Hoja Parroquial

Pascua 2 – C | Ver para creer

Domingo, 24 de abril del 2022

Con las puertas cerradas

miedo en la Iglesia

Demasiadas puertas y demasiadas cerradas.
Demasiadas puertas cerradas “por miedo”.
Señor, ¿no seremos también nosotros hoy la Iglesia de las “puertas cerradas”?
¿No seremos la Iglesia con miedo a abrir las puertas?
Preferimos quedarnos todos dentro.
Tenemos demasiado a miedo a lo de afuera.
Demasiado miedo a los de afuera.

Mejor nos encerramos. Mejor nos cuidamos a nosotros. Mejor jugamos a lo seguro. Tenemos miedo a los cambios que nos exigen los “signos de los tiempos”. Tenemos miedo a cambiar de posición. Miedo a lo nuevo de tu pascua.

¡Qué pena! ¡Ser la Iglesia del miedo! ¡Ser la Iglesia de las puertas cerradas! Dentro todo huele a miedo. Dentro todo huele a pasado. Dentro todo huele a gastado. Dentro todo huele a viejo. Es que donde todo está cerrado no hay luz por dentro. Donde todo está cerrado entra la humedad.  Miedo.

Eso no fue lo que tú nos enseñaste. Eso no fue lo que tú nos dejaste. “No tengáis miedo”.

“No tengáis miedo a los pueden matar el cuerpo, pero no vuestros ideales ni los ideales del Evangelio”. “No tengáis miedo a que piensen mal de vosotros”. “No tengáis miedo a los que hablen mal de vosotros”. “No tengáis miedo a quienes os condenen por mi nombre”.

Señor, tú podías entrar con las puertas cerradas, pero los hombres, no. Los hombres no pueden entrar en la Iglesia con las puertas cerradas. Los hombres no sienten ilusión por una iglesia que tiene miedo. Señor, ábrenos tú las puertas. Arranca tanta puerta cerrada y ábrenos a la valentía de la fe. Ábrenos a la valentía de aceptar lo nuevo. Ábrenos a las exigencias de tu Espíritu en nosotros.

Quítanos del corazón el miedo a salir de nuestro pasado y lanzarnos a la novedad de tu Reino. Quítanos del corazón el miedo a equivocarnos. Quítanos el miedo al fracaso. Que tu Pascua es el éxito de quien no tiene miedo a morir del todo en la cruz, creyendo en el triunfo de lo nuevo.

Tener miedo a abrir las puertas de par en par, en no tener fe en tu Resurrección. San Juan XXIII nos mandó abrir las puertas y las ventanas, nos mandó purificar la Iglesia por dentro, oxigenándola con el nuevo viento del Espíritu. El Concilio Vaticano II fue toda una bocanada de aire fresco en la Iglesia. ¿No estaremos de nuevo cerrando las puertas y ventanas que el Concilio abrió? ¿No estaremos respirando de nuevo aire contaminado? Tú soplaste sobre ellos regalándoles tu Espíritu. ¿No podías volver a soplar de nuevo hoy en nuestras comunidades?

La Iglesia Pascual no es la Iglesia de los sepulcros

Iglesia de Jesús

Mientras todos están mirando al sepulcro, Jesús los invita a mirar el jardín o mirar más lejos a las montañas de Galilea. En la Pascua hay dos preguntas que cuestionan a los discípulos: ¿Por qué lloráis? ¿Por qué tenéis miedo?

Además, les dice algo fundamental: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que está vivo? No está aquí, ha resucitado”. (Lc 24,5-6)

La Iglesia no puede ser la que llora el pasado. La que llora lo que ya ha cambiado y es diferente. Ellos quieren ver al de antes y Él está ya resucitado. Es el mismo, pero de otra manera. Jesús no quiere una Iglesia que llora el ayer, sino que descubre el hoy de Dios, lo nuevo de Dios. La Iglesia no está para llorar los cambios, sino para alegrarse y sentirse ella misma renovada.

La Iglesia no puede buscar entre lo que está muerto. La Iglesia está para anunciar la vida y buscar la vida. Lo muerto tenemos que dejarlo ir. Lo muerto ya no sirve. Lo importante es buscar lo que está vivo. No es la Iglesia de los cementerios, sino la Iglesia del jardín y de los caminos.

La Iglesia se alegra y anuncia lo nuevo. La Iglesia está llamada a ser el testigo festivo de la Pascua. Está llamada no a anunciar sepulcros, sino anunciar la vida nueva que brota de los sepulcros.

Por eso mismo, la Iglesia es el gran sacramento del Reino. El sacramento que anuncia la salvación. El sacramento que anuncia el “paso”, el “tránsito”. Lo nuevo impredecible. El nuevo rostro de Dios. El nuevo rostro del hombre. El nuevo rostro del mundo y la historia.

Dios no está en lo que ha muerto. Dios no está en los sepulcros. Es inútil buscarlo allí. Allí solo quedan vendas y sudarios y el vacío. Él está fuera, está respirando el aire fresco y aromatizado del jardín.

Los signos pascuales de hoy

signos de la Pascua

Primer signo:
Ser la Iglesia de los caminos y no de los sepulcros.

Segundo signo:
Ser la Iglesia que no tiene miedo a las transformaciones culturales de la historia, sino que se siente capaz de asimilar sus avances y a la vez es capaz de darles sentido.

Tercer signo:
Ser una Iglesia no que repite el pasado, sino que lo hace nuevo.

Cuarto signo:
Ser una Iglesia capaz de mirar con alegría el futuro.

Quinto signo:
Ser una Iglesia que apuesta por la misericordia más que por el poder.

Sexto signo:
Ser una Iglesia marcada por la alegría y la esperanza, por encima de todos los pesimismos.

Séptimo signo:
Ser una Iglesia marcada por la una fe inquebrantable en Dios y también en el hombre.

Octavo signo:
Ser una Iglesia marcada por la universalidad en contra de los partidismos humanos y espirituales.

Noveno signo:
Ser una Iglesia que sale a buscar al hombre sin esperar a que el hombre venga.

Décimo signo:
Ser una Iglesia capaz de anunciar siempre la vida, la gracia, la salvación.

Al atardecer de aquel día

Cristo está vivo

Las puertas están cerradas.
El miedo encoge los corazones.
Señor, si vienes toca a la puerta, está cerrada.
Señor, si vienes toca suave, que tenemos mucho miedo.
¿Y por qué tenéis miedo?

A mi no me gustan las puertas cerradas.
Yo quiero las puertas abiertas.
Yo mismo que soy la puerta por donde tendréis que pasar todos, soy puerta abierta.
Mi puerta no tiene llave.
Mi puerta no tiene cerrojos.
Que entre el que quiera.

No se le cierra a nadie.
No me gustan las puertas cerradas.
No me gustan las puertas que impiden el paso.
No me gustan las puertas que ponen límites a los que quieren entrar.
No me gustan las puertas que ponen condiciones de ingreso.

Me gustan las puertas abiertas.
Me gustan las puertas siempre abiertas.
No impidáis a los demás entrar.
Que tengáis suficiente calor dentro para que entren a calentarse todos.
Que tengáis suficiente vida dentro para que entren todos los que quieren vivir.
Que tengáis suficiente amor dentro para que entren todos los que buscar ser amados.

Yo fundé una Iglesia sin puertas porque toda ella es puerta.
Yo quise una Iglesia siempre abierta porque es la Iglesia de todos.
Yo pensé en una Iglesia siempre abierta en la que nadie encuentre la puerta cerrada al llegar.
Que entren todos.
Que entren los buenos.
Y también los malos.
De mi Iglesia no excluyo a nadie.
A todos quiero darles la oportunidad.

Ahora que sabéis que estoy vivo, que he resucitado, dejad las puertas abiertas, aunque sea de noche.
No todos querrán entrar de día.
Puede que algunos lleguen de noche.
Lo que importa es que todos amanezcan en mi casa.
Que nadie diga que no entró porque mi Iglesia estaba cerrada.
Que nadie siga fuera, porque encontró las puertas cerradas.
Abrid las puertas.
No pongáis portero.
Que todo quede abierto, de día y de noche.
Quiero una Iglesia sin puertas porque yo soy la puerta, todos pueden entrar.

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