Hoja Parroquial

Domingo 15 – A | Siembra y cosecha

Domingo, 16 de julio del 2023

Jesús les hablaba en parábolas

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¿Por qué en parábolas? Por el simbolismo de las parábolas y por el respeto a los que le escuchaban.

Por el simbolismo. Porque las parábolas tienen un contenido interno y también un trasfondo que puede sugerir muchas cosas. Jesús no hablaba ideas que se imponían, Jesús se aprovechaba de las realidades humanas de todos conocidas para desde ellas dejar que cada uno fuese descubriendo el misterio del Reino.

Jesús no era un maestro filósofo que impartía sus conocimientos, con frecuencia, difíciles de entender para la gente.
Jesús no era un moralista que imponía cosas, sino un sembrador de semillas que luego crecerían en el corazón de sus oyentes.

Jesús no hablaba desde sí mismo, sino desde las realidades diarias que la gente vivía cada día. Algo así como si la misma creación, la misma realidad, fuese como una especie de sacramento en el que se manifestaba el misterio de Dios y el misterio del Reino. Es decir, hablaba el lenguaje de la gente y no el lenguaje de los especialistas, el lenguaje concreto de la vida y no el lenguaje abstracto de los conceptos e ideas. ¿Quién no entiende de semillas, de tierras áridas o fecundas? ¿Quién no entiende del crecimiento de las semillas?

Así a través de las imágenes del sembrador, de las semillas y de la tierra, les explicaba el misterio de su Palabra, el misterio del  Reino, el misterio de la gracia.

Respeto a los que le escuchaban. Tampoco imponía sus ideas, sencillamente les hacía entender el mensaje que quería comunicarles y les hacía sentir a cada uno las disposiciones internas de sus corazones. Cada uno sabría si su corazón era un camino duro por el que todos transitan, pero donde la Palabra no puede echar raíces. Cada uno era consciente de todos aquellos estorbos, preocupaciones, prejuicios o mal entendidos que llevaba en su corazón y que eran otras tantas resistencias a abrirse a la Buena Noticia del Evangelio. Cada uno podía ver la disponibilidad de su corazón y se apertura hacia Él.

Además, con la imagen de la semilla todos comprendían que había en ellos una oferta y una posibilidad, pero que el resto ya dependía de ellos y no de Él. Que Dios ofrece posibilidades, pero que es cada uno el responsable de hacerlas crecer y fructificar. Y que Dios prefiere que se pierdan semillas que nunca van a dar fruto, a que alguien pueda decir que él no ha tenido la oportunidad.

Dios es respetuoso con nuestra libertad. Nos ofrece, pero no impone. Nos ofrece posibilidades, pero respeta nuestra responsabilidad personal.

La promoción de los seglares

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El Documento de Aparecida hablando de las parroquias nos dice algo que no debiera quedar en letra muerta, sino que es algo para asumir responsablemente:

“Los mejores esfuerzos de las parroquias, en este inicio del tercer milenio, deben estar en la convocatoria y en la afirmación de laicos misioneros. Solamente a través de la multiplicación de ellos podremos llegar a responder a las exigencias misioneras del momento actual. También es importante recordar que el campo específico de la actividad evangelizadora laical es el complejo mundo del trabajo, la cultura, las ciencias y las artes, la política, los medios de comunicación y la economía, así como los ámbitos de la familia, la educación, la vida profesional, sobre todo en los contextos donde la Iglesia se hace presente solamente por ellos” (N.174).

¿Será el tercer milenio el milenio de los laicos? Hasta ahora hemos sido los sacerdotes y los seglares han sido orejas mas no lengua; han sido oyentes, pero no agentes. Lo cual implica una enorme deformación de la Iglesia, un empobrecimiento de la Iglesia. No se trata de sacar al seglar de donde está. Él está llamado a ser testigo del Evangelio allí donde está. Hay muchos lugares donde la única presencia de la Iglesia es responsabilidad de los seglares. Hay muchos lugares a donde no llega el Obispo, ni el Sacerdote, pero allí están ustedes los seglares como presencia y como voz de la Iglesia. Hay ambientes y espacios donde el único rostro de la Iglesia son los seglares, por ello las parroquias tendrán que hacer toda una campaña de mentalización y también de preparación de los seglares para esta misión bautismal en el mundo. Ojalá pudiésemos lograr que la Iglesia perdiese ese rostro sacerdotal y adquiriese un rostro laical.

Remedios contra el estrés

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El estrés es una enfermedad moderna y además una enfermedad muy chic… Pero también tiene sus propia medicinas: para el cansancio, para el estrés disponemos de saunas, de baños turcos, de viajes de placer.
¿Solucionamos algo? Hasta es posible que también ellos se conviertan en una manera distinta de estresarnos.
¿Sabías que el Evangelio habla también de los cansados, de los agobiados que también nos ofrece la manera de curarnos?

¿Sabías que un rato de silencio con Dios calma los nervios?
¿Sabías que un rato de oración silenciosa delante de Dios calma nuestras tensiones?
¿Sabías que un rato de callada escucha a la puerta del Sagrario serena nuestros espíritu?
¿Sabías que un rato de rodillas delante del Señor pone un clima de paz en el alma?

Veamos. Tú estás cansado y fatigado de tantas cosas que hasta los nervios te traicionan.
Oye, ¿por qué no te retiras un momento a la Iglesia y te pones a la escucha de Dios?
¿Por qué no haces un rato de meditación callada y silenciosa en tu corazón?
“Venid a mí los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”.
¿Qué no lo crees? Pero si nunca has hecho la prueba. Te han hablado de muchas soluciones y ves que todo sigue igual. ¿Por qué no haces la prueba?

Hagamos algo concreto. ¿No podrías comprometerte a entrar en la Iglesia antes de ir a casa y guardar un momento de silencio y de escucha de Dios en tu corazón? Haz la prueba. Si no te resulta, te prometo que no volveré a hacer esta recomendación.

Gracias

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Gracias, Señor, por hacerme tierra donde tú quieres ser sembrado.

Gracias, Señor, por hacerte grano sembrado en mi tierra.

Gracias, Señor, porque en mí Tú eres grano que crece y da fruto.

Gracias, Señor, porque en mi tierra Tú te haces espiga.

Gracias, Señor, porque Tú y yo seremos luego harina.

Gracias, Señor, porque con nuestra harina, otros podrán comer sabroso pan.

Gracias, Señor, porque la tierra de mi vida es tierra donde tú puedes crecer:

Al cien por cien.

Al sesenta por cien.

Al treinta por cien.

Gracias, Señor, porque en mi tierra, tus granos son más rentables que nuestro dinero en los Bancos. Gracias, Señor, por ser tú mi trigo y yo tu tierra.

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