Hoja Parroquial

Pascua de Resurrección | Resurrección de Jesús

Domingo, 9 de abril del 2023

Una mañana de búsqueda y de caminos

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La mañana de Pascua amanece como una mañana cualquiera para quienes siguen celebrando y llorando la muerte del amigo y del Maestro, hasta que unas mujeres se ponen en camino y con ellas todo se pone en movimiento. Se ponen en movimiento las mujeres. Se ponen en movimiento Pedro y Juan. Todos hacen la misma experiencia: un sepulcro vacío. “Pero a Él nadie lo ha visto todavía”. Por eso, todo sigue oscuro en sus corazones. Descubren señales del muerto, pero no ven señales del que está vivo. Tendrán que esperar hasta el atardecer aquel día primero de la semana.

También ellos tendrán que pasar por la experiencia de una especie de muerte en su fe, una especie de muerte en sus sentimientos hacia el Maestro. No hay Resurrección donde no hay muerte.

Nadie se quiere resignar a su muerte, pero todos sienten que tienen que aceptarla. “Todavía no han entendido las Escrituras”. Todavía no han entendido lo que Él les había anunciado: “y al tercer día resucitaré”. La  mañana de Resurrección es una lucha interior entre si será cierto que si sigue muerto o si realmente está vivo. Sus corazones lo sienten muerto, pero sus esperanzas lo quieren ver vivo. Ven las señales de la muerte, pero aún no descubren las señales de que está vivo. Sueñan con la vida, pero la realidad les habla todavía de la muerte. Es la lucha interior entre los sentimientos humanos y las primeras luces de la fe.

Su fe sigue siendo todavía tan débil que las sombras de la muerte parecen apagarla.

Es el día de la vida y ellos lo están viviendo todavía como “día de muerte”. Es el día del Resucitado, pero ellos siguen con el corazón metido en el sepulcro. Tendrán que esperar al atardecer. Tendrán que esperar no al fruto de su búsqueda, sino a la gratuidad de su aparición. Porque ese es el misterio de la fe. Algo que nosotros no logramos con todos nuestros razonamientos, sino que tenemos que esperar a que Él mismo nos abra la inteligencia y podamos comprender. Porque la fe es una búsqueda, pero el encuentro será un regalo. La fe es un don, podemos buscar, pero solo podremos ver cuando Él quiera manifestarse.

Es que la Resurrección no es algo que entra dentro de nuestra lógica. La Resurrección es un regalo de la fe, sólo logran verlo aquellos a quienes Él abre los ojos, sólo lo ven aquellos a quienes Él se aparece. La Resurrección es un don de Dios a Jesús, es el regalo de Jesús a la Iglesia, aunque la Iglesia tendrá que vivir en constante búsqueda y en constante caminar. Porque tampoco la Resurrección será algo evidente para la Iglesia. Será siempre una gratuidad de Dios para los que buscan.

Secuencia o Himno Pascual

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Ofrezcan los cristianos
ofrendas de alabanza
a gloria de la Víctima
propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado,
que a las ovejas salva
a Dios y a los culpables
unió en nueva alianza.

Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y, muerto el que es la Vida,
triunfante se levanta.

“¿Qué has visto de camino,
María, en la mañana?”
“A mi Señor glorioso,
la tumba abandonada,

los ángeles testigos,
sudarios y mortaja.
¡Resucitó de veras
mi amor y mi esperanza!

Vengan a Galilea,
allí el Señor aguarda;
allí verán los suyos
la gloria de la Pascua”.

Primicia de los muertos,
sabemos por tu gracia
que estás resucitado;
la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate
de la miseria humana
y a tus fieles parte
en tu victoria santa.

La Pascua es el día de la vida

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Lo es porque es el triunfo sobre la muerte. Es el sí a la vida y el no a la muerte. Vivir la Pascua es vivir también nuestro sí a la vida. Es salirnos todos de la muerte y hacernos testigos de la vida. Es creer en la vida.

Es por tanto nuestro día, porque todos, de una u otra manera, queremos vivir. Y queremos vivir sin miedo a la muerte. Unamuno, desde su ateísmo práctico gritaba: “No quiero morirme, no, no, no quiero ni puedo quererlo; quiero vivir siempre, siempre, siempre, y vivir yo, este pobre hombre que yo soy y me siento ser ahora y aquí”.

En el fondo es el grito de cada uno de nosotros que nos sentimos amenazados por la muerte desde que nacemos. Pero nosotros tenemos lo que carecía Unamuno: la fe. Y la fe nos dice que la Resurrección es la palabra de la vida sobre la muerte. La Resurrección es “el que estaba muerto vive”. Por tanto, celebrar la Pascua de Resurrección es celebrar el triunfo de la vida sobre la muerte. Jesús murió, pero en su muerte venció a la muerte. La Resurrección nos dice a cada uno de nosotros que también nuestra muerte es el triunfo de la vida sobre la muerte. Como nos dice Pablo en la segunda lectura: “Cuando aparezca Cristo, vida nuestra, entonces también vosotros pareceréis, juntamente con Él, en gloria”. Si todos hemos muerto con Cristo, también todos hemos resucitado con Cristo. En el fondo, todos nosotros somos unos resucitados. Alguien ha dicho que todos estamos amenazados de muerte, pero lo que no ha dicho es que también todos estamos amenazados de Resurrección.

Resucitó, ¿es un cuento?

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No faltan quienes pretenden afirmar que la Resurrección no es una realidad, sino una especie de sueño. No es la Resurrección la que despierta la fe, sino la fe religiosa la que crea la Resurrección. Un truco bien armado por los discípulos para justificar su fe en el que estaba muerto. Los relatos pascuales van por otro camino.

En primer lugar, el primer personaje no es Jesús vivo, sino los discípulos desorientados buscándole. Y buscándole nada menos que en el sepulcro. No tenían ni pizca de idea de que pudiera resucitar.

En segundo lugar, hasta se da la curiosa actitud de que les cuesta creer en Él resucitado. Tienen más resistencias contra la resurrección que razones a favor de la misma. Los discípulos, aunque parezca mentira, están más a favor de que está muerto que de que está vivo.

En tercer lugar, no son ellos quienes primero lo ven y luego creen. Muy por el contrario, es Él quién se les aparece primero y aún así “dudan”. Se diría que necesitan más argumentos para reconocerlo vivo que muerto. De ahí que Jesús constantemente esté dándoles razones para demostrar que es Él y que vive. Les muestra las manos, come con ellos…

El verdadero argumento de la Resurrección no es el sepulcro vacío, ni Jesús nunca lo utilizó. El verdadero argumento es Él mismo que se les presenta, les saluda, les muestra las manos, se sienta a la mesa y comparte con ellos. No. No es un cuento. Es el acontecimiento esencial de nuestra fe.

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