Hoja Parroquial

Sagrada Familia – C | Jesús se pierde en el templo

Domingo, 26 de diciembre del 2021

Y Dios se hace familia

Sagrada Familia

San Juan Pablo II en el discurso a la Asamblea General del CELAM en Puebla (México) dijo que “Dios era familia”, pues en su seno íntimo Dios es Trinidad de Personas en comunión de relaciones. Razón también por la cual, Pablo dirá que “Dios es padre de toda familia”. Digamos que Dios está marcado por el sentido de la familia.

Era lógico que también Jesús al encarnarse lo hiciese en el clima y calor de una familia concreta, la de María y José. A diferencia de otros grandes profetas que viven alejados y llevando una vida desconocida, Jesús pasa la mayor parte de su vida, treinta años, en una familia y como miembro de un hogar como cualquier otro.

De ahí que la familia, desde entonces, sea algo más que un fenómeno sicológico o un acontecimiento social, y sea también un espacio de Encarnación de Dios, un espacio de gracia y de salvación e incluso se la pueda considerar como una especie de sacramento de salvación, al llamarla “Iglesia Doméstica”.

San Juan Pablo II, en la Exhortación Familiaris Consortio, dijo que “el futuro de la humanidad se fragua en la familia”, y también, “el futuro de la evangelización en el futuro pasará por la familia”.

Maltratar a la familia es poner piedras y estorbos al futuro y al anuncio del Evangelio. Porque, al fin y al cabo, la mayoría de nosotros hemos encontrado en la familia los caminos de nuestra fe. Nuestro primer encuentro con Dios se dio en la familia. Nuestro crecimiento en la fe se dio en la familia. Mientras la familia ha mantenido el calor de la fe, la experiencia de Dios, y mientras la familia ha sido el espacio de la revelación y manifestación de Dios, los hombres nos declarábamos creyentes. Las crisis de la fe y de la incredulidad comenzaron a sentirse cuando la familia se fue vaciando de Dios, vaciando de la fe y el interior del hogar comenzó también a secularizarse.

San Juan Pablo II nos decía que era “indispensable y urgente que todo hombre de buena voluntad se esfuerce por salvar y promover los valores y exigencias de la familia” (FC.86) Y añadía: “Deben amar de manera particular a la familia. Se trata de una consigna concreta y exigente”. (Id) Al celebrar hoy la familia de Jesús, ¿no será también el momento de celebrar el misterio de gracia y salvación de nuestras familias?

La Familia de Jesús en apuros

problemas familiares

Cualquiera pudiera pensar que la familia de Jesús debió ser un remanso de felicidad, tranquilidad, donde no faltaba nada y lo tenía todo. ¿Fue realmente así?

En primer lugar, fue una familia normal de aquel entonces. El Evangelio no ofrece rasgo alguno de pensar que fue distinta al resto de familia. En segundo lugar, fue una familia probada en muchas dificultades. El Evangelio nos cuenta más problemas que otra cosa.

El nacimiento tiene lugar en situaciones poco normales.
Desde el comienzo el Niño es amenazado de muerte.
Deben emigrar de noche a Egipto y vivir expatriada.
Desde los doce años del Niño, sienten que un misterio los envuelve a los tres, sin que María y José puedan entender qué es lo que está sucediendo.
Familia buena, sí, pero la bondad y la plenitud de gracia que en ella se vivía no fue razón alguna para eximirla de las pruebas y dificultades.

Sabemos que fue una familia “única” por el misterio que escondía. Pero, en modo alguno, fue eximida de los problemas y dificultades humanas. Por eso, cuando presentamos a la Sagrada Familia como modelo, hemos de evitar un misticismo barato que la hace inimitable e incluso podemos encontrar en ella la explicación de muchas de nuestras dudas.

Cuando nos surgen problemas, inmediatamente acudimos a nuestra bondad como carnet para eximirnos. La familia de Jesús tenía todos los carnés de identidad que garantizaba su bondad; sin embargo, debió someterse a las experiencias dolorosas de tantas familias que también hoy sufren.

¿Que no entiendes por qué todo le va mal a tu hijo?
Jesús experimentó el terrorismo de los poderosos.
¿Que no entiendes la vida de tus hijos?
María y José tampoco entendieron la de Jesús.
¿Que los dueños te piden la casa?
María y José no tenían casa para dar a luz al niño.
Se ve que el ser bueno no es garantía para no tener problemas.
Más bien habría que decir que porque eran buenos podían ser más fuertes que sus problemas.

¿Familia en crisis o en cambio?

crisis familiar

Todo lo que es vivo está en constante crisis, porque todo lo que vive está en constante cambio y crecimiento. La Exhortación Familiaris Consortio, de San Juan Pablo II, concibe a la familia, no como una realidad estática, sino como un organismo vivo, que nace, crece, se desarrolla.

En este sentido la familia siempre ha estado en crisis porque siempre ha estado en constante desarrollo. Las llamadas crisis de crecimiento, de desarrollo, son crisis pero no enfermedades ni signos de muerte, sino de vida.

Aunque tampoco podemos decir que todas las crisis por las que pasa la familia son signos de vida. Hay también signos de muerte. De todos modos, aún esos mismos signos tenemos que aprovecharlos para convertirlos en procesos de vida.

Que la familia de hoy no es la de nuestros abuelos, es una realidad.
Por eso no podemos pretender imitarla.
Porque es una familia en otro contexto sociocultural diferente.

Las crisis más preocupantes de la familia actual pudieran ser:
Falta de sentido de pertenencia.
Los jóvenes se sienten pertenecer más a la collera que a la familia.
Falta de espacios de encuentro entre los miembros de la familia.
Cada uno dispone de su tiempo, que comparte poco.
Falta de seguridad y estabilidad.
Los compromisos son muy frágiles y débiles, se quiebran fácilmente.

El secularismo también ha salpicado fuertemente a la familia. La experiencia y expresión de fe al interior del hogar es cada vez menor. Aunque los miembros puedan tener profundas expresiones de fe en otros ámbitos y contextos sociales y eclesiales.

Lo importante no es raspar demasiado las heridas, sino tomar conciencia de ellas y ver cómo logramos darle nueva vida. Una vida que no se expresará como antes, pero que encuentre nuevos cauces y caminos.

¿Qué significa amar a la familia hoy?

amor familiar

San Juan Pablo II lo expresó muy bien en la Familiaris Consortio cuando dijo:

“Amar a la familia significa saber estimar sus valores y posibilidades, promoviéndolos siempre. Amar a la familia significa: individuar los peligros y males que la amenazan; para poder superarlos. Amar a la familia significa: esforzarse por crear un ambiente que favorezca su desarrollo. Finalmente, una forma eminente de amor es dar a la familia cristiana de hoy, con frecuencia tentado por el desánimo y angustiada por las dificultades crecientes, razones de confianza en sí misma, en las propias riquezas de naturaleza y gracia, en la misión que Dios le ha confiado. Es necesario que las familias de nuestro tiempo vuelvan a remontarse más alto. Es necesario que sigan a Cristo”. (F.C.86)

Conocer la realidad y la verdad de la familia.
Promover los valores de la familia.
Dar razones de esperanza a la familia.
Hacerle descubrir sus verdaderos valores.

No se trata de entretenernos lamentando las situaciones dolorosas de la familia. La familia necesita anuncio. Necesita esperanza. Necesita confianza en sí misma. Y necesita abrirse con gozo a sus posibilidades. La realidad nunca puede ser mayor que la familia. La familia tiene dentro de sí misma un dinamismo que la hace más que su propia realidad por dolorosa que pueda parecer. Tal vez le anunciamos más sus enfermedades que sus medicinas. Le anunciamos más sus llagas que sus ideales. Por eso añadía Juan Pablo II: “el deber de anunciar con alegría y convicción la “buena nueva” sobre la familia, que tiene absoluta necesidad de escuchar siempre de nuevo”.

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