Hoja Parroquial

Pascua 4 – C | Los verbos del pastor

El Buen Pastor en cuatro verbos

Jesus buen pastor

El texto del Evangelio de hoy es corto, pero lleno de vida. Está construido sobre cuatro verbos fundamentales: “escuchar”, “seguir”, “conocer” y “dar vida”. La comunidad eclesial reunida en torno a Jesús el buen Pastor, ahora en torno a sus “pastores”. No se trata tanto de comunidades organizadas bajo un reglamento, sino sobre actitudes internas que implican: la relación central de todas con su pastor, y la interrelación vital entre todas ellas.

“Escuchar”. Para escuchar se requiere varias actitudes. Primero, alguien que hable, alguien que llame y, a su vez, alguien que “escuche”, alguien que preste atención al que habla. Pero hablarnos y escucharnos se requiere otro elemento: cierta relación de proximidad. Por tanto, las comunidades cristianas necesitan de espacios que permitan la intercomunicación. Aquí la cercanía es importante. ¿Se dan estos espacios hoy en nuestras parroquias?

“Seguir”. Es la respuesta al “escuchar” porque en las comunidades el hablar es siempre proclamar la Palabra. La Palabra en la comunidad cristiana es siempre una palabra de invitación al seguimiento. Todos seguimos fundamentalmente a Cristo, no seguimos al Sacerdote. Pero el Sacerdote-Pastor es el que debe marcarnos el camino del seguimiento, vamos detrás de él tratando de seguir a Cristo. No se trata de que cada uno ande a la deriva por sus caminos, sino que todos caminemos en la misma dirección.

“Conocer”. Otra de las grandes verdades de las comunidades cristianas. Jesús constantemente habla del “conocer”. Él conoce al Padre. El Padre le conoce a Él. Por eso hay una comunión espiritual entre Él y el Padre. Pero también nos conoce a nosotros y nos conoce por nuestro nombre. Para conocer a Dios y a Jesús necesitamos escucharlos en su palabra y experimentarlos en la oración. Para conocernos todos en la comunidad necesitamos encontrarnos. Encontrarnos con nuestro pastor-párroco y conocernos entre nosotros.

“Dar vida”. Pero la relación de Jesús con los suyos es siempre una relación vital, de vida. La relación en las comunidades es también de vida. Nos hacemos regalos, pero sobre todo nos damos vida unos a otros. Lo que compartimos en las comunidades es vida. La gran preocupación del pastor, la esencial, la fundamental, es ¿mis comunidades tienen vida? No somos buenas comunidades porque no damos problemas al pastor, sino porque tenemos vida. No dar problemas puede ser un signo de falta de vida. Cuando se vive plenamente las comunidades crean situaciones de conflicto.

Vocaciones, ¿preocupacion de la comunidad?

vocaciones religiosas

Es cierto que la vocación no la da la comunidad, sino que es una llamada que Dios hace. Tampoco olvidemos que Dios suele llamar a través de la comunidad. A mí personalmente no me habló Dios a la oreja, ni me llamó por teléfono, ni me envió un angelito, me envió a un miembro de la comunidad de mi parroquia. En este caso, el mismo pastor, el Párroco. Y curioso, me llamó de una manera muy sutil: “Tú vales para sacerdote”.

Ese “tú vales” fue lo que me estremeció interiormente y lo que puso en marcha todo el dinamismo espiritual vocacional. Esa fue la llamada que inicial, luego ya esa llamada se fue expresando en toda una serie de sentimientos, ilusiones y esperanzas y valoraciones interiores.

Las vocaciones nacen en la comunidad. Una comunidad que vive a fondo la fe, siempre tendrá más posibilidades de que sus miembros sean más sensibles a las llamadas de Dios. Una comunidad fría e indiferente, engendra creyentes igualmente insensibles e indiferentes.

Por lo demás, las vocaciones surgen como respuesta a las necesidades de la misma comunidad. Al fin y al cabo, toda comunidad necesita de animadores, de guías, de pastores que la guíen y orienten. Miembros que consagren sus vidas para que las comunidades eclesiales puedan realizarse lo más plenamente.

Una vocación es un acontecimiento de gracia en la comunidad. Una vocación es el florecimiento de la vida espiritual de la comunidad. ¿Nuestra comunidad siente la preocupación por las vocaciones? ¿Cómo ve la realidad vocacional? ¿Los grupos parroquiales reflexionan sobre las vocaciones?

¿Y si Dios me llama?

el llamado de Dios

¿Y si Dios me llama, dónde quedan mis proyectos?
¿Y tus proyectos son más importantes que los de Dios?
¿Y si Dios me llama, dónde quedan los planes de mis padres?
¿Y los planes de tus padres son más importantes que los de Dios?
¿Y si Dios me llama, dónde quedan mis ilusiones?
¿Y tus ilusiones son más grandes que las ilusiones de Dios?
¿Y si Dios me llama, dónde quedan mis ideales?
¿Y tus ideales son más grandes que los ideales de Dios?

¿Por qué no hacemos otra cosa más sencilla?
Convertir los proyectos de Dios en mis proyectos.
Convertir los planes de Dios en mis planes.
Convertir las ilusiones de Dios en mis ilusiones.
Convertir los ideales de Dios en mis ideales.

¿Crees, acaso, que saldrías perdiendo?
No seas como aquel niño que cada día oraba a Dios:
“Diosito, no me dejes crecer, así estaré siempre en brazos de mi mami”.
Está bien el calor de los brazos de mamá, pero ¿renunciando a crecer?
¿No te parece un precio excesivo?
¿No estaremos pagando demasiado caro nuestro raquitismo espiritual?
¿No estaremos pagando demasiado caro nuestro infantilismo espiritual?

Cuando me veo a mí mismo y veo a tantos otros con miedo a escuchar a Dios,
En el fondo termino convenciéndome de una cosa:
“Tenemos miedo a crecer”.
“Tenemos miedo a ser grandes”.
“Nos sentimos mejor siendo menos de lo que podemos ser”.

Tantas vocaciones como llamadas

vocaciones y llamado

El Catecismo de la Iglesia Católica en el índice, a la palabra “vocación” le asigna, entre otros, los siguientes campos:
La vocación al amor n.1604,2331,2392.
La vocación al apostolado 863.
La vocación a la bienaventuranza divina 1700,1703,1716-24.
La vocación a la castidad 2337-59.
La vocación a la comunión con Dios, 27,44.
La vocación a la cooperación con Dios, 307.
La vocación al culto divino y al servicio, 1121.
La vocación al matrimonio, 1603-04,1607, 2331.
La vocación a construir un nuevo pueblo de Dios 804,831.
La vocación a la paternidad 2369.
La vocación a la unión con Cristo 521,542.
La vocación a la vida eterna 1998,2820.
La vocación a la vida del Espíritu Santo 1699.
La vocación del hombre a la fraternidad, a la semejanza de la unidad de las personas divinas 878.
La vocación de los hombres a ser hijos adoptivos de Dios 1.
La vocación de los laicos 898-900,2442.
La vocación de confesar y manifestar a Dios 2085.
La vocación de buscar a Dios 30.

¿Te das cuenta del amplio panorama hacia el que te llama la Palabra de Dios? Nuestra vida no queda encerrada en una botella, es una vida que está llamada a navegar por las inmensidades del mar.

Nuestro peor peligro es sentirnos encerrados en el estrecho marco de nuestras pequeñas cosas, cuando en realidad Dios nos ha hecho para vivir en la amplitud del infinito.

Cuando decimos que vivimos asfixiados, estamos confesando que no hemos descubierto la inmensidad de nuestras posibilidades. Te marco aquí los números para que tú mismo puedas leerlos en el Catecismo que espero tengas en tu casa. ¿No crees que tienes aquí todo un programa como ensayarlo cada día? Nadie diga que se aburre porque no tiene que hacer. No olvidemos que aquí no se trata de leyes humanas, sino de llamadas divinas, es decir, de la gracia de Dios en nosotros.

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