Hoja Parroquial

Domingo 17 – B | Eucaristía y hambre | IQC2021

Domingo, 25 de agosto del 2021

Para que tengan vida

Eucaristía

Hoy comenzamos la lectura del capítulo 6 del Evangelio de San Juan, uno de los capítulos más largos, su lectura nos va a ocupar los próximos cinco domingos, desde este domingo 17 al 21. Unos le llaman el capítulo de la Eucaristía, otros simplemente lo denominan como el “capítulo de la vida”.

Todo el Evangelio está escrito bajo el signo de la vida. “Yo he venido para que tengan vida”. Por tanto, el verdadero criterio de la moral y de las actitudes será siempre: “¿Y esto da vida?”. Es evangélico todo lo que da vida. Es de Dios todo lo que da vida. Es bueno todo lo que da vida. Como también tendremos que decir que no es evangélico todo aquello que no es vida. No es voluntad de Dios todo lo que no produce vida. No es bueno, sino malo todo lo que impide la vida.

Esto nos marca, evidentemente una de las líneas y de los criterios o actitudes más claras para leer los Evangelios y tratar de entender a Jesús. Con frecuencia, acudimos a pequeñas actitudes de tipo moral cuando, en realidad, el mejor discernimiento para valorar los Evangelios y valorar a Jesús y valorar nuestras leyes será siempre el problema de la vida. La pregunta fundamental de todo cristiano tendrá que ser: ¿Y esto da vida o no da vida?

Y esto tendría que aplicarse a todo.
Y sería la mejor manera de tratar de vivir cada día en la verdad.
Y esto que hacemos, ¿nos da vida o no?
Y esto que decimos, ¿nos da vida o no?
Y esto que decidimos, ¿nos da vida o no?
Y estas actitudes que asumimos, ¿nos dan vida o no?

De ahí que cuando alguien pregunta: “Padre ¿podemos hacer esto o lo otro?
La respuesta es clara: “Decídanlo ustedes: ¿da vida o no da vida?”

Porque todo lo que da vida es bueno y todo lo que no da vida es muerte.
Todo lo que da vida es gracia y es verdad.
Todo lo que no da vida es pecado y es mentira.

Hay “amor” que da vida. Y hay “amor” que da muerte.
Es decir, la verdad de eso que nosotros llamamos amor, la conoceremos si nos da vida o si siembra muerte en nosotros.

La Eucaristía y el hambre

hambre y Eucaristía

El relato de la multiplicación de los panes tiene un carácter netamente eucarístico. Para muchos es una reflexión de las primeras comunidades cristianas, sobre cómo se debe celebrar la Eucaristía, cuál tiene que la verdad de la eucaristía en la comunidad.

Aquí aparece cómo celebrar la Eucaristía con hermanos que sufren hambre o, como lo plantea Pablo, “cómo ser comunidad eucarística”. Dice Pablo:

“No alabo vuestras asambleas, que os hacen más mal que bien… Cuando os reunís, pues, en común, eso ya no es comer la Cena del Señor, porque cada uno se adelanta a comer su propia cena, y mientras uno pasa hambre, otro se embriaga. ¿No tenéis casas para comer y beber? ¿O es que despreciáis a la Iglesia de Dios y avergonzáis a los que no tienen? ¿Qué voy a deciros? ¿Alabaros? ¡En eso no os alabo!” (1Co 11,17-22).

“Si no hay comunidad que comparte el pan, tampoco puede compartir el cuerpo de Cristo… La Eucaristía sin compartir la vida, lo que se tiene, no tiene sentido, no es Eucaristía” (Schökel, SJ).

Las observaciones de Pablo no responden a una circunstancia particular, son una especie de lectura de la verdadera celebración de la Eucaristía. La Eucaristía que es “el pan partido, el pan entregado, la sangre derramada, por todos” es incompatible con las diferencias sociales, es incompatible con una comunidad donde unos lo pasan bien y otros no tienen pan en casa. ¿Cómo se compagina nuestra celebración de la Eucaristía con la frase de Jesús: “Dadles vosotros de comer”? Vosotros que también sois pobres y no tenéis más que cinco panes y dos peces. Las misas de hoy, este celebrar la Cena del Señor, ¿serán también un desprecio de la Iglesia de Dios y un avergonzar a los que no tienen? ¿Nos dirá algo hoy todo esto?

Multiplicar la vida

Eucaristía y vida

El milagro de la multiplicación de los panes y peces es el milagro que nos habla de multiplicar la vida. El hambre termina siendo muerte. La carencia del pan termina, a la larga, en muerte. Jesús aprovecha la realidad que tiene delante de sus ojos para enseñarles a los suyos a ser también ellos fuentes de vida, no de muerte. “Dadles vosotros de comer”.Sed también vosotros agentes de vida.

Esto es mucho más serio que una simple consideración piadosa. Jesús no ha venido tan solo para que tengamos vida espiritual. Jesús ama al hombre entero y quiere que tenga una vida humana digna y una vida espiritual rica y generosa.

Cuando leemos en los periódicos o en los noticiarios sobre tantos niños, adultos y ancianos que cada día mueren en el mundo a consecuencia del hambre y de las enfermedades, ¿nos dejan tranquilos en nuestros asientos? ¿Dejan tranquilas nuestras conciencias? El milagro de la parábola nos dice algo bien claro: hay pan suficiente para que no haya hambre en el mundo. Hay medicinas suficientes para que muchas enfermedades puedan ser curadas. Lo que se necesita no es tanto multiplicar panes, que ya tenemos suficientes, sino que esos panes lleguen a los que tienen hambre. No se trata de elaborar más pastillas y antibióticos, que ya producimos suficientes. El problema es que el egoísmo de las ganancias no se ponga en el camino e impida que lleguen a los enfermos marginales.

Hay que multiplicar la vida y, si hace falta, multipliquemos los panes. Sólo se multiplican los panes que rescatamos de nuestros egoísmos y los ponemos al servicio de todos. Como en el milagro de la multiplicación, cuando ponemos lo nuestro al servicio de todos, hay suficiente e incluso, sobra. Todos comieron y sobraron doce cestas.

¿Espiritualidad del estómago?

Eucaristía y hambre

¿A qué llamar hoy superfluo? No siempre resulta fácil definirlo porque lo superfluo debiera ser todo aquello que nos sobra satisfechas nuestras legítimas necesidades. En una cultura consumista como la nuestra, lo primero que tendríamos que preguntarnos es cuáles son las necesidades básicas y cuáles son las necesidades creadas artificialmente por el sistema y el ambiente.

Jesús, luego de dar de comer a todos, hasta saciarse, dice a los discípulos: “Recoged los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie”. “Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos de los cinco panes de cebada que sobraron a los que habían comido”.

Satisfechas mis necesidades es posible que nos sobren muchas cosas. ¿Qué hacer con ellas? Alguien escribió que “lo superfluo, ya no nos pertenece, sino que le pertenece al que no tiene nada y sufre hambre”.

Hemos vivido una espiritualidad demasiado desencarnada, demasiado “del alma”, y nos hemos olvidado que, para Jesús, la espiritualidad del Evangelio tiene que llegar también al cuerpo, incluso al estómago. Todos nos hemos encerrado en una espiritualidad intimista y hemos visto como sospechosa la “espiritualidad del estómago”, “la espiritualidad del hambre”. ¿Podrá justificarse con el Evangelio en la mano la “espiritualidad del alma como contrapuesta a la espiritualidad del estómago”? La pregunta intencionada de Jesús a Felipe es clara: “¿Con qué compraremos panes para que coman éstos?”.

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