíritu.

Clases de religión, pero aconfesionales

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Uno se lleva verdaderas sorpresas. Creemos que ciertos hombres son realmente serios y están preparados, y luego los escuchamos y terminamos preguntándonos si llegan a tener un mínimo de lógica en su pensamiento.

En España, tierra del péndulo, porque o se es “clerical y religioso” hasta decir basta, o se es “anticlerical e irreligioso” hasta los tuétanos. Llevamos años siendo testigos de las luchas entre la política y la enseñanza religiosa. Se han querido hacer todas las experiencias, pero siempre echando sombras sobre la obligatoriedad de la religión en los centros educativos.

El problema sigue, pero alguien ha querido ofrecer una solución salomónica. Para evitar conflictos que se enseñe religión, mejor que se enseñe la historia de la religión, pero eso sí de manera aconfesional. ¿Ahora sí han parido los montes!

Vamos a enseñar nuestra historia, pero de una manera tan neutra que en modo alguno tengamos sentimientos patrios.
Vamos a enseñar medicina, pero sin mentalidad y criterios médicos.
Vamos a enseñar arquitectura, pero sin mentalidad y criterios de arquitectos.
Vamos a enseñar derecho, pero sin mentalidad de juristas.
Vamos a enseñar la historia de la religión, pero sin mentalidad religiosa, es decir, de una manera aconfesional.

¿Y el ateo que enseñe religión aconfesionalmente, será capaz de renunciar a mentalidad atea? ¿El ateo aconfesional será realmente aconfesional en su ateísmo?

¿Qué se busca y qué se pretende con eso de “aconfesional”? Crear aconfesionales. Bueno, mejor digamos, la aconfesionalidad de los ateos es crear ateos. Se puede enseñar la religión de un modo ateo, para crear ateos, pero no se puede enseñar la religión de un modo confesional, para crear confesantes religiosos.

Yo me pregunto, ¿se lo creerán? ¿Creerán que la gente es tan tonta y tan imbécil,  que comulga con ruedas de molino, con ideas absurdas y contradictorias?

Bueno, personalmente, estoy convencido de una cosa: que los ateos no son tan ateos como dicen ser. Viven con demasiada preocupación por los religioso. Ya decía alguien: “Me repugnan los ateos porque se pasan el día hablando de Dios”.

Hechos para el futuro

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Tenemos en nosotros el “Espíritu de la verdad”. Por tanto, nada de mentira. Y qué curioso, hoy vivimos como una especie de cultura de la mentira: a ver si le engaño, a ver si le trampeo. Y somos felices engañando a los demás. Y nos sentimos como si hubiésemos tenido un gran éxito si hemos logrado mentir y engañar.

El cristiano, poseedor del “Espíritu de la verdad”, está además llamado a desenmascarar la mentira donde quiera se presente. Tenemos que descubrirle la cara a la mentira. Tenemos que destapar el engaño y la mentira que se nos ofrece muy bien embalada en papel regalo.

“Desarrollo”, aquello que significa que yo tenga más.
“Modernidad”, aquello que responde mejor a mis gustos y apetitos.
“Modernizarse”, negar todos los principios morales. Todo se puede.
“Mentira”, no, eso se llama diplomacia.
“Engañar a los demás”, eso es genio y táctica política.
“La justicia”, se trata del orden establecido, aunque sea injusto.“Sexualidad”, se llama amor.
“Criticar”, se llama hoy ser sinceros.
“Destapar vidas ajenas”, hoy se llama moralización.
“Casino”, eso es para matar el aburrimiento.
“Divulgar secretos y manchar vidas”, es libertad de prensa.

El cristiano tiene que descubrir las mentiras que se nos quieren vender como verdades. El cristiano, que vive del Espíritu de la verdad, tiene que desenmascarar las mentiras con etiqueta de verdad. Tontos, puede que sí, pero sonsos no.

Los que no puedes esperar

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Muchos podemos esperar. Esperamos y no pasa nada.
Puede esperar el que no tiene prisas.
Puede esperar el que no necesita nada.
Pero otros muchos no pueden esperar. La espera puede ser la muerte.
“Los que tienen hambre”, no pueden esperar.
“Los que tienen el estómago vacío”, no pueden esperar.
“Los que están desnudos”, no pueden esperar.
“Los que se están muriendo sin atención médica”, no pueden esperar.

¿Será cierta la cifra que acabamos de leer? Diariamente mueren más de 30.000 de hambre en el mundo. “El hambre, dicen, es la causa de destrucción masiva más terrible y cruel”.

¿Se puede solucionar ese problema?  Dicen que sí, pero “falta voluntad”. Preferimos hacer reuniones internacionales, hacer planes a largo plazo, que no llegan nunca y si alguno llega, ya es tarde. Los que han muerto ya no necesitan de dichos planes. Ellos no pudieron esperar tanto.

Lo terrible es que reconocemos que sí se puede solucionar el problema, pero “nos falta voluntad”.

¿De qué sirve que las cosas sean posibles, si no tenemos voluntad de cambiarlas?
¿De qué sirve que podamos, si no tenemos voluntad?
¿De qué sirven los posibles humanos, si carecemos de decisiones?
¿De qué sirve que la pareja tenga problemas que son solucionables, si luego no tiene la voluntad de afrontarlos?
¿De qué sirve que yo pueda ser santo, si no tengo decisión ni voluntad de serlo?
¿De qué sirve que pueda dejar mi adicción a la droga y al trago, si no tengo voluntad de dejarlos?

Los posibles se hacen imposibles por la libre decisión de cada uno de nosotros.
Los posibles son imposibles porque mi voluntad sencillamente “no quiere”, no decide.

Dios hace los “posibles”, sólo al hombre se le ocurre hacer “los imposibles”.
El mundo está a la espera de que “los hombres quieran”, los hombres “decidan”.

Los más de 30.000 que morirán hoy de hambre podrían seguir viviendo mañana. Pero los hombres “no quisieron”. ¿Hay algo más simple?

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