Hoja Parroquial

Cuerpo y Sangre de Cristo – B | Eucaristía hoy

Domingo, 2 de junio del 2024

De la mesa de la obligación a la mesa de la celebración

La festividad del Corpus, llamada hoy, festividad del Cuerpo y la Sangre de Cristo, puede ser un buen momento para una reflexión sustancial de nuestro vivir cristiano.

Para Jesús, la Eucaristía fue uno de sus momentos cumbres. Hasta se diría que fue uno de esos momentos claves de su vida porque instituir la Eucaristía era como crear en medio de nosotros la manera de asegurar su presencia en medio de la comunidad, también la manera de asegurar la memoria de su Muerte y Resurrección.

Con la Eucaristía, Jesús nos quiso decir dos cosas fundamentales. La primera, que Él seguiría presente en medio de nosotros, aún después de su muerte y resurrección. Y la segunda, asegurar que nosotros no olvidaríamos el acontecimiento fundamental de nuestra fe y del Reino: su muerte y resurrección.

Por eso mismo, celebrar la Eucaristía no es sencillamente un mandato o un deber o una obligación. Es un acontecimiento de la fe. Es un reunirnos para hacer memoria de nuestras propias raíces. Cuando la Iglesia habla de obligación lo que está diciendo que “participar en la misa dominical” no es un simple acto de piedad, sino un acontecimiento que la Iglesia no puede olvidar. Porque si la Iglesia olvida sus raíces será una Iglesia que se seca.

La festividad del Cuerpo y Sangre de Cristo quiere hacernos recordar su momento cumbre, el momento decisivo y, sobre todo, quiere hacernos tomar conciencia de que el punto central de la comunidad cristiana está precisamente en la celebración eucarística.

No hay familia sin la mesa en la que nos reunimos para compartir nuestro pan y nuestra comida. Esa mesa es como el centro de la familia. Es el lugar del encuentro de todos donde juntos celebramos nuestra conciencia de familia.

No hay Iglesia sin la mesa del altar, grande o pequeña. El tamaño importa poco. Porque lo que interesa de verdad es el “pan partido y la sangre derramada”, el memorial del acontecimiento que dio nacimiento a la Iglesia.

No en vano, cuando leemos los Hechos de los Apóstoles, constantemente vemos a los cristianos reunidos para celebrar la “fracción del pan”. Las mismas apariciones de Jesús se dan casi siempre en torno a la comida que recordaba precisamente la Eucaristía.

Urge un cambio de mentalidad. Pasar de la “obligación” a la “celebración”. Pasar del “deber” al “recuerdo o memoria”. La Eucaristía no sólo es memoria de nuestros orígenes, sino también expresión de nuestro ser Iglesia. La celebración de la Misa pareciera como una escenificación de la naturaleza íntima de la Iglesia, de cómo tiene que ser la Iglesia. Tendríamos que salir de la Misa con una mayor conciencia de Iglesia.

¿Dónde celebrar la Eucaristía hoy?

Los discípulos le hacen una pregunta a Jesús: ¿dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua? ¿Dónde quieres celebrar tu primera misa? ¿Dónde quieres celebrar tu primera Pascua?

Y resulta curiosa la respuesta de Jesús. Jesús celebró la primera Eucaristía en un lugar prestado, no propio. ¿Dónde querrá Jesús celebrar la Misa hoy como sacramento de la memoria y como sacramento del anuncio pascual?

¿No será que también hoy Jesús quisiera que celebrásemos la misa allí donde Él no tiene nada propio, sino que lo pide prestado? Celebrar la misa tal vez allí donde la gente nunca ha estado en Misa o no creen en la Misa. ¿No sería preferible celebrar la Misa allí donde Jesús aún no tiene nada, tal vez ni templo, ni altar, pero donde hay gente que, en el fondo, desea encontrarse con Él?

Para responder a esa pregunta, acaso debiéramos preguntarnos, ¿dónde tenía preferencias Jesús para comer con la gente? Y entonces la conclusión es clara: “comía con publicanos y pecadores”. Ahora Jesús pone la mesa siempre en la casa de los buenos, pero que de tanto comer con Él ya estamos aburridos. ¿No se sentiría mejor celebrando su “fracción del pan” en medio de la gente “no tan buena”, pero que también le quiere invitar a su casa?

La misa no es para gente cansada y aburrida. La misa tampoco es para gente que va porque no le queda otro remedio. La misa tenemos que celebrarla allí donde Jesús quiere que también hoy se “anuncie su muerte y se proclame su resurrección”.

Pero me temo que también esto provocase demasiados escándalos. Cuando comía con “publicanos y pecadores” los buenos se escandalizaban. ¿Y no nos escandalizaríamos hoy si en vez de celebrarla entre los buenos la celebrásemos entre los marginados de la Iglesia?

Son preguntas, ya lo sé, pero preguntas que debieran inquietarnos un poco más.

La Eucaristía, lo nuevo y lo viejo

Cuando pensamos en la Eucaristía pareciera que estamos pensando en lo que Jesús hizo en la Ultima Cena. Y es cierto. Jesús mismo la instituyó con esa idea: “haced esto en memoria mía”. Por tanto, toda Eucaristía es “recordar un pasado”, pero no es sólo eso.

En toda Eucaristía recordamos lo viejo, pero anunciando y proclamando y realizando lo nuevo. No se trata de una simple memoria del pasado, sino de una manera de hacer que el pasado vuelva a actuar hoy, vuelva a ser acontecimiento hoy. Si sólo fuese recordar el pasado bastaría leer el Evangelio o cualquier otro libro que nos hable de la Muerte y Resurrección de Jesús. Pero eso no basta. La Eucaristía hace que lo pasado sea contemporáneo nuestro. Es decir, se haga realidad hoy.

El pan y el vino que utilizamos son nuevos. Están hechos con trigo nuevo y uvas nuevas.
El “cuerpo entregado de Jesús” sigue entregándose hoy por la comunidad.
La “sangre derramada de Jesús” sigue vertiéndose hoy por la comunidad.

Aquello de ayer se renueva hoy. Y se renueva con pan y vino nuevos. Por tanto, celebrar la Eucaristía es también abrirnos cada uno de nosotros a cómo actualizar hoy la muerte y resurrección de Jesús. Es tomar conciencia de cómo anunciar hoy que Él sigue vivo, la resurrección. No es suficiente recordar que aquella mañana de Pascua Jesús estaba vivo. Nosotros celebramos que “hoy” está vivo en medio de nosotros.

En aquel entonces ellos tuvieron sus modos y maneras de comunicarse unos a otros que el Señor estaba vivo. Hoy, que nosotros sabemos vive y está en medio de nosotros, tenemos que ver cómo hacer el anuncio a la gente. Cómo decirles hoy que Jesús vive. Cómo decirles que Jesús está hoy en medio de su Iglesia, en medio de la comunidad.

¿Por qué nos aburriremos en la Misa? ¿No será porque ni recordamos el pasado ni nos decidimos a recrear el presente? Tampoco podemos lamentarnos demasiado porque antes tendríamos que preguntarnos si la manera que tenemos de celebrar la misa hoy es una verdadera invitación a sentir su presencia hoy y a cuestionarnos cómo llevar la noticia hoy a los hombres.

Pensamientos ante el Sagrario

Sé que estás.
Y mis ojos no te ven.
Mis ojos ven el pan.
Y mi fe te ve a Ti.
Mis ojos ven algo muy pequeño.
Y mi fe descubre la presencia de Dios.

Mis oídos no escuchan nada.
Pero mi corazón sabe que Tú nos hablas.
Siempre nos rendimos ante la grandeza.
Aquí nos arrodillamos ante la pobreza.
Contemplo mi casa y contemplo la tuya:
“El Sagrario”.
La mía es bien grande.
La tuya es chiquita.
La mía tiene muchas habitaciones.
La tuya es una sola habitación, como la de los pobres.

Yo estoy poco en casa.
Vivo más en la calle.
Tú estás todo el día.
Y siempre se te puede encontrar.
Yo tengo la llave de mi casa.
Entro y salgo cuando quiero.
La llave de tu casa la tenemos nosotros.
Se abre cuando nosotros queremos.
Somos nosotros quienes te abrimos o encerramos.

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